martes, 3 de agosto de 2010

Otro lugar, otra época


EXCLUSIVA para mccannfiles.com

By Dr Martin Roberts
2  de Agosto de 2010

ANOTHER PLACE AND TIME
OTRO LUGAR, OTRA ÉPOCA


El lugar, un sólido establecimiento de clase media de la Wiltshire Victoriana. La fecha viernes, 20 de junio de 1860. El cabeza de familia, Samuel Kent, duerme con su segunda mujer en su dormitorio de la primera planta. Tres de los niños pequeños y la niñera interna Elizabeth Gough también se han retirado a descansar. Varios hijos mayores de un matrimonio anterior, incluido un hijo adolescente y una hija, están instalados en el piso de arriba. A las 5 de la mañana del sábado, la niñera se da cuenta que uno de los niños pequeños, Saville Kent (3 años y 10 meses), no está en su cuna, pero asume que se lo ha llevado su madre a su propia cama. Después de un par de horas es desengañada de su suposición y comienza la búsqueda del niño desaparecido.

Sin ninguna señal inmediata de Saville, llama la atención una ventana abierta de una sala de la planta baja. La suposición de que un intruso se ha fugado con el niño consigue rápidamente un apoyo generalizado. Hasta que, el cuerpo del niño es encontrado depositado al fondo de una letrina exterior.



En este punto las habilidades de investigación y narrativa de la autora Kate Summerscale deben ser plenamente reconocidas. Su publicación de 2008 “The Suspicions of Mr Whicher o The Road Hill House Morder” (El asesinato de Road Hill) es la única fuente de esta historia así como las citas que siguen, la primera de ellas tomada del The Morning Post de 10 de julio de 1860:

“…a pesar de todas estas santidades proverbiales, acaba de cometerse un crimen que en cuanto a misterio, complicación de probabilidades y absurda maldad, no tiene paralelismo en nuestros archivos criminales… la seguridad de las familias y el carácter sagrado de las casas inglesas demandan que no se permita que este asunto descanse hasta que la última sombra de su oscuro misterio haya sido perseguida por la luz de la verdad incuestionable… El secreto reside en alguien que estaba entre… deben ser responsables colectivamente de este misterioso y terrible hecho. Ninguno de ellos debería ser soltado hasta que el misterio se aclare… uno (o más) de la familia es culpable.”

Dada la gravedad del crimen y las misteriosas circunstancias que las que se había cometido, los magistrados locales consideraron adecuado solicitar ayuda al Ministerio del Interior. A pesar de la renuencia inicial, llegado el 14 de julio, fue asignado al caso el Detective Inspector Jonathan Whicher de la Policía Metropolitana.

Un experimentado miembro de la guardia civil y destacado representante del recién establecido cuerpo de detectives, “Jack” Whicher no era un policía habitual, incluso para la época en la que vivió y trabajó. Incluso siendo tan poco atractivo físicamente, su eficacia como detective fue material de leyenda. De hecho, fue la base de la ficción detectivesca posterior. En uno de sus primeros informes al Comisionado Sir Richard Mayne sobre este caso, Whicher escribió sobre la ventana de la sala:

Esta ventana que tiene unos diez pies de alto, llega a unos pocos centímetros del suelo y se dirige hacia el césped de la parte de atrás de la casa, se abre levantando el marco inferior, que se encontró levantado sobre unos seis centímetros en la parte inferior. Estas contraventanas se encontraban aseguradas con un barrote interior, por consiguiente no se podía entrar desde el exterior… por lo tanto, estoy bastante convencido que las contraventanas meramente fueron abiertas por uno de los habitantes de la casa, para apoyar la suposición de que el niño había sido robado.”

De acuerdo con la interpretación documentada de Whicher, Summerscale informa a sus lectores que “Al principio Samuel (Kent) hizo todo lo posible para apartar a la policía de las habitaciones de su familia y sirvientes. Al igual que Elizabeth Gough, insistió que un extraño había asesinado a Saville.”

El “olfato” del D.I. Whicher lo llevó a una conclusión bastante rápida. Estudiando tanto las pruebas, tal como eran, como las características de la conducta de los distintos miembros de la casa de Kent, el 20 de julio informó sobre sus sospechas a los magistrados de Wiltshire, que a su vez requirieron que arrestara al sospechoso en cuestión; una acción que inevitablemente iría en contra de los principios de la sociedad Victoriana con su cacareada fe en la familia el orden social.

A través de astutas investigaciones de antecedentes, Whicher había obtenido una reveladora fusión de referencias personales, pero más pruebas físicas inmediatas, que él sabía habían sido una característica del crimen, era llamativo por su ausencia, concretamente un camisón aparentemente ignorado. “Entonces al igual que ahora, muchas pistas estaban literalmente hechas de tela – los criminales podían ser identificados por pedazos de tela.”

De forma frustrante para Whicher y el resto del mundo, fue precisamente esta omisión, junto con los elocuentes llamamientos del representante legal del acusado, el letrado Peter Edlin, lo que hizo que los Magistrados optaran por no enjuiciar al sospechoso después de todo. El acusado había resistido e inesperadamente estaba bien posicionado para explotar la situación. Summerscale describe un precedente relevante así:

“Madeleine Smith había demostrado que siendo astuto e inamovible una asesina de clase media podría convertirse en una figura de glamour y misterio, una especie de heroína. Y si hubiera mantenido la calma tal vez nunca hubiera sido capturada.”

La situación rebotó contra Whicher directamente, tal como explica nuevamente Summerscale.

“El 15 de agosto... Whicher fue denunciado en el Parlamento. Sir George Bowyer, el portavoz de los Católicos en la Cámara de los Comunes, se quejó sobre la calidad de los inspectores de policía británicos, utilizando a Whicher como ejemplo. Dijo: “La reciente investigación con respecto al asesinato de Road ofreció pruebas evidentes de la incapacidad de algunos de los oficiales”.

Y no paró ahí.

“Se enviaron Peticiones al Ministerio del Interior pidiendo una comisión especial para investigar el Asesinato de Road – un abogado de Bath fue designado para llevar a cabo una “investigación”.”

The Suspicions of Mr. Whicher (El asesinato de Road Hill) es un libro extraordinario, que trata de un hecho histórico extraordinario y no sería apropiado revelar el desenlace de la historia aquí. Sin embargo, basta decir que “lo que va vuelve”. Hubo un escarmiento y Summerscale pudo con posterioridad informarnos:

“The Somerset and Wilts Journal recordó a sus lectores la ‘despiadada y casi universal... censura’ de la que había sido objeto este ‘capacitado y experimental’ oficial (Whicher)”.

El Arte refleja la vida –refleja arte- y Summerscale incluye repetidamente ejemplo de la influencia que este caso real tuvo sobre el desarrollo de la ficción detectivesca posterior.

“En “The Moonstone” al igual que Road Hill, la fuente original del crimen fue un mal cometido en un generación anterior: los pecados del padre recayeron sobre los hijos como una maldición.”

En su epílogo de la edición de bolsillo, Summerscale postula, con alguna justificación, que Samuel Kent, el padre, ya estaba “tramando el primer libro sobre el asesinato de Saville Kent” el invierno de ese mismo años, 1860.

¿No fue Aristóteles quien opinaba que solo había siete narrativas básicas?

Traducción de Mercedes