Un "vergonzoso" episodio de pruebas distorsionadas

Los avistamientos de dos de los “nuevos testigos” recientemente anunciados por los McCann han sido investigados por la Policía Judiciaria (PJ), sospechosos identificados y eliminados...

La verdadera historia de Madeleine McCann

Cuatro vídeos realizados por Richplanet TV. Si quieres conocer la versión "no oficial" de esta historia... No puedes perdértelos

The Cracked Mirror

Más allá de la caja negra - Cuentos de policía - Día crucial - 4 de mayo, la actuación de su vida -Cuatro entradas con un amplio resumen del Caso Madeleine McCann desde su comienzo

Dos artículos de Chris Friend - Reportero de investigación americano

"Cuatro años después de la desaparición de una niña británica, hay más preguntas que respuestas"

Unos cuantos datos que vale la pena recordar

Excelente artículo publicado por Paulo Reis destancdo algunos detalles que vale la pena recordar sobre el Caso Madeleine McCann

Enfants Kidnappés

Blog ya desaparicido pero permanece la traducción. Un artículo que vale la pena recordar.

Artículo de obligada lectura

Reflexiones sobre temas de actualidad en Portugal por el periodista y escritor Len Port

Los McCann pierden la batalla judicial contra Gonçalo Amaral (2017)

Se enfrentan ahora al pago de las costas judiciales

domingo, 23 de diciembre de 2007

Caso Madeleine McCann: Nuevas líneas en la búsqueda de Madeleine


Sky News ha sabido que los detectives privados que lideran la búsqueda de Madeleine McCann están centrados en dos áreas principales - una de las cuales especula que pedófilos británicos estuvieron implicados en su secuestro.

Martin Brunt, corresponsal de delitos ha llevado a cabo este informe


 

sábado, 22 de diciembre de 2007

Caso Madeleine McCann - Método 3 admite no haber sabido jamás dónde está Madeleine

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SOS Madeleine

"Si supiéramos donde está, ¿usted piensa que esperaríamos hasta Navidad para encontrarla?".

La afirmación es de Marita Fernández, la madre de Francisco Marco, el director de Método 3, y también fundadora y administradora de la agencia de detectives privados que, hasta ayer, afirmaba a todo el que quería escuchar, saber donde esta Madeleine y que habría sido secuestrada.

Después de varios meses de una verdadera campaña de publicidad, la agencia de Barcelona, finalmente admite no haber sabido nunca donde esta la pequeña británica, mientras siguen cobrando sin estados de ánimo, los 70.000 € pagados cada mes por el Fondo “Find Madeleine.

Francisco Marco desde el comienzo de su contrato, había pretendido tener un índice de éxito del 100 % en los casos de niños desaparecidos, pero una fuente dentro de la agencia, confirmó que Método 3 nunca ha tratado de encontrar a un niño desde que la sociedad existe, "las personas desaparecidas no han sido nunca nuestro sector de actividad. La única persona que encontramos fue al espía Paesa y fue por pura casualidad, porque tratábamos un caso de fraude comercial y se dio el caso de que la responsable era la sobrina de Paesa.

Francisco Marco, director de la agencia, anunció a principios de este mes, que pretendía traer a Madeleine de vuelta a su familia a tiempo para Navidad.

El traslado de Método 3 a una nueva oficina de lujo en Barcelona, plantea interrogantes acerca de cómo han gastado los 430.000 € de su contrato de seis meses, las declaraciones choque de su director y la falta de resultados evidentes, son algunos de los motivos que llevan a los allegados de la pareja McCann a confirmar que la labor de los detectives españoles debería cesar en marzo, cuando termina el contrato con la pareja.

Publicado por Duarte Levy

Traducción de Mila

viernes, 14 de diciembre de 2007

Caso Madeleine McCann - Mis meses con Madeleine

The Guardian


Era un esperado descanso primaveral, una oportunidad de descansar en un acogedor resort para niños de Portugal. Pronto Bridget O’Donnell y su pareja hicieron amigos entre las demás familias mientras sus hijas de tres años jugaban juntas. Pero entonces Madeleine McCann desapareció y todo el mundo se vio inmerso en una pesadilla.



Bridget O'Donnell - Photograph: Graeme Robertson
Tumbados en la piscina solo para socios mirando al cielo. Vueltas y vueltas, los helicópteros sobrevolaban la zona. Sus cámaras nos enfocaban, burlándose del enclave amurallado. El agua de piscina formaba pequeños círculos. Era la mañana siguiente a la desaparición de Madeleine.

Seis días antes habíamos aterrizado en el aeropuerto de Faro. El autocar estaba repleto de personas como nosotros, padres cargando con múltiples trastos de los niños. Nos habíamos levantado todos al alba, corrido a través de autopistas y surcado el cielo en busca de la solución moderna a nuestra extenuación – el Kiddie club del Mark Warner. Viajé con mi pareja Jes, nuestra hija de tres años, y nuestro hijo de 9 meses. Praia da Luz era el resort de Mark Warner más cercano y esta era la semana más barata del año –un viaje de ganga, para un breve descanso.

