11 de septiembre de 2009

Caso Joana - Escuela recuerda a la niña de Figueira

Correio da Manhã

30 Septiembre 2004

Hice todo lo que pude por mi pequeña Joana

Es de las personas que mejor conocen a Joana. Quien mejor la entendió. Fue también de las pocas que la intentó ayudar. La primera profesora de la niña de Figueira aun siente un nudo en la garganta cuando habla de su “pequeña Joana”. “Hice todo lo que pude para ella”, dijo al Correio da Manhã con palabras embargadas de emoción.

Ella fue quien remitió al comandante de la Guardia Nacional Republicana (GNR) de Lagos una “petición de localización” de Joana. También fue ella quien había avisado con anterioridad a la Seguridad Social que la niña estaba enferma “y necesitaba de alguien que la acompañara”. Joana tenía una neumonía y nadie que cuidara de ella. “Si la madre ni le daba de comer mucho menos antibióticos”, añade la profesora. Fue avisada en aquel momento la Comisión de Protección de Menores de Lagoa. Aunque tal como su congénere de Portimão tampoco consideró que Joana era una niña en riesgo.

A pesar de esto, el tiempo pasado en la escuela de Alporchinhos, en Porches, ayuntamiento de Lagoa, fue tal vez el más feliz de la vida de Joana. “Ella adoraba estar aquí. La escuela era un mundo para ella”, recuerda la profesora. Nada más natural dado que ella vivía en una barraca en ruinas, abandonada por todo y por todos. Nada más natural ya que, por lo menos, en la escuela tenía un techo, y un mundo de cariño. “Algunas veces era una niña triste porque quería una casa. Tenía ansia por una casa. Solo hacía dibujos de casas”, subraya. En ese momento Joana vivía en Vale do Olival por lo que, todos los días, tenía que hacer a pie los cerca de dos kilómetros que la separaban de la escuela. “Cuando llovía o hacía mal tiempo ella no venía”, reconoce la profesora.

Pero fue durante el segundo año cuando la faltas comenzaron a ser más frecuentes. Fue poco después de que la madre hubiera desaparecido sin dejar rastro. “La madre se marchó, no sé a dónde, y la dejó en casa de una vecina. Pero durante aquél tiempo Joana aun venía al colegio”, subraya. Y añade: “Una asistente social incluso llegó a ir a ver lo que estaba pasando”. Entre tanto Leonor Cipriano volvió con su hombre, y Joana dejó de asistir a la escuela. Fue entonces que la profesora envió la “petición de localización” al comandante de la GNR. Días después recibió la siguiente respuesta: “Me han dicho que su madre ha prometido ir al colegio para hablar del traslado de la niña”. Y así fue.

(...)

MANCHAS

Una de las preguntas que surge en relación a este caso es la de saber cómo fue posible que la PJ llegara a la conclusión de que hubo un crimen. Pues bien, además del testimonio de los supuestos implicados, técnicos del laboratorio de la policía científica descubrieron vestigios de manchas de sangre en la casa, llegando a confirmar, a través del análisis de ADN, que pertenecía a Joana. También fueron descubiertos vestigios de sangre en una fregona.

Jorge Araújo

Traducción de Mercedes

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