sábado, 26 de diciembre de 2009

Caso Madeleine McCann - Iconos de la década


Es la inquietante mezcla de la increíble intimidad y frialdad táctica lo que ha convertido el misterio de Madeleine McCann en la mayor y más extraordinaria historia de secuestro infantil de todos los tiempos.

Esther Addley

The Guardian, 22 Diciembre 2009

Madeleine McCann: Una vibrante niña de tres años congelada en el tiempo. Fotografía de David Moir/Reuters

En noviembre, 30 meses después de la desaparición de su hija de su apartamento vacacional, Kate y Gerry McCann ha hechos públicas dos imágenes de cómo podría ser Madeleine ahora. Su rostro es un poco más alargado, su mandíbula más fuerte; ha dejado atrás su nariz de botón. En una de ellas, es mostrada con una melena larga y rubia, en la otra con el pelo más oscuro y un intenso bronceado. Pero en ambas imágenes mantiene la distintiva marca negra en su ojo derecho donde la pupila se extiende hasta el iris, y que ellos esperan que puedan servir para identificarla, si alguna vez consiguen encontrarla.

El ojo distintivo de Madeleine ha sido fundamental en su búsqueda desde los primeros días. La pareja lanzó carteles en inglés y portugués en los que la letra “o” había sido modificada con el mismo flash distintivo. “Look into my eyes” (Mírame a los ojos),” se leía en las imágenes: “Olha para os meus olhos.” Había rumores de que la canción de Bryan Adams (Todo lo que Hago) Lo hago por Tí”, que comienza con esas palabras, sería relanzada en apoyo de la campaña.

A finales de 2007, Gerry McCann concedió una entrevista a una revista americana y habló sobre la decisión de publicar el defecto del ojo. “Ciertamente pensamos que era posible que eso (la publicidad) pudiera dañarla o que su secuestrador podría hacerle algo a su ojo... Pero en términos de marketing, era una buena táctica.”

Es una mezcla inquietante – de la increíble intimidad y frialdad táctica – lo que ha convertido la misteriosa historia de Madeleine McCann posiblemente en la mayor y más extraordinaria historia secuestro infantil de todos los tiempos. HL Mencken, el gran ensayista y reportero americano, denominó en 1932 la desaparición del bebé del aviador Charles Lindbergh “la mayor historia desde la Resurrección”, pero ni el secuestro y asesinato del bebé Lindbergh, ni la resurrección de Cristo, tuvieron lugar en el era de Internet.

Solo unas semanas después de su desaparición en mayo de 2007, una parte considerable del mundo conocía el nombre Madeleine McCann. La Web bastante casera creada por sus padres tuvo 80 mil visitas durante los tres primeros meses después de su desaparición. Se ofrecieron millones de libras como recompensa por información. Las mayores celebridades del mundo –David Beckham, JK Rowling, el Papa, Oprah Winfrey- mostraron públicamente su apoyo o interés en esta pareja anónima de clase media de las Midlands.

Reporteros y equipos de grabación de todo el mundo llegaron al pequeño pueblo algarveño de Praia da Luz, para alimentar a un público desesperado por actualizaciones. Hubo un momento, en el que casi las dos terceras partes del tráfico global en Google News consistió en las búsquedas de información sobre Madeleine. Lo más destacable de todo esto es que a pesar de los miles de artículos, las millones de palabras, escritas sobre Madeleine McCann, dos años y medio después solo conocemos con seguridad un único hecho. En las primeras horas del 3 de mayo de 2007, ella desapareció sin dejar rastro del apartamento vacacional de sus padres.

Madeleine no era el primero niño indefenso en sufrir un daño, ni, desgraciadamente, será la última. Así que ¿por qué se convirtió esta niña, esta historia, en la que convulsionó al mundo y no cualquier otra? En parte, puede ser porque el caso McCann habla sobre un profundo malestar sobre las reglas y roles de la paternidad. ¿Dejaría usted a sus tres hijos durmiendo en un apartamento extraño mientras cena y bebe con unos amigos en un restaurante al cierta distancia? ¿Lo ha hecho? ¿Hubiese seguido el consejo de no llorar en público si su hijo hubiese sido secuestrado? ¿Cuán sereno es demasiado sereno?

Kate y Gerry McCann, tan profundamente convencionales en muchos sentidos, se resistieron torpemente a ajustarse a esa conducta que un público cada vez más comprometido y crítico demandaba, más notablemente una obstinada negativa de reconocer cualquier culpabilidad parental por su parte y una imagen pública de ojos secos, aunque por consejo de los profesionales, que no encajaba con la gramática sentimental de la información de los tabloides y el estado de ánimo del público.

En el caso de Sarah Payne, secuestrada y asesinada en julio de 2000, el de Milly Dowler, que desapareció en marzo de 2002, o de Holly Wells y Jessica Chapman, que murieron cinco meses después, la amenaza era externa e imprevista. Baby P, que murió tres meses después de la desaparición de Madeleine, fue asesinado en circunstancias de inequívoca maldad. Aun pudiendo ser tan terriblemente injusto, el victimismo de los padres de Madeleine se endemonió, en la mente del público, por sus decisiones parentales. Puso en juego las circunstancias que permitieron a sus críticos, por lo menos durante un tiempo, juzgarlos más duramente que a quienquiera que la secuestrara (presuntamente).

Pero la historia de Madeleine también es una historia sobre los medios de comunicación, de cómo se ponen en marcha las noticias, y de cómo se mantienen los platos girando, y de cómo algunas veces vuelan descontroladamente en todas direcciones. La desaparición de una preciosa niña siempre cautivará a los editores de los periódicos, pero Kate y Gerry McCann también eligieron convertirse en personajes activos de la historia, y aunque sus motivos eran loables, su incesante búsqueda de publicidad inquietó a muchos. Si Madeleine hubiese sido secuestrada (presuntamente) en Reino Unido, a los McCann se les hubiese asignado un oficial de enlace así como una oficina de prensa totalmente obstructiva y de puertas cerradas. En Portugal, sus asesores eran relaciones públicas. En octubre de 2007 Clarence Mitchell, que trabajaba por entonces para la pareja como asesor de medios a tiempo completo, se dirigió a los estudiantes de la Conventry University sobre el caso. ¿El título de su charla? “La desaparecida Madeleine McCann: La campaña perfecta de RP”.

Por supuesto, hay otra razón, por la que Madeleine se ha vuelto tan emblemática, el terrible misterio que todavía la rodea. “Madeleine es una pequeña niña muy feliz con una personalidad extrovertida,” puede leerse en un descorazonador mensaje en la Web de sus padres. “Al igual que la mayor parte de las niñas de su edad, le gustan las muñecas y los vestidos (y cualquier cosa rosa y brillante).” ¿Qué diablos pasó con esa vibrante niña de tres años, congelada en el tiempo? ¿Lo sabremos alguna vez? ¿Es posible, al igual que con Jaycee Lee Dugard o Natascha Kampusch o Elizabeth Fritzl, que un día una mujer cuyo nombre una vez fue Madeleine aparezca, parpadeando, ante el foco de los medios de comunicación?

Traducción de Mercedes