Nos enseñaron nuestros apartamentos en medio de la excitación. El nuestro se encontraba en la cuarta planta, con vistas a la piscina familiar e infantil, en el lado opuesto al restaurante bar llamado Tapas. Me preocupé por la altura del balcón. ¿Deberíamos pedir uno en el bajo? ¿Era una madre paranoica? ¿Debería protestar, o simplemente disfrutar de las vistas?

Podíamos ver la playa y un gran cielo azul. Salimos para explorar. Nos sentimos cómodos al ir pasando los días. Había un cálido ambiente entre los padres, una felicidad compartida. Nuestros hijos se hicieron amigos en el kiddie club y al dejarlos, solíamos bromear sobre el hecho de que había 10 niñas rubias de tres años en el grupo. (Inciso: Algo muy difícil teniendo en cuenta que solo asistían a esa clase 6 niñ@s). Eran dadas a mangonear a los dos niños.

Los niños salieron a navegar y nadar, jugaron al tenis y aprendieron un baile para la actuación del fin de semana. Cada mañana, nuestra hija corría delante de nosotros para llegar al kiddie club. Se lo estaba pasando en grande. Jes se apuntó a clases de tenis. Yo leía un libro. Él hizo amigos. Yo leí otro libro.

Las cuidadoras del Mark Warner llevaban a los niños al Tapas para el té al finalizar cada día. Era una reunión amistosa. Los padres se quedaban junto a la piscina charlando. Hablábamos de los niños, sobre lo que hacíamos en casa. Teníamos esperanza de que el tiempo cambiase. Vigilábamos a nuestros hijos mientras jugaban. No vimos a nadie vigilando.

Algunos de los padres forman un grupo más grande. La mayor parte de ellos trabajaban para la seguridad social y se habían conocido muchos años antes en Leicestershire. Ahora vivían en diferentes lugares del Reino Unido, y estas vacaciones fueron su oportunidad de ponerse al día, de presentar a sus respectivos hijos, de reunirse. Reservaron una gran mesa cada noche en el Tapas. Los llamábamos “los médicos”. Algunas veces nos sentábamos en nuestro balcón y sus risas flotaban hasta nosotros. Uno de los hombres era el bromista. Tenía un marcado acento de Glasgow. Era Gerry McCann. Jugaba al tenis con Jes.

Una mañana, vi a Gerry y su mujer Kate en su balcón, charlando con sus amigos que estaban en el camino. Yo estaba contenta porque no teníamos su apartamento. Estaba en una esquina de la calle y la gente podía ver hacia el interior. Estaban expuestos. Por las noches, el cuidado de los niños era un dilema.” Había disponible cuidadores “presenciales” pero eran caras y muy solicitadas, la publicidad de Mark Warner aconsejaba reservarlas con mucha antelación. La otra opción era el servicio de cuidadoras del kiddie club, que se encontraba a un paseo de 10 minutos del apartamento. Los niños verían los dibujos animados juntos y después los metían en la cama. Después podías despertarlos, llevarlos de vuelta y meterlos otra vez en la cama una vez llegado al apartamento. Después de llevar a nuestros hijos a cenar un par de veces, el miércoles decidimos utilizar esta facilidad del club.

Habíamos reservado una mesa para dos en el Tapas y nos sentaron en la mesa contigua a la de los médicos. Uno a uno, comenzaron a llegar. Los hombres llegaron primero. Gerry McCann empezó a charlar con Jes sobre tenis. Gerry era sociable, un hombre prudente, pero considerado y cariñoso, nos invitó a unirnos a ellos. Hablamos sobre los niños. Nos dijo que ellos dejaban a los suyos durmiendo en los apartamentos. Mientras charlaban, yo cavilaba sobre los pros y los contras de hacer esto. Yo los admiraba, en parte, por no ser unos padres paranoicos, pero decidí que nuestro apartamento estaba demasiado lejos para ni siquiera contemplar esta posibilidad. Nuestro bebé era demasiado pequeño y yo estaría preocupada por si se despertaban.

Cuando llegó la cena me sonó el teléfono, nuestro bebé se había despertado. Hice el camino para recogerlo del kiddie club, después volví al restaurante. Seguía llorando por lo que dejamos nuestra cena a medio acabar y volvimos al club para recoger a nuestra hija que todavía dormía. Jes la llevó en brazos envuelta en una manta hasta casa. La noche siguiente nos quedamos. Era jueves, 3 de mayo.

Ese mismo día los niños habían tenido una clase de tenis, con algunos de los padres mirando orgullosos a sus niñas correr a través de la pista golpeando pelotas de tenis. Tomaron fotos. Madeleine debía estar allí, pero no podía distinguirla de entre las demás. Todas se parecían mucho –todas rubias, todas rosas y preciosas.

