domingo, 3 de julio de 2011

Caso Madeleine McCann - "Madeleine" Por Kate McCann - II


‘MADELEINE’ POR KATE MCCANN — II


Por John Blacksmith
30 junio 2011

‘Madeleine’ como Fuente Primaria & Registro Histórico

Como memorias de una celebridad el libro no está mal. ¿Y cómo documento para futuros estudiosos del caso por uno de los dos personajes principales? ¿Cuán fiable es?

Aquí “el caso” que estamos discutiendo básicamente concierne el 3 de mayo y la semana previa. En menor medida significa la investigación de la policía y esa parte limitada de la misma en la que los McCann son la fuente primaria. El resto del libro, de hecho la mayor parte, es de poca importancia: es poco probable que personas que estudien el caso, profesionales o no, encuentren algún interés en los viajes de la pareja por Europa o el reclutamiento para su causa de celebridades tales como David Beckham. En esa sección vamos a examinar muy de cerca el primer periodo y analizarlo en detalle; podemos considerar las experiencias de la pareja en manos de la policía portuguesa más adelante en la tercera parte de esta revisión, donde discutiremos el valor del libro como autorretrato de Kate McCann.



Las limitaciones –leyes de secreto procesal portuguesas- que le impidieron hablar con tanto detalle como al parecer ella hubiera deseado ya no son aplicables. La posibilidad (de la que la pareja era muy consciente) de que pudieran perder a sus dos hijos menores por los servicios sociales de Reino Unido sobre la base de una negligencia parental, tal vez justificaba un cierta cautela en lo que contaban sobre los hechos; sin embargo, con el paso del tiempo, la probabilidad de una acción semejante ha caído a cero. Y, finalmente, ahora la Sra. McCann se siente suficientemente fuerte para enfrentarse a esos primeros días en Praia da Luz y tiene un feroz deseo de escribir sobre los hechos y corregir las “medias-verdades, especulaciones y descomunales mentiras que aparecieron en los medios de comunicación e Internet”. Tal como escribe en el prólogo de su libro:

“...He luchado por mantenerme entera y entender cómo se ha permitido que tales injusticias (las medias-verdades etc. descritas anteriormente) hayan permanecido incontestadas una y otra vez. Me he tenido que repetir: Yo sé la verdad, nosotros sabemos la verdad y Dios sabe la verdad. Y un día, la verdad se descubrirá.”

Así que ha llegado su día:

Construcción

¿Cómo ha abordado esa semana y qué tiene que contarnos?

El primer punto a destacar es la extrema brevedad de su cobertura de ese periodo. De las 368 páginas de la obra solo de dedican 27 a la semana de la desaparición, culminando con su visita al apartamento 5A de las 22h00 –páginas 44 a 71. Dos de ellas diagramas, dejando solo 25 páginas de texto o un 7,5% de la obra.

La estructura de la sección es como sigue:

1) Una narración día a día de las minucias de las vacaciones, lectura más bien como un diario de citas. De hecho gran parte de ello parece haber sido sacado de un diario que comenzó a llevar después de mayo de 2007 para ayudar sus recuerdos. El examen muestra que esto ha sido completado con material tomado de sus declaraciones a la policía portuguesa e información provista por el resto del grupo en sus declaraciones en 2008 a la policía de Leicester, las llamadas entrevistas rogatorias. Finalmente, ha añadido breves chismes de naturaleza poco importante presumiblemente tomadas una vez más de su diario –página 58, Gerry compra un nuevo par de gafas de sol, página 56, un divertido juego llamado “tenis de objeto”. Página, 60, sus zapatillas de correr rosas, ¿de verdad la tomarían en serio utilizando tal color?

2) Esto abarca unas 18 páginas. Las 7 restantes consisten en inserciones a la narración – sobre una página y media más o menos de complejas memorias de Madeleine y unas 5 páginas de justificación de Kate por sus actos escritas desde fuera de la historia en sí misma.

Cuando nos fijamos en la sección como unidad la impresión fundamental es el intenso contraste entre lo que antecedió –la alegre historia de su vida anterior- y lo que sigue – el emotivo drama de la investigación y la forma en que se volvió contra ellos, seguido por la orgullosa recitación de sus logros haciendo campañas.

