jueves, 15 de octubre de 2009

Caso Madeleine McCann - Capítulo y Versículo


EXCLUSIVA para mccannfiles.com

By Dr Martin Roberts
14 October 2009

CAPÍTULO Y VERSÍCULO


“No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo.”

Esta declaración, atribuida a Voltaire y dicha por primera vez hace más de doscientos años, no es un cliché. Como piedra angular del ejercicio democrático su significado es atemporal. Sin embargo, el principio que consagra, es uno que algunos encuentran claramente difícil  de suscribir, tal como queda ilustrado en los siguientes comentarios (traducidos) publicados recientemente en un “blog” español, a raíz de un artículo sobre la medida cautelar impuesta contra Gonçalo Amaral; una medida cautelar prohibiendo tanto su libro como cualquier comentario futuro al respecto por su parte y, en efecto, declarando ilegal su tesis (que, es prudente reconocer, no es solo suya, ni en su origen o su derivación).

9 de septiembre de 2009
Manuel Carballal: Prohíben en Portugal el Libro sobre Madeleine McCann

13.9.2009
La policía quizás no pueda encontrar a la niña, pero lo que está claro es que debían haber encontrado al culpable de su desaparición.

Esto no lo ha podido hacer la policía lusa por la clara interferencia gubernamental británica.

Lo que resulta vergonzoso que la gente se rasgue las vestiduras para defender a unos padres que dejaban a sus hijos solos todas las noches para irse de fiesta con los amigos.

Por defender a unos afligidos padres que se han negado a volver a Portugal para realizar la reconstrucción de los hechos, a una madre que se negó a contestar 48 preguntas de la policía a pesar de que le dijeron que sus actos estaban perjudicando una investigación destinada a encontrar a su hija.

Este libro está basado en un sumario oficial hecho público por un juez, pero por lo que parece todavía hay personas más interesadas en defender a mentirosos negligentes en vez de nuestra libertad de expresión.

JUSTICIA PARA MADELEINE BETH MCCANN
Mercedes

16.9.2009
Anónimo dijo...
Manuel Carballal, me da mucha pena y mucho asco, que permita en su interesante site web los comentarios de personas que todavía se atreven a dudar del sufrimiento de los McCann, y a sugerir que fueron los asesinos de su propia hija. No pienso volver a visitar su página mientras permita esos comentarios.

Se trata claramente de un lector que no cejará de censurar lo que acaba de leer o, dado la oportunidad, prohibir su publicación. Bastante draconiano quizás, pero lo que convierte a esta postura dogmática en más alarmante es que el tipo de comentario con el que “anónimo” no está de acuerdo no está representado entre las observaciones que está criticando. Reaccionario, sí. Ilógico, sin duda. Y, llevado al extremo, peligroso.

Tal es el caso con La Verdad de la Mentira, un libro prohibido en Portugal y por lo tanto legalmente denegada su lectura en otros lugares (Especialmente en Reino Unido, ya que la versión en Inglés estaba en juego).

Dejando a un lado las justas legales, la prohibición de esta publicación no tiene ninguna base lógica en absoluto. Las ideas que contiene, fueron hechas públicas en un principio por las autoridades portuguesas en persona, desde entonces han sido publicadas en varias Webs, incluidas aquellas mantenidas por los periódicos nacionales. ¿Es posible que un libro escrito en portugués pueda provocar angustia a dos personas que parece que apenas tienen dominio sobre su propia lengua, que es el inglés? Se ha afirmado que la difusión generalizada de la convicción expresada por el autor, es decir, que Madeleine McCann está muerta, pondría en peligro la actual búsqueda de la niña. Pero ¿cómo puede ser esto cierto, cuando la “búsqueda” está siendo coordinada por investigadores privados; mercenarios inmunizados contractualmente contra opiniones adversas? Y, ya que hace mucho tiempo que la policía portuguesa desistió de este caso, ¿qué diferencia posible puede marcar una publicación portuguesa a su contribución? Mil o más nuevas pistas, brindadas por el público en general a raíz de de una reciente rueda de prensa ofrecida por los padres, desmiente cualquier idea  de que este libro, o cualquiera similar a él, tendría el efecto de desanimar a la gente de presentarse con información.

La hipocresía es un insulto para la inteligencia de cualquiera, pero cuando está vestida con toga de abogado se convierte en ofensiva. El siguiente extracto está cogido de una entrevista, dada por Gerry McCann a Judy Bachrach, de la revista Vanity Fair y publicada como una “exclusiva en la Web” el 10 de septiembre de 2008.

