domingo, 18 de enero de 2009

El caso Joana

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Correio da Manhã

El abogado de Leonor Cipriano, condenada por tener, en complicidad con su hermano, asesinado a su hija y dado destino desconocido al cadáver, apareció esta semana con un cambio hábil para intentar evitar la derrota que ya se percibe en este caso que conduce contra los inspectores de la PJ por una eventual agresión. Se quita sus extravagantes gafas de sol y presenta la verdadera confesión de Leonor.

Como se sabe, ella realizó varias confesiones. Pero esta es la auténtica. Dice él. Y yo creo, ya que el hombre tiene virtudes que se escapan a cualquier mortal, la principal es su aptitud para hablar con espíritus convocados en sesiones de mediúmnicas. Además, fue así como, según él, no existen dudas de que sabe dónde está Maddie.

Debo decir que creería con más convicción sí, con esos magistrales poderes, que no son otorgados ni por la facultad de derecho ni por el Colegio de Abogados, el hombre prestase un servicio de máscaras, invocando a los espíritus para que le dijeran donde está Joana, ya que así serviría mejor a su cliente y sosegaría a mucha gente que se preocupó con el fin de la desdichada niña. Sobre la confesión presentada también existe una certeza: nadie creerá que fue obtenida bajo tortura. No nos imaginamos a ese inefable causídico pegando a Leonor para que dijera la verdad. O mejor una verdad de las muchas verdades, o no, que fue contando.

También debo aceptar que el individuo, que es abogado con título del Colegio y todo, después de esta confesión no la hubiera interrogado. Si fue tu hermano y eres inocente ¿por qué no lo denunciaste? ¿Por qué fuiste apedreada como Magdalena, injustamente, sin que tu deber de madre se impusiera al encubrimiento y complicidad en un crimen tan brutal cometido por tu hermano? ¿Le preguntase por lo menos dónde había escondido el cuerpo? Si estaba manchado de sangre, ¿por qué no llevaste la ropa a la policía? ¿Ni dijiste donde la mató? ¿Y la mata cuándo la ibais a vender? ¿Por qué no esperar algún tiempo para ver si el mercado de esclavos mejoraba? Siempre ganarías unas monedas y yo después, con los poderes de médium, descubriría donde estaba.

Claro que no hizo ese interrogatorio. Es cosa de la policía, bicho ruin, que no se conforma con una porquería de confesión con pies de barro y que, por ser un bicho de baja condición, iría después a ver su hermano y le diría: Hola, tu hermana se chivó. ¿Cómo fue eso?

Ya se habrá dado cuenta que esta crónica está llena de disparates. Pues lo está. No podría ser de otra manera cuando un juicio se convierte en una réplica del “Levántate y Ríe”.

Francisco Moita Flores, Profesor universitario

Traducción Mercedes

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