Es única/autónoma, una simple recitación rota únicamente por las inserciones. Sin duda los incidentes pueden ser descritos como “emocionantes” o “divertidos” pero las palabras no tienen resonancia, no son ni divertidas ni emocionantes en ningún sentido, sino todas escritas en tono monocorde. Todo escritor, amateur o profesional, pone parte de sí mismos en una historia tanto si lo desea como si no, independientemente de las palabras que usan: en el caso de Kate McCann hay lo que llamamos una disyunción extrema entre las palabras en la página y los sentimientos reales del autor –tal como son- expresados con ese misterio, el tono de obra.

Aparte de las inserciones se trata más de una cantinela que de un tono. No se discierne en ninguna parte ningún interés describiendo el periodo, ni deseo de comunicar la naturaleza de la experiencia. No se delinean ni el aspecto ni ningún atisbo de la personalidad de los siete amigos que la acompañaron a Praia da Luz: todos ellos, incluida la claramente más mayor Dianne Webster, permanecen como meros nombres, su aparición en la página solo parches de color negro, o mejor dicho gris, portando tanta vida o reacción personal de la autora como una guía telefónica.

Ahora bien, sabemos por las entrevistas rogatorias que la foto del viejo periódico de un grupo hermético y homogéneo era falsa. Uno o dos de ellos eran lo más parecido a amigos cercanos que probablemente tendrán nunca los McCann; otros casi no conocían a la pareja. En sus propias largas descripciones de esa semana, a pesar de las tensas circunstancias bajo las que hablaron, sus personalidades cobran vida – el tipo búho y pomposo pero cómicamente propenso a los accidentes David Payne, por ejemplo, su sedosamente ambiciosa esposa (la de las bufandas) cuyo perfume casi puede olerse en la página, el amargado y hostil Russell O’Brien, profundamente consciente de que su cuidadosamente planeada carrera nunca volverá a ser la misma, la tragicómica despistada señora Dianne Webster, que ni siquiera puede recordar su propia dirección y no es mayor en absoluto, virando desenfrenadamente entre el verdadero olvido y una profunda sospecha de que cuanto menos diga sobre algo mejor para todos.

Y sus descripciones están vivas así como, llenas de inesperados detalles, dudas, color, decepción, incidentes y emoción, desmintiendo cualquier sugerencia de que en realidad Kate McCann no tenía mucho sobre lo que escribir acerca de esa semana en Praia da Luz. A diferencia de ella los 7 –excepto, por supuesto, cuando se apartan de ciertas áreas “peligrosas”- cuentan las cosas más o menos como las vieron y, más importante aún, las sintieron.

¿Podemos estar seguros de que la sección ha sido, de hecho, estructurada en la forma que hemos descrito? Bueno, los pasajes de auto-justificación obviamente son a posteriori, como se suele decir, y por lo tanto no pueden haber venido de ese periodo; ni han de ninguna manera surgido de la narrativa de esa semana ya que no tienen nada que ver con comunicar lo que ocurrió entonces sino que forman parte de una historia bastante diferente, la continua defensa de la Sra. McCann de su propia reputación, eso del “fondo del jardín” y lo demás en donde primero se condena ligeramente y después se absuelve totalmente.

Entonces ¿qué pasa con los pasajes sobre Madeleine? ¿Podemos estar medianamente seguros de que no surgen de la narrativa también? Desde luego no parece que lo hagan. De manera significativa nuestra primera visión real de Madeleine de vacaciones –en la escalinata del avión- no proviene directamente de la memoria sino de un vídeo realizado por el grupo. Unas páginas después de eso, la simple recitación de los hechos y pesadas descripciones del apartamento son interrumpidas:

“Poco después de mediodía”, escribe, “recogimos a los niños.” Sigue un muy emotivo pasaje sobre los niños –pero no describe a Madeleine McCann en Praia da Luz sino en un espacio más complejo: “Me encantaba ir a recoger a los niños cuando eran pequeños,” añade, “el momento en que tus hijos te ven y corren hacia ti para rodearte con sus pequeños brazos te alegra el corazón. Por supuesto, no ocurre siempre, pero tengo muchos recuerdos especiales de reunirme con Madeleine en la guardería, en casa. Lanzándose a través de la clase y entre mis brazos gritaba “Mi mamá”, como estableciendo su propiedad sobre mí ante los demás niños. Lo que daría por volver a tenerlo”.

