domingo, 19 de abril de 2009

Caso Madeleine McCann - A aquellos que están convencidos que el caso está resuelto

Expresso – Edición impresa







Hay tres maneras de aprender de los casos de policías de moda en la televisión: O se llega demasiado tarde y hay tiempo para pensar en la historia, se está en el lugar cuando discurrió la acción, o se “dramatiza”. En una dramatización, el supuesto crimen es recreado a modo de película y la ficción sirve para sustituir la realidad factual. Es un proceso poco común en la televisión portuguesa e implica una conjunción de medios (técnicos, económicos, legales y hasta de actores desconocidos o figurantes) que raras veces ocurre. “La Verdad de la Mentira”, recreación del caso Maddie McCann según Gonçalo Amaral, se emitió el lunes en TVI y mostró cómo se consiguen en Portugal excelentes resultados con los conocimientos del oficio de la dramatización.

“La Verdad de la Mentira” comenzó siendo un éxito de ventas en las librerías. En la obra, Gonçalo Amaral, el coordinador responsable de la investigación sobre la desaparición de la niña inglesa Madeleine McCann en un pueblo algarveño, pretendía “limpiar su honor” y el de la Policía Judiciaria y abrir las puertas a la reapertura del proceso. Apartado del caso por el entonces director de la PJ Alípio Ribeiro, Amaral defiende la tesis de que Maddie murió accidentalmente la noche en que fue dada como desaparecida y que el cadáver fue ocultado por los padres.

El programa emitido el día 13 por TVI, una producción de Valentim de Carvalho, hace una narración minuciosa de los acontecimientos y es convincente hasta el punto de no dejar dudas a nadie, por lo menos a juzgar por los comentarios vox populi oídos a lo largo de la semana. El espectador es guiado por el propio Gonçalo Amaral a los diferentes escenarios del acontecimiento, las pruebas se solidifican la tesis del ex inspector es desarrollada, hablan los peritos y se refuerza la idea de que no hubo un error en la investigación sino más bien una “interrupción de la investigación” y que las presiones políticas (incluso a nivel del Gobierno británico) fueron más que evidentes. Donde a Amaral le falta “presencia televisiva”, por decir algo, ganó el programa en ritmo, el óptimo montaje de aquello que en otras manos sería un puzle desordenado y una defensa casi arrogante, en el mejor de los sentidos, de que Amaral tiene la razón de su lado.

Ahora solo hay que esperar para ver la dramatización inglesa, que está a punto de llegar a la TV. ¿Volverán a cambiar de lugar la Verdad y la mentira?

José Alves Mendes

Traducción de Mercedes

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