Todos los días, Kate McCann entra en el dormitorio de su hija Maddie y se queda allí, ordenado los cientos de regalos que han ido llegando durante estos casi tres años para la niña desaparecida o solo recordando a la niña. “La habitación de Maddie está igual, no hemos cambiado gran cosa. Sigue habiendo mucho color rosa”, contó la madre de Madeleine a 24 horas, ayer durante una corta visita a Lisboa, para encontrarse con el equipo de abogados portugueses que representan al matrimonio. “Sigo yendo dos veces al día al dormitorio de Maddie. Me siento cómoda allí. Es una sensación de confort y eso, no es dolor. También es esperanza”.