Lo siguiente está en la página 57:

“Me ahoga recordar cómo se me aceleró el corazón de orgullo en Madeleine aquella mañana. Estaba tan feliz y era tan obvio que disfrutaba. Ahí de pie, escuchando atentamente las instrucciones de Gato, estaba tan preciosa con su pequeña camiseta y pantalón corto, gorro rosa, calcetines tobilleros y sus sandalias nuevas...” Vale, vale – pero esto tampoco era estrictamente la niña en Praia da Luz, sino una fotografía:

“...volví corriendo al apartamento a por mí cámara para grabar el momento.” La niña en sí misma es excluida momentáneamente ya que Kate McCann, una vez más cambia el tiempo y el espacio, “Una de mis fotografías es conocida en todo el mundo ahora...” y en una enrevesada mezcla de pasado y presente, hija y madre, nos cuentan cómo Madeleine lo “había hecho realmente bien” para acabar en una foto con un puñado de pelotas de tenis, rematando con, “A Gerry le encanta esa foto.”

En la página 65 demuestra lo difícil que le resulta “ver” a su hija, proporcionando no una imagen de Madeleine en acción sino una sección multi-capa de su propia memoria atribulada de algún lugar mucho más allá de Praia da Luz:

“Algunas imágenes están grabadas en mi memoria. Madeleine a la hora del almuerzo es una de ellas. Llevaba puesto un conjunto” –ahí viene mamá- “Que había comprado especialmente para sus vacaciones: un blusón de color melocotón de Gap y unos shorts con puntilla blancos de Monsoon – una pequeña extravagancia tal vez, pero había imaginado lo encantadora que estaría con ellos y tenía razón.” Añade, “Caminaba delante de Fiona y de mi, balanceando los brazos de un lado a otro. El tiempo era frio” – aquí está otra vez – “y recuerdo haber pensado que debí haberle traído una chaqueta, aunque ella parecía ajena a la temperatura, simplemente feliz y despreocupada...” – otra vez – “La seguía con la vista, admirándola. Ahora me pregunto, al borde de la nausea, si alguna otra persona estaba haciendo lo mismo.”

Su caracterización de la niña a través de estas interpolaciones es débil y en cuanto a la dinámica de la relación entre madre e hija –y cualquier que tenga hijos de la edad de Madeleine sabe lo extensa y compleja en que se ha convertido la relación- no hay casi nada.

Hago hincapié en estos puntos no para criticar a Kate McCann como madre en absoluto sino para ilustrar la forma en que la niña no emerge con naturalidad de la narrativa – y esto es porque en realidad no es parte de ella. Tal vez lo más cerca que llega a emerger es en su descripción cuando le pregunta a sus padres “por qué no habían venido aquella noche” – y ese episodio también, en cierto modo, viene de fuera, debido a la importancia probatoria que adquirió con posterioridad.

A partir de estas reflexiones, debería quedar claro que la sección entera no resulta ni del recuerdo ni de la intensidad de sus sentimientos sobre los episodios de hace cuatro años: ha sido armado en una construcción, no una descripción y desde luego no un registro. Por supuesto cada obra de cualquier tipo es una construcción, una construcción literaria, aunque solo sea por selección. Pero se elige una construcción literaria por su idoneidad para expresar la historia, ya sea realidad o ficción, de la mejor manera o la más apropiada. Esta sección del libro de Kate McCann es algo bastante diferente: elocuentemente, ella nunca “se expresa” en absoluto.

Las únicas interpretaciones de esta extraordinaria sección que parecen tener sentido son, primero, aquellas que probablemente son familiares a sus abogados penalistas: que sufrió una amnesia traumática aquella semana como resultado de la pérdida de su hija o por alguna razón preexistente y ha tenido que reconstruir el periodo por fuentes externas; o que todavía es incapaz, a pesar de sus propias suposiciones, de enfrentarse realmente a los hechos de la época.

Hay, por supuesto, una tercera: que ella ve aquella semana como una “zona potencialmente peligrosa”, un mar lleno de tiburones en el que se debe mover con enorme cautela, sus únicos refugios seguros, la isla de la justificación a posteriori y su indudable amor por Madeleine, por muy extrañamente que lo haya recordado.