Jes y Gerry estaban jugando en la cancha contigua. Después, nos sentamos junto a la piscina y Gerry y Kate hablaban con entusiasmo al entrenador de tenis sobre el torneo del día siguiente. Los mirábamos ociosamente –tenían mucho tiempo la gente, escuchaban. Entonces Gerry empezó a mostrarle a Kate su nuevo “revés”. Ella lo miraba y sonreía. “Tu no te interesarías si yo te hablase sobre mis lecciones de tenis de ese modo”, me dio Jes. Los miramos un rato más. Kate estaba tranquila, quieta, preciosa; Gerry estaba seguro de si mismo, orgulloso, tonto, fuerte. Ella miraba su demostración de chiquillo con gran seriedad y paciencia. Esa fue la última vez que los vi aquel día. Jes vio a Gerry aquella noche.

Nuestro hijo no se dormía y sobre las 8h30 PM, Jes lo llevó a dar un paseo en su cochecito para tranquilizarlo. Gerry regresaba de hacer uno de sus controles y los dos hombres se pararon para charlar. Hablaron sobre hijas, padres, familias. Gerry estaba relajado y amigable. Comentaron el dilema de las cuidadoras en el resort y Gerry dijo que él y Kate se hubieran quedado en el apartamento también, si no estuvieran de vacaciones con un grupo. Jes regresó a nuestro apartamento justo antes de las 9h30 PM. Cenamos, bebimos vino, vimos un DVD y después nos acostamos. En la planta baja, un hecho completamente catastrófico estaba teniendo lugar. En el cuarto piso del bloque contiguo, éramos completamente ajenos.

A la 1 AM. Llamaron frenéticamente a nuestra puerta. Jes se levantó para abrir. Yo me quedé escuchando en la oscuridad. Sabía que era algo malo; solo podía ser algo malo. Oí a un hombre murmurando, después la voz de Jes. “¿Estás de broma?” dijo. No fueron sus palabras, sino el tono lo que me hizo estremecer. Regresó a la habitación. “La hija de Gerry ha sido secuestrada,” dijo. “Ella… “salté de la cama y fui a ver a nuestros hijos. Estaban allí. Nos sentamos. Jes había preguntado si necesitaban ayuda en la búsqueda y le dijeron que no se podía hacer nada; llevaba desaparecida tres horas. Jes sintió que debía ir a cualquier parte, pero yo quería que se quedara con nosotros. Yo era una cobarde, me daba miedo quedarme sola con los niños – y miedo de quedarme a solas con mis pensamientos.

Una vez trabajé como productora en la unidad del crimen de la BBC. Dirigí muchas reconstrucciones y pasé mi segundo embarazo produciendo nuevas investigaciones para Crimewatch. Los detectives me llamaban diariamente, detallando sus casos, y algunas de esas historias permanecen conmigo, al igual que esa de una niña siendo secuestrada de su baño, de su bici, o de su jardín y después retenidas en el asiento del pasajero, o metidas en el maletero de un coche. Siempre había un vehículo, y las primeras horas eran cruciales para el desenlace. Después, eran tiradas desnudas a un camino, o en una gasolinera con una nota de 10 libras para “coger un taxi de regreso con mamá”. Serían encontradas en una hora o dos. Algunas veces.

Desde el balcón podíamos ver algunas personas escrutando la inmensa oscuridad con pequeñas linternas. Los coches de policía llegaban y pensamos que tomarían el control. Nos acostamos sobre la cama pero no pudimos dormir.

A la mañana siguiente, nos hicimos camino para desayunar y nos encontramos con uno de los médicos, el que había venido la noche anterior. Su hija nos miraba desde su sillita. No había noticias. Dijeron que habían llamado a Sky televisión – no sabían qué otra cosa hacer. Se marchó y pude ver que estaba a punto de llorar.

Había gente llorando en el restaurante. Mark Warner había entregado cartas informándoles acerca de lo que había sucedido la noche anterior, y todos pensábamos qué hacer.

Nuestra hija nos preguntó sobre el kiddie club aquel día. Había estado esperando su actuación de aquella tarde. Jes y yo nos miramos. Mi primer instinto fue que no debíamos separarnos de nuestros hijos. Por supuesto no debíamos, debíamos abrazarlos y no perderlos de vista, nunca más. Pero entonces pensamos: ¿cómo vamos a explicarle esto a nuestra hija? O ¿cómo, si pasábamos el día en el complejo, evitaríamos estar comentando repetidamente lo que ocurrió delante de ella al ir encontrándonos con la gente por las calles? ¿Qué es lo que haría un buen padre? ¿Mantener a los niños cerca o respirar hondo y dejarlos un poco, hacer como si fuera igual que cualquier otro día?

