lunes, 12 de diciembre de 2011

Caso Madeleine McCann: THE EXCEPTION TESTS THE RULE – LA EXCEPCIÓN CONFIRMA LA REGLA


EXCLUSIVA para mccannfiles.com

Por Dr. Martin Roberts
09 Diciembre 2011

THE EXCEPTION TESTS THE RULE – LA EXCEPCIÓN CONFIRMA LA REGLA


Si uno debe albergar la creencia de que solo hay cisnes blancos, el modo más seguro de confirmar la idea no sería registrar cada encuentro con un cisne blanco, sino investigar la posibilidad de que en algún lugar hubiera uno negro. La hipótesis original es válida mientras no existan excepciones conocidas. Así es como procede la ciencia; investigando esas excepciones que ponen la sabiduría convencional a prueba.

Los McCann son considerados por muchos padres convencionales, incluso durante su visita primaveral del 2007 al Algarve portugués, cuando su hija Madeleine desapareció repentinamente. Personas normales puesta en circunstancias extraordinarias. Los experimentos de las Ciencias Sociales suelen ser llevados a cabo sobre muestras de una población u otra, donde las leyes de la estadística pueden ser significativamente empleadas para analizar los resultados. Las generalizaciones a partir de resultados individuales son poco informativas en ese sentido, pero si el foco de atención es el individuo, entonces se aplican consideraciones diferentes. Por lo tanto, hay preguntas relacionadas exclusivamente con los McCann, derivadas de su comportamiento en el momento del presunto secuestro de su hija y desde entonces, que son tanto legítimas como deseables.

 


Que uno considere que es “jugar a ser abogado del diablo” ver a los McCann como inocentes a todos los efectos es probablemente una cuestión de opiniones. Sea como fuere, a efectos de comparación, inocencia es una “referencia” de clases. Uno podría argumentar, por ejemplo, que cualquier inconsistencia presentada durante las primeras versiones personales de los acontecimientos, son explicables solo términos de un temor ocasionado por la ansiedad de la inocencia, verse atrapado en algo tan serio que incluso la persona más inocente podría sucumbir a una leve paranoia ante un interrogatorio y “mezclar” las cosas como consecuencia de ello.

Eso era entonces – hace cuatro años. En el ínterin lo hemos oído reiterado, una y otra vez por los propios McCann, que “no hay pruebas de que ellos estuvieran involucrados en la desaparición de su hija”. Carter-Ruck Abogados, representando a los McCann, han hecho declaraciones similares en su nombre; declaraciones que, en ausencia de cualquier dato puro y duro en contra, podría ser interpretado como consolidación de su inocencia. Los observadores de el caso sin duda recordarán la lucha de Gerry McCann por contenerse a las puertas del Tribunal de Lisboa mientras dejaba absolutamente claro a los representantes de los medios de comunicación reunidos que esta era sin lugar a duda “la conclusión del proceso”.

Por supuesto sabemos que esta no fue la conclusión pero, dado que Gerry (y presumiblemente Kate) cree que este ha sido el caso, predice algo de su conducta posterior, es decir, que con la confirmación de su inocencia debería llegar una liberación de su ansiedad, de sus obras, verbales o de otro tipo, deberían de estar libres de contradicción. Cada una de sus interacciones personales debería por lo tanto ser un “acto de inocencia”, por ejemplo, la búsqueda de su hija desaparecida, defendiéndose contra el injustificado abuso verbal de los medios de comunicación y otros, presionar para conseguir una revisión del caso, etc. Pero estos son todos “cisnes blancos”. También lo es decir la verdad. A menos que debieran hacer lo contrario.

Avanzando rápidamente a 2011 y la publicación del libro de Kate McCann, “Madeleine”, predicho por uno de sus vociferantes familiares políticos como siendo “veraz y mordaz”. Bueno es mordaz, y muchas otras cosas. También contiene al menos una afirmación que no puede ser cierta.

Teniendo en cuenta que “Madeleine” fue una obligación auto-impuesta, no algo concebido por la fuerza, el factor de la “ansiedad de la inocencia” no puede ser invocado para explicar por qué Kate McCann obstinadamente describiría una imposibilidad cuatro años después de los acontecimientos en cuestión, y a la luz de todas las pruebas reunidas durante la investigación policial; pruebas a las que ella misma ha dedicado horas a estudiar con sumo cuidado (o por lo menos eso es lo que nos han dado a entender) (Ver artículo “Bunkered”).

Más recientemente hemos visto a los McCann apareciendo como “participantes destacados” en una investigación Judicial; no sobre las circunstancias que rodearon la desaparición de su hija mayor, tal como podría haber supuesto un oyente furtivo (fisgón) de la mayor parte de su testimonio, sino por las indiscreciones por parte de la prensa de Reino Unido. Esta aparición, igual que el libro, fue una herida auto-infligida. Los McCann no fueron “citados a comparecer”, sino que se presentaron, como víctimas inocentes del acoso de la prensa. Y fue durante el examen del abogado de su testimonio que ocurrió algo bastante extraordinario. Kate McCann cometió perjurio. Lo que es un más sorprendente es que el falso testimonio que realizó bajo juramento es fácilmente demostrable por lo que es. (Ver artículo, “You Can Bet on the Law”)

Al decirle a Lord Justice Leveson y otros que “no había fluidos corporales” descubiertos en el espacio de la rueda de repuesto del coche que alquilaron con posterioridad a la desaparición de Madeleine, Kate McCann no estaba poniendo en tela de juicio la atribución de ninguna muestra de ADN obtenida del escrutinio de vehículo en cuestión, sino si tal muestra había existido en absoluto. Ahora bien, la posibilidad de que un experto del FSS describa con cierto detalle a la Policía de Leicestershire los resultados, de un análisis llevado a cabo sobre una muestra inexistente es en extremo remota. Y dado que una copia de esa correspondencia se encuentra en el mismo expediente que Kate McCann había afirmado haber estudiado en cierta profundidad, hace que su dogmática declaración sea aun más bizarra.

Así que, cuatro años después de un periodo extremadamente tenso y estresante, tiempo suficiente para que las ansiedades personales iniciales hubiesen disminuido (y con esto no quiero decir ansiedades con respecto a su hija desaparecida sin sobre su(s) papel(es) percibido en su desaparición), Kate McCann, afirmando previamente su inocencia, o eso parece, exhibe una conducta que contradice exactamente esa conclusión, no una sino dos veces, y ante el resplandor de la luz pública. La inocencia no está asociada ni con la mentira ni con el perjurio.

Los cisnes se aparean de por vida, creo. Un par negros acabo de volar en lo alto.

©Traducción de Mercedes