¿Podemos ir más allá y decidir cuál de las tres podría ser la correcta? Una forma de hacerlo es recordar esas palabras de apertura:

“...He luchado por mantenerme entera y entender cómo se ha permitido que tales injusticias (las medias-verdades etc. descritas anteriormente) hayan permanecido incontestadas una y otra vez. Me he tenido que repetir: Yo sé la verdad, nosotros sabemos la verdad y Dios sabe la verdad. Y un día, la verdad se descubrirá.”

¿“Peligroso” o meramente “polémico”? De cualquier modo, la forma en que Kate maneja las áreas del caso que han provocado tantos comentarios y debate, y cuanta luz arrojará su búsqueda de la verdad sobre ellos puede ayudarnos a decidir qué interpretación se ajusta mejor.

Dejando aparte toda la cuestión del estado del apartamento a las 22h00 el 3 de mayo, un tema que ahora podemos estar bastante seguros que la Sra. McCann no va a tener nada nuevo que decir, estas áreas polémicas se reducen a tres episodios: la decisión de no utilizar una niñera, la presunta visita de David Payne a su apartamento la tarde del 3 de mayo y los notorios problemas del “timeline” de aquella noche.

La Decisión de la Niñera

La decisión provoca una serie de preguntas que en teoría, y para una persona que no tiene nada que ocultar, deberían ser bastante fáciles de contestar: ¿quién exactamente fue el primero en sugerir que el grupo debería vigilar a los niños y cuándo? ¿Qué postura tomó, un colaborador nato, Gerry McCann? ¿Qué se acordó sobre controlar a los niños de las otras parejas y qué disposiciones, llaves, puertas abiertas, etc., se tomaron en el grupo para permitir de los demás la entrada en sus apartamentos? Y ¿discutieron o evaluaron los riesgos de tal procedimiento antes de tomar una decisión?

El Dr. Payne siendo ingenioso en su entrevista rogatoria
En las entrevistas rogatorias el asunto fue tratado como “terreno peligroso”. El grupo dio respuestas vagas y contradictorias a algunas de las preguntas pero se mantuvo firme al afirmar que la decisión de controlar a sus hijos había sido una decisión “colectiva”. Sus respuestas, junto con sus declaraciones ante la policía, demostraron que había habido un intento de construir un caso legal sólido contra cualquier cargo por negligencia que surgiera de los controles, después de que la niña había desaparecido.

Ese caso, desarrollado de manera explícita a la policía por David Payne, era superficialmente ingenioso: Mark Warner, utilizaba “controles auditivos” en la mayor parte de sus resorts, con personal que escuchaba en las ventanas de los huéspedes cada media hora buscando signos de desvelo o angustia: averiguando que Mark Warner no utilizaba el sistema en Praia da Luz, el grupo puso en marcha un sistema que seguía los intervalos de media hora de la empresa; de hecho, Payne y los demás, aparentemente con cara seria, dijeron que era mejor que el sistema de Mark Warner porque también había controles visuales en el interior de los apartamentos; por lo tanto solo podían ser culpables de negligencia si Mark Warner era procesado por el mismo delito en todos sus resorts.

Por supuesto hubo todo tipo de problemas con esta afirmación, sin mencionar que sonó mucho a nuestra vieja amiga preparación a posteriori y apestaba a discusión legal urgente después de la desaparición de la niña, no antes. Era todo demasiado cuidado, especialmente cuando los cuatro miembros del grupo que absurdamente habían afirmado que los controles eran cada quince minutos –eso hubiese sido un zumbido de movimientos en el restaurante Tapas- en sus declaraciones del 4 de mayo comenzaron a virar sus afirmaciones hacia la marca de la media hora. Sin embargo, era difícil de refutar a menos que la policía pudiera averiguar si dicha planificación, tan elaborada y concienzuda, realmente había tenido lugar al principio de las vacaciones en lugar de después. Sin embargo, los nueve del grupo, se negaron o claramente fingieron no recordar quien dijo qué y cuándo, repitiendo solo que fue una “decisión colectiva”.

Pero ¿por qué estría la policía, portuguesa o británica, tan preocupada por una posible negligencia como para intentar desmontar su historia a la vista del terrible desastre que había sufrido el grupo? ¿Realmente importaba lo suficiente como para que la policía de Leicester aun estuviera intentando averiguar el origen de la decisión en abril de 2008?