Caminamos hacia el kiddie club. No había nadie más allí. Nos sentimos horribles, unos padres terribles simplemente por considerar la idea. Entonces vimos, esperando en el interior, a algunas de las cuidadoras del Mark Warner. Habían estado despiertas casi toda la noche pero aun así acudieron a trabajar ese día. Eran mujeres jóvenes inteligentes, atentas, nos gustaban y confiábamos en ellas. La actuación fue cancelada, pero ellas querían ofrecerles a los niños un día normal. Nuestra hija corrió adentro y empezó a pintar. Entonces, detrás de nosotros, llegó otra pareja con aspecto igualmente destrozado. Después otra, y otra. Decidimos, al final, dejarlos un par de horas. Pusimos “sus” mochilas en las perchas y vimos la etiquetada con el nombre de “Madeleine”. Cabizbajos, nos marchamos, bajo el culpabilizado brillo del sol de la mañana.

Locales y turistas habían comenzado a pasar fotocopias de una fotografía de Madeleine, mientras otros continuaban buscando en las playas y apartamentos del pueblo. La gente hablaba sobre lo que había ocurrido o se sentaba en silencio, con la mirada perdida. No vimos a ningún policía.

Más tarde, alguien llamó a la puerta de nuestro apartamento y dejamos pasar a dos hombres. Uno era un policía portugués uniformado, el otro era su intérprete. El intérprete era bizco y sudaba ligeramente. Estaba sin aliento, quizás un poco excitado. Más tarde supimos que era Robert Murat. Me recordó a un niño de mi clase en el colegio que fue maltratado.

A través de Murat contestamos unas cuantas preguntas y dimos nuestros datos, que el policía anotó en la parte posterior de un trozo de papel. No en un cuaderno.  Entonces nos señaló a la fotocopia de la fotografía de Madeleine que había sobre la mesa. “¿Es esta vuestra hija?” preguntó. “Er, no, le dijimos.” Es la niña que se supone que estáis buscando.” Mi corazón se hundió por los McCann.

Al ir pasando el día, fueron llegando más medios y más policía, vimos desde el balcón como los reporteros hacían pruebas con sus cámaras en la puerta del apartamento de los McCann. Cuando volvimos dentro las vimos en las noticias.

Tuvimos que pasar bajo la cinta policial con la sillita para comprar leche. Pasamos por delante de los perros pisteros, la policía local, después la policía nacional, locales y periodistas, y después de los periodistas internacionales, reporteros de TV y caravanas con antenas satélite. Cien pares de ojos y una docena de cámaras, se giraron silenciosas mientras doblábamos la esquina. Hicimos, por el bien de los niños, como si nada inusual estuviera ocurriendo. Más tarde, nuestra hija se vio a si misma con su padre en la TV. Aquella noche nos sentamos en la piscina solo para socios, observando los helicópteros que nos vigilaban. No sabíamos qué otra cosa hacer.

Llegó el sábado, nuestro último día. Mientras esperábamos por el autobús que nos llevaría al aeropuerto, nos juntamos alrededor de la piscina infantil junto al Tapas, hablando poco delante de los niños. Vigilaba a mi bebé y a mi hija de cerca, vergonzosamente agradecida de que yo podía hacerlo.

No habíamos visto a los McCann desde el jueves, cuando de repente aparecieron en la piscina. El limbo surrealista de los dos días pasados desapareció repentinamente para devolvernos a una realidad dolorosa y horrible. Fue un shock: la transformación física de estos dos seres humanos era enfermizo – lo sentí como un golpe físico. La espalda de Kate y sus hombros, sus manos, su boca, se habían convertido en una manifestación angular de un silencioso grito. Pensé que iba a llorar así que me di la vuelta para que ella no me viera. Gerry estaba de pie, sus labios se habían convertido en una fina línea impenetrable. Algunas personas, incluyendo Jes, intentaron reconfortarles. Algunos les dieron abrazos. Algunos les hablaban eludiendo la mirada. Todos nos preguntábamos qué hacer. Esa fue la última vez que vi a Gerry y Kate.

Los demás nos fuimos de PDL juntos, un grupo Mark Warner desolado. El autobús, el aeropuerto, el avión pasaron en silencio. No había otros pasajeros excepto nosotros. Llegamos a Gatwick durante las primeras horas de una mañana de principios de mayo. Sin chistes, sin bromas, solo adiós. Aunque en ese momento no lo sabíamos, esos días de mayo iban a dominar el resto de nuestro año.

“¿Tuvieron un buen viaje?” preguntó el taxista en Gatwick, remarcando instantáneamente el dilema de conversación que ocuparía las primeras semanas. ¿Decimos “Sí, gracias” y cambiamos de tema? ¿O divulgar el “si, pero no” de nuestra verdadera experiencia “Maddy”? Todo el mundo habla sobre las vacaciones, son un buen tema de conversación en el trabajo, en la peluquería, en el patio de recreo.