“El fiscal general portugués Fernando Pinto Monteiro sugirió que de una forma u otra los McCann eran responsables de la muerte de su hija. Concretamente dijo que si bien Madeleine había sido secuestrada, fue la publicidad cuidadosamente diseñada por sus padres la que posiblemente hubiera determinado su destino. “Con el mundo entero en posesión de la fotografía de Madeleine,” observó, cualquier secuestrador se habría visto presionado hasta tal grado que “existe una probabilidad mayor de que la niña esté muerta que viva.”

“Con esta última conclusión devastadora –concretamente que Madeleine probablemente nunca aparecerá- el propio padre de Madeleine asiente con voz entrecortada.”

En lo que se refiere a la reciente medida cautelar, los estrategas de sillón están obligados a discutir sobre motivos y propósitos, tales como allanar el camino para una demanda por libelo, adelantándose a la publicación de una versión en lengua inglesa y concretamente, destruyendo al autor personalmente etc., etc. En público a cualquier precio, se sostiene que el núcleo objetable del trabajo es la hipótesis de la muerte de Madeleine – Capítulo 16. Pero al igual que muchas otras cosas de este caso, esto también puede resultar ser un engaño, a gran escala. El observador casual, no familiarizado con ejemplos de malabarismos anteriores, tales como la entrada forzada/no forzada, peluches en salas de autopsias y viandantes invisibles, bien podría inclinarse a tomar esta postura concreta como cierta. Otros podrían considerar si el material realmente sensible de esta publicación reside en otro lugar.

Gonçalo Amaral, autor de La Verdad de la Mentira, ha sido ampliamente vilipendiado en la prensa británica. “Deshonrado”, “torpe”, “incompetente” son tres de los epítetos que vienen a la mente. Pero exactamente, ¿qué precipitó su caída en desgracia? Puede haber pocas dudas de que las autoridades portuguesas fueron presionadas por Gordon Brown para destituir al Sr. Amaral del servicio, ya que su destitución fue notificada a nuestro Primer Ministro antes incluso de que fuese comunicada al entonces coordinar de la PJ en persona. De repente, el líder del equipo se había convertido en persona non grata. ¿Por qué? ¿Porque se había negado obstinadamente a renunciar a la hipótesis que Madeleine no había sido secuestrada, sino que estaba muerta? En absoluto. Esa hipótesis se había convertido en la opinión colectiva en un período relativamente corto, tras el examen de las circunstancias realizado por el experto Mark Harrison, que dijo tan acertadamente, “Empiecen a buscar un cuerpo.”

No, el Sr. Amaral no fue destituido con motivo de cualquier postura intransigente anti-McCann. Su abrupto despido se produjo después de los comentarios hechos a una periodista criticando a la policía inglesa y, consecuentemente, a la policía de Leicestershire, ya que eran ellos, y no Scotland Yard, quienes se habían implicado directamente en la investigación, una implicación aparentemente solicitada por los McCann desde el principio.

Mientras que los comentarios espontáneos pueden haber importunado al contingente de investigadores británicos en aquel momento, de ningún modo eran tan reveladores como las observaciones publicadas desde entonces. Si incautar, con vista a su destrucción, copias de La Verdad de la Mentira es una reminiscencia del papel del bombero en la historia Fahrenheit 451, esto es, iniciar fuegos (quemas) (de libros) no extinguirlos, entonces este no resulta ser un acontecimiento totalmente sorprendente, dados otros precedentes en este caso.

El papel fundamental de la policía en cualquier sociedad desarrollada es la prevención y detección del delito, en cuyo contexto no es en absoluto desconocido que las personas lleven su contribución personal hasta el extremo, incluso yendo tan lejos como falsificar pruebas en un intento de asegurar una condena. Irónicamente, mientras que esto es algo que Gerry McCann expresó como una sospecha hacia los portugueses, durante una conversación mantenida en septiembre de 2007 con Ed Smart (padre de la niña secuestrada Elizabeth Smart), es, perversamente, una acusación que podría ser expuesta ante la puerta de los británicos, quienes presentan a Amaral como aquel que introdujo pruebas falsas, no con vistas a asegurar una condena, sino para anticipar una. De qué otro modo podría uno definir que la atención investigativa fuese repentina y deliberadamente atraída hacia un vídeo que pretendía mostrar a Madeleine presente en una orgía organizada por árabes potentados, cuando el vídeo en cuestión había estado en manos de la policía desde febrero/marzo de aquél año, ¡semanas antes del anuncio de la desaparición de Madeleine el 3 de mayo! Mientras que el Capítulo 16 puede ser significativo, el Capítulo 18 es realmente revelador.