La respuesta es no, no importaba. Lo que importaba –y aquí el tamaño de la fosa que los Tapas 7 (no los 9) se estaban cavando comienza a verse clara- era algo mucho más importante: claramente el grupo no estaba contando toda la verdad pero ¿era simplemente para eludir el temido tema de la negligencia? Si no estaban dispuestos a ser completamente sinceros sobre eso, incluso un año después, ¿cuán honestos fueron y podría estar ocultando algo mucho más siniestro?

Esa pregunta, con todas sus implicaciones, sigue abierta e incontestada hasta la fecha, provocando un gran debate en Internet y, sin duda, algunos expedientes abiertos en la comisaría de Leicester. Algo que da mucho que pensar –y aquí nuevamente vemos el tamaño de la fosa- es que aparentemente ni uno solo de los Tapas 7 se ha presentado después de cuatro años y dicho a la policía inglesa, “Mira, estábamos preocupados; por supuesto que el tema de la “decisión colectiva” fue una postura pero una comprensible, no una siniestra. ¿No podemos empezar de nuevo y aclarar esto?”

Por supuesto es posible que uno de ellos lo haya hecho; si es así no se lo ha dicho a Kate McCann. Su contribución a desestimar rumores sin fundamento en esta sección de ‘Madeleine’ puede sonar ligeramente familiar:

“Al estar el restaurante tan cerca decidimos colectivamente llevar a cabo nuestro propio sistema de vigilancia a los niños” – seguido, sin más detalles, de una página entera de prolija y defensiva auto-justificación, una vez más familiar por sus entrevistas anteriores.

La Visita de David Payne - ¿Varios Mundos?

La visita, el “último avistamiento” de Madeleine McCann por alguien ajeno a la familia, sigue siendo muy controvertida y ha sido objeto de un exhaustivo debate en Internet y otros lugares.

Las preguntas al respecto se suscitan desde el principio ya que no fue mencionada por David Payne, Gerry o Kate McCann en sus testimonios iniciales, a pesar de sus repetidas afirmaciones en el libro de que le había dicho “todo” a la policía. La primera referencia llega, extrañamente, no de ninguno de los individuos implicados sino de Gerry McCann, en su declaración del 10 de mayo.

“David fue a visitar a Kate y a los niños y regresó cerca de las 19h00, intentando convencer al declarante que siguiera jugando al tenis, a lo que él se negó.”

Tenga en cuenta la locución inicial, “David fue a visitar a Kate y los niños”: no se menciona ninguna razón para la visita. Desgraciadamente la PJ no oyó lo que los protagonistas tenían que decir: ni Payne ni Kate McCann estuvieron presentes para esa segunda ronda de entrevistas. Kate había llorado por la tensión; cómo evitó Payne el interrogatorio no está claro. Sea como sea, el resultado fue que la policía portuguesa no recibió información sobre esta visita de uno de los participantes hasta que Kate McCann fue interrogada más de cuatro meses después, el 6 de septiembre de 2007. Y aun no tenía una declaración de Payne, de hecho, no fueron capaces de comparar su versión con la de Kate McCann hasta el momento de su entrevista rogatoria en abril de 2008.

La declaración de Kate McCann el 6 de septiembre dice así:

“Mientras los niños estaban cenando y viendo algunos libros, Kate se dio una ducha que duró sobre 5 minutos. Después de ducharse, sobre las 18h30/18h40 y mientras se secaba, oyó a alguien llamando en la puerta del balcón. Se envolvió en una toalla y fue a ver quien era. Esta puerta estaba cerrada pero no con llave ya que Gerry había salido por allí. Vio que era David Payne, porque llamó y había abierto la puerta ligeramente.”

Ahora se aparta del conocimiento directo derivado de su propia experiencia, tal como hace con frecuencia con asuntos importantes, añadiendo amablemente:

“La visita de David era para ayudarla a llevar a los niños a zona de recreo. Cuando David regresó de la playa estuvo con Gerry en la cancha de tenis y fue Gerry quien le pidió que ayudara a Kate a llevar a los niños la zona de recreo, algo que había sido programado pero que no tuvo lugar.”

Entonces, volviendo a la evidencia de oídas, concluyó:

“David estuvo en el apartamento durante unos 30 segundos, en realidad ni siquiera entró en el piso, se quedó en la puerta del balcón. Según ella él se marchó hacia la cancha de tenis donde estaba Gerry. Eran sobre las 18h30/18h40.”

