miércoles, 7 de julio de 2010

El silencio de la Iglesia



Imagen de AFP


ALBERTO SOTILLO / MADRID
7 de julio de 2010

Charleroi era una ciudad un tanto deprimente del sur de Bégica, azotada por el paro y el bajón de la economía. Allí, Marc Dutroux disponía de tres lujosos chalets, en los que la Policía encontró un submundo de terror que nadie había podido imaginar en un país tan burgués y aparentemente apacible. En el sótano de su residencia encontraron a las niñas Sabine y Laetitia, encadenadas y aterrorizadas. Y en posteriores excavaciones, fueron apareciendo los cadáveres de cuatro niñas y un adulto.

Se reconstruyó entonces la historia. En los últimos cuatro años, Dutroux había secuestrado a seis niñas a las que mantuvo encadenadas a una cama en un sótano, y a quienes filmaba mientras las violaba para distribuir después esas películas en redes de pederastia. Las circunstancias de la muerte de dos de ellas nunca quedaron claras. Sí se supo que las pequeñas Julie y Melissa murieron de inanición en el par de meses en los que Dutroux fue encarcelado por su participación en una red de tráfico de coches robados. Su mujer, Martine, no quiso bajar al sótano a alimentarlas. Dijo que le daba miedo. Entre los cuerpos hallados encontraron el de su cómplice Bernard, a quien había enterrado vivo.

Con pensión del Estado

Quienes entonces éramos corresponsales en Bruselas no dábamos crédito. El caso produjo indignación por la incapacidad de la Policía, la desidia de la Justicia y la inoperancia del Estado. Antes de aquellos crímenes, en 1986, Dutroux y su mujer ya habían sido juzgados por violación de cinco niñas. Pero, tras poco más de tres años de cárcel, el violador era puesto en libertad, e incluso recibía una pensión del Estado por supuesta «incapacidad». Ni su historial de pederasta violador ni sus delitos como traficante de drogas y mafioso sirvieron para que la Policía sospechara que era él quien estaba tras la desaparición de las niñas.

Después, la instrucción del caso fue otro escandaloso despropósito. Para empezar, el juez Connerotte fue apartado sólo por participar en una cena (unos espaguettis) con los familiares de las víctimas. Connerotte era un juez muy comprometido, muy volcado, que denunciaba entre lágrimas las amenazas que recibía. Fue entonces cuando más se habló de las «intocables» personalidades que habrían sido clientes de los vídeos pornográficos de Dutroux. Nunca se probó nada. A mitad del caso, Dutroux protagonizó un peliculero intento de fuga. Tardó más de siete años en ser juzgado y condenado a cadena perpetua. Aún hay quien dice que con él se limitaron a encerrar bajo siete llaves el caso que hizo sospechar a los belgas que, bajo la plácida superficie de su país, corren sumideros de horror inimaginable.


7 de julio de 2010

Cardenal belga es interrogado por casos de pederastia

La Iglesia belga guardaba macabros hallazgos en sus sótanos. El cardenal Godfried Danneels, ex primado belga, declaró ante la policía judicial en relación con allanamientos de la semana pasada.

Las indagaciones judiciales se realizaron en el palacio episcopal de Malinas -al norte de Bruselas- y en la catedral de esa misma ciudad, en busca de pruebas sobre abusos contra menores por parte de religiosos que el cardenal habría ocultado.

El cardenal es acusado de conocer los abusos sexuales y no haber hecho nada para detenerlos.

Para completar un día negro para la Iglesia belga, el diario flamenco 'Het Laatste Nieuws' aseguró que los investigadores hallaron en los sótanos del arzobispado en Malinas documentos secretos, propiedad de la Justicia.

Se trataría de centenares de fotografías de los cuerpos de dos niñas, Julie y Melissa, violadas y asesinadas por el pederasta Marc Dutroux en 1996, y centenares de páginas más de informes judiciales sobre este caso, que conmocionó a la sociedad belga.

También habrían encontrado documentos relacionados con investigaciones judiciales de casos de pederastia e informes enviados entre magistrados que de ninguna forma tenían que ser conocidos por la Iglesia.

Según el diario, para los investigadores de la Fiscalía de Bruselas es un "misterio averiguar cómo esos documentos han podido aterrizar en los sótanos del arzobispado".

Danneels llegó ayer a los locales de la policía judicial en Bruselas poco después de las 9 de la mañana y allí estuvo declarando más de 10 horas.

La prensa espera que Danneels aclare cómo llegaron esos documentos al arzobispado y que haga luz sobre si la jerarquía católica belga quemó informes secretos de casos de pedofilia en la Iglesia.

Según un testigo del interrogatorio, Danneels estaba "en estado de shock. Para él es muy difícil darse cuenta de que mucha gente piensa que él sabía y no hizo nada".

IDAFE MARTÍN PÉREZ
PARA EL TIEMPO
BRUSELAS

El Periódico.com

La Iglesia belga tenía el sumario secreto del pederasta Dutroux

ELISEO OLIVERAS / Bruselas

La Iglesia católica belga tenía en su poder una voluminosa parte del expediente judicial confidencial sobre el caso de las niñas de 8 años Julie y Melissa, secuestradas en 1995 por el pederasta y asesino Marc Dutroux y que murieron durante su cautiverio. Esta documentación fue hallada el pasado 24 de junio por la policía durante el registro de la sede eclesiástica en Malinas en el marco de la investigación sobre los abusos sexuales de menores cometidos por el clero belga, según reveló ayer el diario Het Laatste Nieuws.

El escrutinio de la cuantiosa documentación encontrada durante el registro del arzobispado ha revelado que la Iglesia tenía en su poder documentos confidenciales de la justicia como informes de magistrados, centenares de fotos del expediente de Dutroux, decenas de imágenes de los cadáveres de Julie y Melissa, y una parte voluminosa del sumario, según el rotativo.

Entre la documentación hallada ha aparecido también una referencia, en una correspondencia interna, a determinados expedientes secretos de casos de pederastia en el seno de la Iglesia belga que supuestamente han sido destruidos.

El anterior primado de la Iglesia en Bélgica, el cardenal Godfried Dannels, fue interrogado ayer por la policía judicial en calidad de testigo en el marco de las pesquisas sobre los abusos de menores cometidos por el clero. Los investigadores querían obtener detalles sobre los casos de vejaciones que habían llegado a su conocimiento y las razones por las que no los había denunciado a la justicia.

El cardenal belga Godfried Dannels, durante un viaje a Barcelona en septiembre del 2009. ARCHIVO / ELISENDA PONS 

DENUNCIAS SILENCIADAS / Al menos 50 víctimas de abusos sexuales por parte del clero aseguran que el cardenal Dannels estaba al corriente de esos delitos y que no adoptó ninguna medida contra los agresores. El cardenal ha negado hasta ahora esas acusaciones. Dannels, que estuvo al frente de la Iglesia belga desde 1979 hasta el 2009, también ha sido acusado por el sacerdote retirado Rik Devillé de no haber querido actuar frente a las numerosas denuncias de abusos por parte del clero, que él mismo le había hecho llegar. Dannels también está acusado de haber estado al corriente de los abusos cometidos por el obispo de Brujas y que él mismo acabó por confesar el pasado mes de abril.

La Iglesia belga, que ha mantenido durante décadas bajo una losa de silencio los abusos del clero, ha comenzado ya su contrataque para detener la investigación. Los abogados de Dannels y del arzobispado cuestionan la legalidad de los registros y la validez de las pruebas con el argumento de la inviolabilidad de la correspondencia y la inmunidad diplomática de la sede eclesial.