Todo el mundo nos preguntó sobre las nuestras. Yo me paraba y cogía aliento, mientras decidía si había suficiente tiempo para lo que iba a seguir. La gente estaba realmente horrorizada por lo que le había ocurrido a Madeleine e incluso por lo que nosotros habíamos pasado (aunque nosotros nos considerábamos afortunados). Su humanidad era reconfortante para nosotros; necesitábamos hablar sobre ello, mascarlo y compartirlo, para hacerlo más fácil de tragar.

Poco después de nuestro regreso vino la policía británica. Jes estaba contento de darles una declaración. La policía portuguesa nunca les había preguntado.

Al transcurrir los meses estivales, pensamos que la historia se iría disipando lenta y tristemente, pero en vez de eso floreció y se multiplicó, y se hizo casi imposible hablar de ninguna otra cosa. Nuestros amigos venían a cenar y nosotros intentábamos desviar la conversación a un tema diferente, aunque siempre volvía sobre Madeleine. Otros nos enviaron mensajes de texto para saber lo que opinábamos, después de cualquier movimiento en el caso. Los conocidos hablaban sobre nosotros en el contexto de Madeleine, llamándonos en medio de la conversación para aclarar datos.

Encontré algo de inmunidad en una extraña, culpable felicidad. Habíamos vuelto intactos a nuestra rutinaria vida familiar, mi vida era maravillosa, mi mundo era seguro, yo tenía suerte, estaba bendecida. Los colores del parque eran vivos e hyper reales y el sol me calentaba la cara.

A finales de junio, apareció la primera nube. Un periodista portugués llamó al móvil de Jes (había dejado su número a la policía portuguesa). El periodista, que estaba escribiendo para una revista llamada Sol, llamó a Jes incesantemente. Ambos trabajamos en la televisión y no podemos decir que estamos verdes sobre los medios, pero esto era una experiencia nueva. Jes supo esto por el camino difícil. Entre la educación e intentar deshacerse del periodista sin decir nada, colgó el teléfono, pero ya había dicho demasiado. Su artículo (de ella) hacía referencia a lo que había dicho “Jeremy Wilkins, productor televisivo” contra los “Tapas Nueve”, el grupo de amigos, incluyendo los McCann, a los que habíamos apodado los médicos. El artículo fue publicado a finales de junio.

A lo largo del mes de julio, el testimonio de Sol significó que Jes fue incorporado a las cronologías de Madeleine. Empezaron a llegar más nubes – esta vez sobre nuestra casa.

En agosto sonó el timbre de la puerta. El hombre era del Daily Mail. Preguntó si Jes estaba en casa (no estaba). Después de que se marchara pasé una tarde ansiosa analizando lo que había dicho, sopesando las posibles consecuencias. El artículo de Sol había traído al Daily Mail; ¿Qué pasaría después? Dos días más tarde, el Mail volvió a por Jes. Esta vez venían provistos de imágenes de un hombre calvo, corpulento visto fisgando en algunos lugares de PDL. Lo que se estaba diciendo es que ese hombre era el secuestrador de Madeleine. Se estaba hablando en la Web, el reportero insinuó, que ese hombre podría ser Jes. Me reí de lo ridículo que era todo esto y entonces me di cuenta que hablaba en serio. Miré las fotos, y no era Jes. Una vez, el padre de Jes lo buscó en Internet y encontró que “Jeremy Wilkins, productor televisivo” tenía más de 70.000 entradas en Google. Se hablaba de que era un “vigía” de Gerry y Kate; se decía que Jes estaba orquestando un hoax para la TV y que la desaparición de Madeleine era una parte de la estafa; se decía que los Tapas Nueves eran swingers (Inciso: personas que intercambian parejas). Se hablaba mucho.

A principios de septiembre, Kate y Gerry se convirtieron en sospechosos oficiales. El cálido apoyo que habían tenido se convirtió en frío. ¿Nos habían estafado cruelmente? El público necesitaba saberlo, y ¿quién había visto a Gerry sobre las 9 PM aquella aciaga noche?

Esta noche con Trevor McDonald, GMTV, the Sun, the News of the World, the Sunday Mirror, the Daily Express, the Evening Standard and the Independent on Sunday, empezaron a llamar. La oficina de Jes dejó de pasar llamadas de personas que pedían hablar con “Jeremy” (solo su abuela lo llama así). Algunos e-mails le decían que “estaría mejor” si hablaba con ellos o que lo “lamentaría” si no lo hacía, insinuando que le interesaba defenderse – no dijeron de que.

En silencio, nos empezamos a preocupar de que Jes podría ser el siguiente de la lista de alguna culpa o acusación imaginaria. Un sábado noche de septiembre, recibió una llamada: estábamos en la portada del News of the World. Nos habían hechos fotografías subversivamente en la puerta de nuestra casa. No había ningún otro dato. Nos fuimos a la cama, pero no pudimos dormir. “Maddie: el testigo secreto,” decía el titular, “directivo de la TV tiene una pista vital al misterio.” Desafortunadamente, Jes no guarda ninguna pista vital. En noviembre, recordó los eventos de aquella noche de mayo con los detectives de Leicestershire, pero no encontró nada sospechoso, nada que pudiera ayudar en la investigación.