Esta fue la primera aparición de la historia “Gerry le pidió a Payne…” - ¡después de cuatro meses! – y fue seguida, unas veinticuatro horas después, por la misma historia contada por Gerry en persona en su interrogatorio como arguido.

Dos semanas después, con la pareja a salvo en Inglaterra y durante ese velado y turbio periodo en que ellos y los abogados estaban utilizando a los medios de comunicación para explorar sus vulnerabilidades, Clarence Mitchell le dio al London Times una larga y cuidadosamente ideada filtración. La historia pretendía ser sobre desacuerdos entre los McCann en cuanto al grado de cooperación con la PJ pero enterrado a medio camino de la historia encontramos esto:

“Sin embargo, la semana pasada, una fuente policial dijo a un periódico portugués que los oficiales aun tenían sospechas sobre los movimientos de los McCann durante las “seis horas desaparecidas” anteriores a la desaparición de Madeleine.

Fuentes cercanas a la familia (Clarence Mitchell) dicen que David Payne, un miembro del grupo de vacaciones, vio a Madeleine metiéndose en la cama cuando visitó el apartamento de los McCann a las 19h00. Con anterioridad el último avistamiento confirmado de Madeleine era a las 14h29 cuando se tomó una fotografía suya y de Gerry en la piscina.

Kate and Gerry McCann believe Payne's testimony will be crucial in proving their innocence. They arrived at the tapas bar at 8.30PM, which would leave just an hour and a half in which they are supposed to have killed their daughter and disposed of the body.

Kate y Gerry McCann creen que el testimonio de Payne será crucial para demostrar su inocencia. Llegaron al Tapas bar a las 20h30, lo que dejaría solo una hora y media en la que se supone mataron a su hija y ocultaron el cuerpo.

Una fuente cercana al equipo legal (esta también era Mitchell) dijo: “Si fuesen responsables de matar a su hija, ¿cómo pudieron hacerlo y ocultar el cuerpo en ese tiempo? Hay una ventana de oportunidad muy limitada.””

Así que la historia se había desarrollado aun más. Tenga en cuenta que Payne en persona, después de casi seis meses, aun no le ha dicho a la policía portuguesa absolutamente nada sobre la visita. La única referencia a ella que parece haber hecho llega en un curiosamente insatisfactorio e-mail de la policía de Leicester a sus homólogos portugueses acompañando algunas declaraciones remitidas. El Detective Marshall escribió que Payne había declarado de manera informal:

“…que vio a Madeleine, por última vez, a las 17h00 (probablemente un error por las 7PM) el 3/05/07 en el apartamento de los McCann. También estaban presentes Kate y Gerry. No indicó el motivo por el que se encontraba allí ni lo que estaba haciendo. Tampoco puede indicar cuanto tiempo se quedó.”

¡Bueno!

Por tanto, la situación, era que la versión de Payne de esta visita todavía estaba abierta, y por así decirlo, en juego. Pero no aun y por supuesto no para jugarse a través de los periódicos por los McCann y su portavoz. Tal como podemos ver por su ingeniosa defensa de los “controles” Payne tiene instinto para mantener sus opciones abiertas. Las afirmaciones quedaron así, sin refutar, durante varias semanas y tal vez había esperanza de que reflejara la aquiescencia de Payne en la historia y la alteración del programa. Improbable.

A finales de octubre, extrañamente en la misma fecha que el Detective Marshall envió su e-mail junto con la declaración de los Gaspar a Portugal, hizo el movimiento extremadamente raro de comunicar él mismo a través de los periodistas, hablando efusivamente al Daily Mail sobre Kate McCann y su falta de problemas con sus hijos (código para los medios: no, no estaba chiflada o suficientemente estresada para haber golpeado a la niña y haberla matado accidentalmente). Pero ahora las 19h00 estaba sólidamente en circulación: en ese mismo artículo Mitchell y los McCann tuvieron que recular, afirmando ahora “David Payne vio a Madeleine sobre las 18h30.” Queda claro.

En abril de 2008, poco menos de un año después de la desaparición de la niña, David Payne finalmente se vio obligado a hablar sobre la visita, en una declaración ante la policía de Leicester como parte de las entrevistas rogatorias. Los representantes de la policía portuguesa vieron el procedimiento televisado tras una pantalla. Si resonó una carcajada lusitana de incredulidad desde su punto de vista privilegiado no se ha hecho público, pero Payne y Kate McCann no solo parecían estar en visitas distintas sino en planetas distintos.