Cuando era más joven disfruté una vez de la compañía de un colega adepto a las matemáticas, cuyo mayor interés en sus horas libres era el “Sport of Kings” (Deporte de Reyes). Estudiaba The Sporting Life (La Vida Deportiva) asiduamente, y no era tanto su costumbre de hacer apuestas como el hecho de hacer una inversión calculada. Al evaluar las probabilidades, esta persona pensaba normalmente “outside the box” (de forma diferente), antes de que esa frase fuese siquiera acuñada. Tenía ojo clínico para lo inusual, y una de sus observaciones me ha acompañado desde entonces: “No encontrarás un entrenador en el Norte de Inglaterra que envíe a su caballo a una pequeña pista en el Sur si no tiene una buena razón para creer que va a ganar.”

Ahora bien, esta no una anécdota tan irrelevante como puede parecer. Poco después de llegar al apartamento 5A del Ocean Club la noche del 3 de mayo de 2007, la GNR decidió que el caso estaba fuera de su cometido y llamaron a la PJ, una organización que los McCann criticarían sin lugar a duda, Gerry dejando perfectamente claro que, desde su punto de vista, los británicos tenían más experiencia en el manejo de casos de secuestros. Así que ahí estaba él, un visitante de la península ibérica, cuya hija había desaparecido inexplicablemente de un pequeño resort y, mientras la policía local, reconociendo la potencial seriedad del delito, defirió instintivamente en sus compañeros con mayor experiencia investigativa, ¿qué hace Gerry McCann? A modo de poner todos los recursos de la más experimentada policía británica, él alienta a la PJ a que colabore, no con Scotland Yard, sino con una comisaría provincial.

¿Debemos suponer que la experiencia que Gerry McCann reclamaba como necesaria estaba bien representada concretamente con la policía de Leicestershire? Simplemente observando la ley de promedios, así como la altamente asimétrica distribución de la población en Reino Unido, es más probable que el especialista experto en cualquier tipo de cosa resida en o en los alrededores de Londres y el South East. Por lo tanto ¿era la experiencia en el manejo de casos de niños desaparecidos un fuerte de Leicestershire o era el criterio el que los hacía singulares como la autoridad más apropiada para coordinar la contribución inglesa? Si no, ¿Qué hizo que su afiliación a la investigación fuese tan importante para los McCann? Al igual que el caballo que es enviado lejos para competir en una carrera pequeña, el trabajo específico de una fuerza policial provincial en un caso de ámbito internacional no puede haber sido sin un propósito. Y ese propósito no puede haber sido simplemente facilitar el posterior enlace una vez en Reino Unido, ya que nadie, aparte de los protagonistas, pueden predeterminar el período de tiempo que una persona desaparecida puede seguir estándolo. Todo podría haber terminado en el plazo de una semana. Sin embargo, no se puede negar la calidad del enlace, con la orientación, en forma de manuales de la policía, que más tarde encontraron su camino hacia la mesilla de Gerry McCann.

Siendo la experiencia la culminación del conocimiento previo, quizás uno debería preguntarse qué clase de conocimiento previo recomendaba a la policía de Leicestershire en este caso y, si no estaba relacionado con personas desaparecidas, ¿qué era? La lógica dicta que no podía ser aplicada ninguna sabiduría al problema antes de que el problema hubiera surgido. Saber la mejor forma de llevar a cabo la búsqueda de una niña desaparecida claramente solo es una ventaja después de que la desaparición ha ocurrido. Seguramente, en este caso, no había nada de importancia que podría haber sido conocido de antemano. No había “de antemano”, ¿verdad?

Quizás deberíamos dirigir nuestra atención del Capítulo 18, al Capítulo 12; esta vez no de La Verdad de la Mentira, sino del Viejo Testamento segundo libro de Samuel. Ahí, se narra la historia de cómo el Rey David, habiendo condenado al Hittite Uriah a muerte, tomando a su viuda como esposa, provoca la ira de Dios al hacerlo, y es castigado con la muerte de un hijo fruto de la inaceptable unión (versículos 15-19). Los investigadores de la PJ descubrieron una Biblia en el apartamento al que los McCann se trasladaron, tras la desaparición de su hija Madeleine del 5A del Ocean Club, y éste es el episodio narrado en aquel momento donde se notó que sus páginas habían sido marcadas o arrugadas.

Kate McCann descartó tajantemente el punto de vista de la PJ de que este pasaje era significativo, refiriéndose como lo hace a la muerte de un hijo enfermo. En verdad, sí parece ser algo más que una coincidencia vinculada a la aparentemente alegórica relación. Madeleine McCann había desaparecido inexplicablemente. No había caído enferma y muerto como consecuencia. Pero hay algo más en la historia del escriba bíblico. No solo se le dice al lector que el hijo de David muere, sino que también nos dicen porqué; no en términos de causalidad, sino la justificación de Dios para infligir el castigo: Avaricia, Lujuria, Adulterio – elija su opción. David tenía esposas suficientes.