A lo largo de este tiempo, siempre he creído que Gerry y Kate McCann eran inocentes. Cuando los nombraron sospechosos, cuando fueron abucheados, cuando una mujer me dijo que ella estaba “contenta” de que “lo hubieran hecho” porque eso significaba que su hijo estaba seguro, empecé a escribir este artículo – porque yo estaba allí, y creo que esa mujer está equivocada. No había “swingers” movidos por las drogas durante nuestras vacaciones, en lugar de eso, había un grupo de padres normales vestidos de Berghaus y preocupados sobre patrones de sueño. Seguros en nuestra banalidad, ninguno de nosotros imaginamos que estábamos siendo vigilados. Un grupo tomó una decisión desastrosa; Madeleine era vulnerable y la eligieron. Pero ante tal imprudencia desesperada, podíamos haber sido cualquiera de nosotros.

Cuando acaricio el pelo de mi hija, o siento sus labios de mariposa en mi mejilla, lo hago sabiendo lo que pudo haber sido. Pero nuestra experiencia no es nada, es irrelevante, comparado con el inimaginable dolor de los McCann. Sus vidas siempre se verán marcadas por esta oscuridad, mientras que el verdadero culpable puede no ver nunca la luz.

Así que mi corazón está con ellos, Gerry y Kate, la pareja que recordamos de nuestras vacaciones portuguesas. Tenía una hija preciosa, Madeleine, que jugaba y bailaba con la nuestra en el kiddie club. Esas son las personas que recordamos.

© Bridget O'Donnell 2007

Bridget O’Donnell es escritora y directora. Las ganancias de este artículo serán donadas al fondo Find Madeleine.

© Traducción de Mercedes

martes, 11 de diciembre de 2007

Caso Madeleine McCann – “Tapas 9” mantienen reunión McCann secreta


By Rod Chaytor and Victoria Ward

11 diciembre 2007

Según fue revelado ayer, Kate y Gerry McCann han mantenido una reunión secreta con el resto de los “Tapas Nueve” en medio de informes que indican que la policía portuguesa se desplazará a Inglaterra para reentrevistarlos.

Los amigos se reunieron el mes pasado por primera vez desde que Madeleine, la hija de cuatro años de los McCann desapareciera en Portugal hace siete meses.

Todos cenaban con la pareja en el Tapas bar cerca del apartamento turístico en Praia da Luz, Portugal, donde Madeleine dormía con su hermano y hermana, los gemelos de dos años Sean y Amelie.

La policía portuguesa estaba furiosa por el encuentro. Una fuente cercana a la investigación afirmó que era “altamente sospechoso” que se hubieran reunido para “hablar de tácticas”.

jueves, 6 de diciembre de 2007

Caso Madeleine McCann: Un libro denuncia presiones de Londres en el caso Madeleine

Terra Actualidad - EFE

6-DIC-2007.- El libro 'La culpa de los McCann', del periodista portugués Manuel Catarino, que salió hoy a la venta, asegura que la investigación de la Policía lusa sobre el caso Madeleine estuvo coartada y limitada por las presiones del Gobierno británico.

En la obra, Catarino, jefe de redacción del 'Correio da Manha', un diario en el que abunda la información de sucesos, afirma que, antes de que las autoridades lusas fueran informadas de la desaparición de la niña, el entonces futuro primer ministro británico, Gordon Brown, ya lo sabía por un amigo común de Gerry McCann, el padre de Madeleine.

El autor señala que, en la noche de la desaparición de la pequeña, el 3 de mayo, el director de la Policía Judicial (PJ) lusa, Alipio Ribeiro, fue informado del supuesto rapto de la menor no por sus subordinados, sino por el embajador británico en Portugal, John Buck.

'Esta historia no comenzó en el Ocean Club (el recinto vacacional del sur de Portugal donde estaban alojados los McCann), sino en Londres, donde se conspiró y se estableció la verdad oficial: la niña fue raptada en el Algarve', dijo el autor en la presentación del libro en Lisboa.

En el mismo sentido, un reputado criminalista portugués, José Manuel Anes, que es entrevistado en el texto, afirma que la 'investigación estuvo bajo una presión terrible' y hubo influencias políticas procedentes de Londres.

Catarino explica que el primero en dudar de la versión del rapto fue el antiguo coordinador policial de las investigaciones, Goncalo Amaral, quien desde el principio sospechó de Kate McCann, de la que llegó a afirmar: 'Todavía no tengo la certeza (de su culpabilidad), pero no me gustaría que fuese mi madre'.