P: Bien, ¿En qué momento le dijo Gerry que fuese y, te importaría echarle un vistazo a Kate?

DP: Yo tenía que volver a mi apartamento, ya sabes, para ponerme algo adecuado para jugar al tenis y, err, así que él sabía que yo tenía que pasar por allí así que dijo oh por qué no err, ya sabes, echas la cabeza de camino, de camino hacia allí… (no detalla la razón de la visita).

KM otra vez: La visita de David fue para ayudarla a llevar a los niños a la zona de recreo. Cuando David regresó de la playa estuvo con Gerry en la cancha de tenis y fue Gerry quien le pidió que ayudara a Kate a llevar a los niños a zona de recreo,

P: ¿Abrió usted la puerta? O ¿ya estaba abierta?

DP: Creo que ya estaba abierta

KM: Esta puerta estaba cerrada pero no con llave ya que Gerry salió por esta puerta. Ella vio que era David Payne porque llamó y había abierto la puerta ligeramente.

P: ¿Llegó a entrar en el apartamento?

DP: Lo hice.

P: ¿O mantuvo la conversación desde la puerta?

DP: No, categóricamente estaba dentro del apartamento, ya sabes, ya sea dos o tres pasos dentro o ya sabes, los que fueran, pero definitivamente estaba dentro del apartamento.

KM: En realidad ni siquiera llegó a entrar en el piso, se quedó en la puerta del balcón.

P: Bien, ahora lo que voy a pedirle es que intente recordar qué llevaban todos puesto.

DP: Me temo que eso es, ya sabes, estoy, no puedo recordarlo en absoluto. Sé que eso es, usted pensará que eso es algo obvio de recordar, no puedo recordarlo. Como digo, desde el punto de vista de los niños predominantemente puedo recordar el, ya sabes, blanco, pero no podría decir exactamente qué llevaban puesto. Err…

P: ¿Pero podría recordar por ejemplo qué llevaba puesto Kate?

DP: No, no puedo.

KM: Se envolvió en una toalla y fue a ver quien estaba en la puerta del balcón.

P: Voy a precisar y preguntarle durante cuánto tiempo cree que estuvo allí.

DP: En su apartamento, fue, fue, yo diría que tres minutos, máximo cinco.

KM: David estuvo en el apartamento unos 30 segundos.

P: Cuando terminó… ¿le comentó algo a Gerry sobre, sobre el hecho de que su familia estaba bien?

DP: Si, err sí, no lo he mencionado antes, pero sí, sí por supuesto, cuando nos encontramos le dije oh sí, ya sabes, está todo bien allí, ya sabes, probablemente algo en la línea de, ya sabes, tienes un poco más de carta blanca ya sabes, puedes seguir durante un rato más… (no detalla la razón de su visita)

KM: …le pidió que ayudara a Kate a llevar a los niños a la zona de recreo.

¿Que se puede decir? No corrobora y no coincide: puede que hubiera visitas de David Payne al apartamento 5A u otros miembros del grupo aquel día pero las declaraciones escritas demuestran que la descrita por Payne y los McCann no tuvo lugar.

¡Aguas peligrosas! ¿Qué tiene que decir Kate ahora? Muy poco. En el libro vuelve a caer en la copia de su declaración de 6 de septiembre.

“Alrededor de las seis cuarenta, mientras me secaba, hubo una llamada en la puerta del patio y oí la voz de David llamándome. Envolviéndome rápidamente en una toalla entré en la sala de estar.”

Pero ahora usa palabras que no están en la declaración: “David había echado la cabeza por la puerta del patio buscándome,” lo que muy hábilmente intenta resolver la discrepancia puerta abierta/cerrada así como ensombreciendo otra pregunta - ¿dentro o fuera de la puerta? ¡Ni lo uno ni lo otro! Estaba en la entrada, echando la cabeza.