Un estudio cuidadoso del tráfico de los teléfonos móviles sobre la hora de la desaparición de Madeleine ha arrojado con anterioridad una indicación de que, la noche del martes, 1 de mayo, Kate McCann en realidad estaba en el apartamento de la familia unos 14 minutos antes de que la Sra. Fenn afirmara haber oído a una criatura empezar a llorar. Esta es la noche en que la instructora de aeróbic y algunas veces presentadora de concursos, Miss Najoua Chekaya, estaba de servicio en el resort de Mark Warner, y la única noche en la que se la pudo haber invitada a unirse a la mesa de los McCann (ella no trabajaba los jueves). Tiene que haber una razón, por lo tanto, por la que se dio la impresión gratuita de que la Srta. Chekaya se unió a la mesa de los Tapas aquel aciago jueves noche, cuando claramente no podía haberlo hecho. También tiene que haber una razón por la que una niña pequeña llora por “Papá” en presencia de “Mamá”.

Cuando fueron entrevistados para Expresso TV, el 6 de septiembre de 2008, Kate y Gerry colaboraron al circunnavegar una pregunta que les plantearon con respecto a la supresión de 16 mensajes de texto, que se sabía, a través de los análisis de la policía, había recibido Gerry. Su respuesta conjunta fue adornada poco convincentemente con una explicación sobre la reticencia propia de Gerry de enviar menajes de texto con anterioridad a la desaparición de Madeleine. Por lo que el contenido de las comunicaciones enviadas y recibidas es a la fuerza de interés, incluso un esquema del historial tiene un cuento que contar, siendo un registro de quién estaba en contacto, incluso aunque esa información no fue compartida. El diablo, como siempre, está en el detalle.

Uno tiene que preguntarse por qué, en una circunstancia tan alarmante como la desaparición de su hija, tanto Kate como Gerry encontraron adecuado dedicarse a la “poda” electrónica cuando no había una necesidad conocida para hacerlo. Esto lmás bien o que hace es suscitar sospechas de que sí había necesidad, y no una casual sino la de, proteger la identidad de contactos anteriores que podrían, tras posterior estudio, parecer inoportunos, inapropiados o ambos. De la misma manera que la disponibilidad de las ampliaciones fotográficas fue percibida por la PJ como prematura, existe aquí cuanto menos, un indicio de “conocimiento previo”, es decir, que había un “antemano” después de todo, y que alguien aparte del círculo inmediato de los McCann sabía lo que era.

La omnipresente “fuente cercana a los McCann dijo al Daily Mirror (Mirror.co.uk News, 29 de mayo de 2008) que, en lo que se refería a Gerry, “La única vez que sonó su teléfono fue cuando lo llamaron del trabajo y él explicó que estaba de vacaciones. No hay mensajes misteriosos. Gerry no tiene nada que esconder. Son más tonterías llegadas de Portugal.”

Cuando uno estudia la hoja de datos detallando los mensajes de texto borrados por Gerry McCann, por lo menos dos cosas se hacen obvias inmediatamente: que esta fuente está mintiendo, y que se hace claramente visible otra “sombra” forense.

Habiendo descubierto que Gerry McCann estaba de vacaciones, es improbable que el “trabajo” hubiese llamado repetidamente a partir de entonces. Y si el “Trabajo” posiblemente no le envió a Gerry catorce mensajes de texto el 2 de mayo, claramente alguien lo hizo. Existía una situación de constante cambio en alguna parte de la que Gerry estaba siendo mantenido informado vía mensajes transmitidos en tandas regulares, aproximadamente cada hora al principio, después exactamente cada dos horas. El cronometraje delatador es:

8.07.12, 8.07.17
9.10.45, 9.13.01, 9.18.15
10.35.50, 10.47.56
12.35.58
13.46.23, 13.48.33, 13.59.32
15.49.05
17.49.26
19.49.34

La frase “actualización regular” te viene inmediatamente a la mente. La mendaz “fuente cercana a los McCann” sin duda intentaría convencer a la gente que estas llamadas no están relacionadas entre ellas, pero la cronología entre salvas, así como la apretada proximidad entre ellas, nos dice lo contrario. Por supuesto quizás no sepamos nunca quién era este contacto misterioso, pero siendo inusualmente optimista por una vez, me gustaría pensar que la palabra “nunca” no es aplicable a este caso.

Traducción de Mercedes