El autor, que no se pronuncia sobre lo que pudo suceder con Madeleine, relata cómo a principios de agosto pasado perros especialmente entrenados para detectar olor a cadáver y restos orgánicos descubrieron vestigios de sangre en el apartamento y el vehículo de los McCann.

Uno de los canes encontró, además, un 'comprometedor olor a cadáver' en unos pantalones y una camisa de Kate y en el peluche con el que Madeleine siempre jugaba y del que su madre no se separó tras la desaparición de la niña.

En la entrevista a Anes que recoge el libro, el criminalista lamenta que esos restos fuesen encontrados tres meses después de la desaparición de la niña y que el local no fuese sellado para garantizar que las pistas se mantuvieran en el mejor estado posible.

'Si en las primeras horas no fueron tomadas las precauciones debidas para preservar la escena del crimen, todo el trabajo no sirve de nada', afirma Anes, que considera esta circunstancia el 'gran problema' de la investigación.

El criminalista duda de que los resultados de los análisis pudieran ser utilizados en un juicio porque 'las pruebas no quedaron completamente anuladas, pero sí bastante desvalorizadas', y cualquier abogado con experiencia puede 'demoler' una teoría incriminatoria basada en esos restos.

El libro asegura que la PJ optó por interrogar primero, el 6 de septiembre, a Kate al considerar que era el eslabón más débil del matrimonio McCann y se podía desmoronar y confesar el crimen, lo que no sucedió, pese a que ella llegó a manifestar su temor de ir directamente de la comisaría a la cárcel.

El autor explica que los trabajadores del restaurante en el que los McCann y sus siete amigos cenaban cada noche durante sus vacaciones en Portugal, incluida aquélla en la que desapareció Madeleine, aseguraron que éstos bebían entre 10 y 12 botellas de vino, a las que precedían cervezas y cócteles durante los aperitivos.

La pareja británica, que lanzó una campaña mediática mundial y recibió millones de euros en donaciones para buscar a su hija, ha rechazado las sospechas de la Policía portuguesa sobre su hipotética participación en la muerte accidental y la ocultación del cadáver de su hija.

Los McCann volvieron en septiembre al Reino Unido nada más ser declarados sospechosos por la Policía e insisten en que su hija, de cuatro años, fue raptada, mientras en Portugal la Fiscalía no ha decidido aún si acusarles formalmente o no.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Caso Madeleine McCann - La búsqueda se centra ahora en un granero abandonado

Express.co.uk

2 de diciembre 2007




Express.co.uk

Por Matt Drake en Praia da Luz
Y James Murray

2 de diciembre de 2007

Un amigo cercano de Kate y Gerry McCann que estaba de vacaciones con ellos cuando Madeleine desapareció será interrogado esta semana por la policía portuguesa con motivo de una “misteriosa” llamada de teléfono.

El Dr. Russell O’Brien, de 36 años, está siendo investigado después de que un equipo de oficiales de vigilancia telefónica destacó una llamada de móvil realizada al padre de la niña desaparecida poco más de un mes después de su desaparición.

Los detectives portugueses creen ahora la llamada entre Gerry McCann, de 39 años, y el Dr. O’Brien es el eslabón perdido en la desaparición de Madeleine y podría ayudar a encontrar su cuerpo.

Los investigadores están centrados en el paradero exacto del Dr. O’Brien cuando fue realizada la llamada el 10 de junio.

Anoche no estaba claro qué fue lo que se dijo exactamente durante la llamada, pero se cree que algunas palabras en clave levantaron las sospechas de la policía.

El descubrimiento es un gran mazazo para los McCann quienes habían sido inducidos a creer que serían exonerados de cualquier participación en la presunta muerte de su hija por Navidad.

Un equipo de detectives volará a Reino Unido después de conseguir un permiso oficial para re-interrogar a algunos miembros del grupo, incluido el Dr. O’Brien. Ha recibido consejo legal de un abogado recomendado por el equipo legal de los McCann.

El Sunday Express ha sabido que el Sr. McCann dijo a la policía que la llamada, realizada 38 días después de la desaparición de Madeleine, fue realizada en un radio de 4Km. al resort de Mark Warner en Praia da Luz donde el grupo estaba alojado pero los técnicos que estudian las llamadas de los móviles han descartado su afirmación después de examinar los registros.

También se ha sabido que cada miembro de los “Tapas Nueve” fue puesto bajo vigilancia después de la llegada al Algarve de los expertos en comunicaciones británicos a finales de mayo.

Un amigo cercano del grupo contó cómo solo semanas después de la desaparición de Madeleine, sus padres y sus amigos estaban seriamente preocupados de que estuvieran siendo estrechamente vigilados por la policía portuguesa.

Dijo: “Aunque nunca pensaron oficialmente que estuvieran bajo vigilancia – Kate y Gerry siempre eran cautelosos cuando realizaban llamadas porque sabían que era posible que alguien pudiera estar escuchándoles.