Habiendo sumergido los dedos de los pies, rápidamente da marcha atrás al terreno mucho más seguro de lo que habían dicho los demás:

“Los demás se habían encontrado con Gerry en la cancha de tenis y él mencionó que estábamos pensando en llevar a los niños a la zona de recreo. David se había pasado para ver si podía echarme una mano para llevarlo. Al estar preparados para ir a la cama y parecían contentos con sus libros, decidí que probablemente ya no necesitaban más actividades. Así que volvió al tenis mientras yo me vestí rápidamente y me senté en el sofá con los niños.”

Uno se pregunta qué abogados estuvieron implicados en el párrafo “echando la cabeza” porque, al alterar su declaración, Kate McCann ha proporcionado pruebas internas de que está intentando encubiertamente suavizar las inconsistencias que son peligrosas para ella más que intentando arrojar luz sobre la verdad tal como prometió hacer. Oh, y la parte sobre Payne quedándose solo treinta segundos de alguna manera ha deaparecido.

Las Noticias de las Nueve

Finalmente, con toda seguridad la Sra. McCann no va a entretenerse en la noche del 3 de mayo y los acontecimientos anteriores a las 22h00 son despachados en dos páginas, en una inexpresiva recitación de su declaración, comenzando con, “Gerry salió para realizar el primer control antes de las 21h05 por su reloj.”

¿Por su reloj? ¡Tan cerca del final y más pausa para pensar!

Gerry no mencionó haber mirado su reloj y tomado nota de que eran las 21h04 hasta las desesperadas horas de su declaración como arguido en septiembre, y por una buena razón: no podía ser verdad.

Sabemos que estuvo activamente implicado en la preparación de los dos timelines del “libro infantil” en el apartamento 5A la noche del 3/4 de mayo, un tema sobre el que Kate es comprensiblemente silenciosa. No es sorprendente que la persona que escribió esos timelines, Russell O’Brien, fue casi igual de tímido sobre su preparación cuando fue entrevistado por la policía de Leicester, declarando que había olvidado su existencia.

Sin embargo, al ser interrogado, comenzó a recordar y confirmó no solo su propio papel sino el de David Payne y Gerry McCann en su preparación – mientras tenía lugar la búsqueda y el alboroto a su alrededor y a solo unos metros de Kate. Sin duda, si a Kate McCann se le hubiese ocurrido preguntarse por qué uno de los libros de Madeleine había sido destrozado y echado un vistazo a los timelines escritos en sus tapas habría visto “21h20 Jane Tanner controla el 5D, ve a un extraño transportando una criatura.” Aparentemente no lo hizo, no enterándose del avistamiento, según nos han dicho, hasta mucho más tarde.

¿Entonces dónde están las 21h04?

O’Brien fue vago y no concluyente sobre el papel exacto que cada uno de tres despeñó en su preparación pero sin embargo se estableció que Gerry McCann había estado implicado en ambas versiones y que la segunda – marcada “Gerald” por lo que difícilmente podía negarlo – incluía correcciones suyas.


Ni aquí tampoco

La primera página que preparó el trío afirma que Gerry salió para hacer el control a las “21h10/21h15. La segunda, corregida por Gerry, cambia esto a las “21h15”. No hay mención de las 21h05, menos aun de las 21h04. Que la alteración era parte de un proceso en el que casi todas las horas de los controles fueron sistemáticamente trasladadas más o menos cinco minutos para acomodar los conflictos, no solucionables de otro modo, entre la presencia de Gerry McCann en el apartamento 5A y el avistamiento de Jane Tanner directamente fuera, no nos concierne aquí. Lo que importa es la evidencia interna de los documentos en cuanto a la verdad: Gerry McCann no podría haber permitido que ninguno de los documentos pasar sin corregir si de hecho había mirado su reloj a las 21h04 cuando salió a hacer su control. Los documentos muestran que la afirmación sobre el reloj, hecha por primera vez después de los acontecimientos, es una invención.

Y así llegamos al control de Kate de las 22h00, para leer las sobras frías de sus declaraciones anteriores y entrevistas. Con eso la tensa y artificialmente construida narrativa de esta sección puede llegar a su fin, para ser sustituida de inmediato – y casi con una sensación de alivio – por una acción salvaje, de puñetazos y gritos.

La parte que tiene por objeto describir la última semana conocida de Madeleine es un memorial tristemente indigno para una pequeña y desafortunada criatura. Como registro histórico ‘Madeleine’ de Kate McCann es, como hemos visto, egoísta y activamente resistente a la verdad. No tiene ningún valor.

©Traducción de Mercedes