martes, 12 de febrero de 2008

Caso Leonor Cipriano - Un caso que no tiene nada en común con el caso Maddie

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Traducción de Mila
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El caso de Joana vuelve a los tribunales

12 de febrero de 2008 a las 4:04 pm

António Pragal Colaço, el abogado de los inspectores de la Policía Judicial de Lisboa acusados por el Ministerio Público de haber agredido a Leonor Cipriano, dijo ayer a los periodistas que sus clientes serán juzgados "por una cuestión política".

Los Inspectores Leonel Marques, Pereira Cristóvão y Paulo Bom son acusados de tortura. El cuarto, Antonio Cardoso, está acusado de falsificación de documentos, porque supuestamente mintió en el informe de lo que habría sucedido a la madre de Joana.

Gonçalo Amaral, el único inspector que pertenece a la sede regional del Algarve, nunca ha sido acusado por la madre de Joana de agresión, como lo han pretendido varios medios de comunicación británicos tratando de hacer un acercamiento entre el caso Cipriano y el de Madeleine McCann. El inspector, que todavía está a la espera de saber si va a ser juzgado o no, fue citado por no haber denunciado la presunta agresión, pero su abogado sr Antonio Cabrita, considera que, a pesar del hecho de que Gonçalo Amaral, fue el coordinador de la investigación, no tenía "la obligación de saberlo todo", subrayando que en ese caso, también habría que juzgar al director nacional adjunto y al director nacional de la Policía Judicial.

Después de la sesión preliminar de ayer del Tribunal de Faro, la juez Lucia Cruz tiene 10 días para decidir cuáles serán los inspectores que serán juzgados y por qué cargos.

Si Leonor Cipriano, condenada a 16 años de prisión por el asesinato de su hija, pretende haber sido agredida y torturada por tres inspectores de Lisboa, la Policía Judicial siempre ha afirmado que la madre de Joana quiso suicidarse tirándose desde lo alto de las escaleras.

El abogado, de los 3 inspectores acusados de tortura además ha recurrido al informe de un médico francés acerca de la muerte de Diana en París en 1997, en el que confirma que las marcas en los ojos y la cara de la princesa fueron consecuencia del accidente, lo que reforzaría la tesis de que los hematomas en la cara de Leonor Cipriano podrían ser el resultado de su intento de suicidio como los inspectores han dicho siempre.

La muerte de Joana

Joana Isabel Cipriano Guerreiro, tenía ocho años en el día de su desaparición. Su madre y su tío fueron juzgados y condenados por su muerte, a pesar del hecho de que el cadáver nunca fue encontrado.

Un mes después de la desaparición de Joana, en un momento en el que su madre y su tío ya habían confesado el crimen, sin por ello revelar el destino del cuerpo, la Dirección Nacional de la Policía Judicial decidió enviar a tres inspectores de Faro con el encargo de encontrar a Joana.

Leonor Cipriano y João fueron interrogados de nuevo, pero si confesaron el crimen, nunca quisieron decir donde se encontraba el cadáver.

João, el tío de Joana, es manipulador, violento bajo la influencia del alcohol... La investigación reveló que el día de la desaparición de su sobrina él había pasado la tarde bebiendo. João y Leonor forman parte de una familia descrita por el vecindario como muy extraña donde existe un historial "de relaciones sexuales entre los niños (hermanos y hermanas) y sus progenitores, violencia familiar y posibilidad de consanguinidad."

João tenía relaciones sexuales con su hermana gemela, Anabela, pero también con Leonor, que había sido obligada a ejercer la prostitución por su propia madre. Leonor tenía tres hijos con ella y un cuarto con el que ya no tenía ninguna relación.

Para explicar su crimen, Joao y Leonor Cipriano afirmaron que Joana los habría visto en plena actividad sexual, amenazándolos con decir todo a su padrastro. Una explicación que la Policía Judicial no acepto porque Joana amaba a su madre y probablemente habría callado el incidente.

La investigación concluyó que João habría violado a su sobrina ante la pasividad de su madre, y que ambos agredieron a la niña causando su muerte, lo que explica la razón por la que escondieron el cuerpo: João prefería decir que él había matado a Joana muertos antes que decir que la había violado. Sin cuerpo no habría la más mínima oportunidad de demostrar la violación.

João Cipriano confesó, primero a los inspectores y a continuación a su abogado, confirmando la agresión en la que Joana " quedo en el suelo sin moverse ", pero también diciendo que, mientras la madre pretendía buscar a su hija junto a su compañero, fue él quien descuartizo el cuerpo antes de esconderlo en un coche destinado a la destrucción, llevado a España, donde fue incendiado y compactado.

Esta es la versión admitida por João Cipriano ante los inspectores y al día siguiente, en presencia de su abogado. Pero cuando se le preguntó si había abusado de su sobrina, él respondió indignado: "Yo no le hice ningún mal, sólo la mate”.

En la casa donde vivía Joana, la policía científica encontró las sandalias que su madre había dicho que ella llevaba en el momento de su desaparición.

También encontraron rastros de su rostro y sus manos en las paredes, lo que confirma las declaraciones de su tío. Huellas de sangre en el suelo y en el frigorífico donde João dice haber guardado el cuerpo antes de meterlo en el automóvil. Vestigios biológicos –posiblemente esperma – fueron encontrados en la cama de Joana y en un par de braguitas de la niña.

Durante el interrogatorio de Leonor, pensando que los otros ya habían confesado, ella admitió los hechos y entonces volviéndose hacia una foto de Joana, que estaba pegada en la pared, ella le pidió perdón. Incontrolada, grito que iba a matarse. El inspector estaba todavía ocupado escribiendo el informe del interrogatorio cuando escuchó los gritos. Los colegas le dijeron que Leonor se había tirado por las escaleras intentando suicidarse. Fue llevada ante un médico y trasladada a la cárcel.

Al día siguiente una llamada anónima informa a la policía de que en la cárcel estaban tratando de convencer a Leonor para que dijera que fue agredida por los inspectores: la directora de la prisión envía una carta con fotos de Leonor al Director Nacional de la policía y a la prensa acusando a los inspectores de la agresión. La carta de otra presa contradice esta versión: ella afirma que la madre de Joana había dicho en prisión que cayó por las escaleras, pero que después de una reunión con la directora de la cárcel, ella cambió su versión y afirmo haber sido torturada y que esperaba recibir una indemnización.

A pesar de varias confrontaciones con los inspectores, Leonor Cipriano confirmo varias veces no reconocerlos lo que no impidió al Fiscal avanzar hacia un juicio, admitiendo que él tampoco podía garantizar que se trataba de los buenos inspectores o que la agresión tuvo realmente lugar. Una decisión calificada de política por el abogado de los inspectores y por el Sindicato de Funcionarios de Investigación Criminal.

Traducción de Mila

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