“Estaban preocupados de que sus teléfonos pudieran haber sido intervenidos o que el tráfico electrónico entre ellos y sus amigos estuviera siendo grabado.”

Kate y Gerry, ambos de 39 años, fueron constituidos arguidos, sospechosos formales, de la desaparición de su hija el 9 de septiembre.

No han sido acusados pero la policía ha dejado saber que tienen pruebas que indican que Madeleine murió accidentalmente en el apartamento 5A y que su cuerpo fue escondido durante semanas antes de ser movido en el maletero de un Renault Scenic que alquiló la familia 25 días después.

Los expertos británicos intentaron localizar los movimientos del secuestrador de Madeleine siguiendo el rastro dejado por las señales de los teléfonos móviles. La técnica ayudó a condenar a Ian Huntley por los asesinatos de Holly Wells y Jessica Chapman en Soham, Cambridgeshire, en 2002.

Se crean rastros a través de transmisiones silencios enviadas por los teléfonos móviles incluso cuando no están en uso. Estos rastros crean un registro cronológico de los movimientos del aparato que puede reducir su localización a un área tan pequeña de unos pocos metros cuadrados.

Los analistas de la policía que examinaron los registros de los teléfonos móviles pertenecientes a los McCann y su grupo de amigos enviaron sus hallazgos a la fiscalía portuguesa la semana pasada.

Los detectives utilizaron la información detallada para “probar” las declaraciones de los huéspedes y personas del Ocean Club.

La pasada semana, los oficiales portugueses llegaron a Reino Unido para hablar con la policía de Leicestershire y expertos forenses británicos sobre las repercusiones de los resultados de ADN de los análisis realizados en el FSS de Brimingham.

Amigos de los McCann pensaron que el encuentro indicaba que los padres de Madeleine serían liberados como sospechosos después de que las pruebas de ADN contra ellos parecían haberse derrumbado, pero anoche estaba claro que todavía hay dudas sobre las contradicciones existentes en las declaraciones que dio el grupo a la policía. Tanto Kate como Gerry McCann niegan cualquier participación en la desaparición de Madeleine pero la policía aun mantiene que el caso contra ellos no se basa en los resultados de ADN.

El Dr. O’Brien también podría ser constituido arguido. Anoche un amigo dijo: “Si se enfrenta a una situación en la que el estatus de arguido se convierte en un hecho, esto le permite ciertos derechos, como el derecho de tener presente un abogado y el derecho de permanecer en silencio.”

AHORA LA BÚSQUEDA SE CENTRA EN UN GRANERO ABANDONADO

Por Matt Drake

La búsqueda de Madeleine McCann se centraba anoche en un granero abandonado cercano a Praia da Luz donde la policía encontró un toalla manchada con lo que podría acabar siendo la sangre de la pequeña niña.

Fibras encontradas en la toalla presuntamente coinciden con el coche alquilado por los padres de Maddie, Kate y Gerry McCann.

Los detectives portugueses discutieron el avance cuando se reunieron la semana pasada con la policía británica y el funcionario del Ministerio Público de la Corona en la comisaría de Leicester.

Hoy, por primera vez el Sunday Express puede arrojar luz sobre la nueva dirección que está siguiendo la policía con la esperanza de un gran avance en el desconcertante caso.

Basándose en la nueva información de la vigilancia de los teléfonos móviles la policía inició una búsqueda en un área situada al sureste del resort. Se encontraron con una toalla, con un dibujo azteca, cerca de un granero abandonado en un zona remota cercana a Praia da Luz.

Fuentes policiales dicen que los forenses utilizaron una sustancia llamada Luminol en busca de restos de sangre y encontraron tres puntos en los bordes de la toalla. Han analizado los restos de sangre para comprobar si había correspondencia con el ADN de Madeleine.

Aunque las muestras no eran de buena calidad los científicos fueron capaces de hacer lo que se llama un análisis “low copy”, que demostró que había una correspondencia “moderada” que sugería que la sangre depositada correspondía la sangre de Madeleine.

Los resultados no fueron concluyentes y no se consideran suficientemente fuertes como para ser presentados como prueba en un tribunal.

También encontraron una rebanada de pan y una bolsa de viaje, que no ofrecieron información significativa, pero un profundo análisis de la toalla reveló fibras que no pertenecían a la toalla. Los fragmentos de fibra fueron comparados microscópicamente con fibras encontradas en el maletero del Renault Scenic alquilado por los McCann 25 días después de la desaparición de Maddie.

Fuentes de la policía portuguesa dijeron que existía una “fuerte confirmación” de que las fibras encontradas en la toalla correspondían con las fibras del maletero del coche.

Una de las posibilidades que estaba siendo considerada por los detectives portugueses es que la toalla había estado en el maletero del Renault Scenic en algún momento, lo que podría explicar cómo llegaron las fibras a ella.

© Traducción de Mercedes