viernes, 14 de agosto de 2009

Caso Madeleine McCann - UN TUFILLO A ESCÁNDALO

McCann Files

EXCLUSIVA para mccannfiles.com

Por el Dr Martin Roberts

13 Agosto 2009

UN TUFILLO A ESCÁNDALO


Una semana es mucho tiempo en Política y, en nuestra era de rápida evolución de la información, en el caso de la desaparecida Madeleine McCann. Los asuntos tratados, declaraciones realizadas, argumentos aquí y allá, son todos ocultados demasiado fácilmente en la noche de los tiempos. No obstante una mínima aclaración de cuando en vez puede venir bien.

Si siendo controvertido un tema en concreto, básicamente debido a la falta de claridad por parte de algunos comentaristas. Y mientras reina la confusión hay otros demasiado contentos de poder esconderse detrás de la cortina de humo resultante. Es el momento oportuno para re-visitar el tema de la implicación canina. Digo re-visitar, ya que ha sido un factor abordado con anterioridad en uno de mis artículos (“Goldilocks”, publicado originalmente en Ripperana, Nº 66, de octubre de 2008).

Uno puede deducir, por lo que los McCann y otros han dicho, que Madeleine no era obligada a dormir en su propia cama. Sobre la base de Locard’s Principle (Todo contacto deja un rastro – la premisa fundamente de la ciencia forense, y una para la que Madeleine McCann no fue una excepción), podríamos razonar que pruebas residuales de la existencia de Madeleine se encontrarían depositadas en los objetos con los que estuvo en contacto, ejem. ropa, cama, incluso su peluche favorito; una deducción en consonancia con Kate oliendo el “cuddle cat” en las ruedas de prensa a través de toda Europa.

Se debemos creer que era el olor de Maddie el que Kate ansiaba (por lo menos hasta que decidió lavar el juguete), entonces el olor de Maddie, si se quiere, es un denominador común suficiente del contacto con la niña, y por lo tanto vincula el “cuddle cat” con el dormitorio de los padres en el apartamento 5A, la terraza, varias prendas de ropa de Kate y, sobre todo, con el Renault Scenic alquilado. Todos estos objetos fueron “señalados” por el mismo perro.

Son dos los factores que de forma conjunta hacen de esta relación de situaciones una mala señal: El hecho de que al perro no le ofrecieran algo de Madeleine para oler de antemano, y la naturaleza del olor que fue entrenado para detectar, antes de que llegara a Portugal.

Inmediatamente, a ojos de algunos, uno se encuentra con la pregunta de la fiabilidad.

Yo, por mi parte, no tengo experiencia en el entrenamiento o manipulación de perros, más que otros que son rápidos para contradecir lo que parecen decirnos. Yo, no obstante, sí tengo una amplia experiencia como homo sapiens, y es entre estas especies que uno debería buscar evidencia de error.

Lo primero es lo primero. Los perro(s) bajo consideración son animales de “primera división” desde el principio. Cualquier candidato que muestre signos de ser voluble, perezoso, o no adecuado de algún modo para la tarea es simplemente descartado. No todos los perros tiene el factor X. Dicho esto, uno debe abordar la actitud totalmente contradictoria, no de los perros, sino de sus auto-nombrados jueces.

Es revelador cómo la sociedad aplaude el empleo de perros pisteros especializados cuando intentan rescatar a aquellos enterrados bajo avalanchas de nieve (o de hormigón, tras un terremoto) así como otros entrenados para detectar explosivos plásticos, drogas, etc. Estas son todas aplicaciones patentemente “positivas” que trabajan en defensa de aquellos que están amenazados, ejem. el público en general. Ipso facto la capacidad de los perros es aceptada como superior a la humana. No obstante, tan pronto como el perro es empleado de un modo que podría tildarse como incriminatorio, aparece el antropomorfismo, e inmediatamente los verdaderos expertos en la materia son enfrentados a tener que defenderse ellos mismos y a sus perros contra acusaciones, veladas o no, de falta de fiabilidad, errores e incompetencia.

Los jueces afirman públicamente y sin lugar a ninguna duda que ellos no aceptan la prueba de los perros por encima de la de un ser humano. Otros han sugerido una verificación a través de la electro-mecánica u otros medios. Sin embargo, la reacción refleja más flagrante y mal-informada, viene de aquellos que simplemente “lloriquean”, sugiriendo que el perro tiene que haberse equivocado. Es casi desconcertante la cantidad de nudos lógicos a los que la gente está dispuesta a atarse solo para defender una posición privilegiada, y al mismo tiempo casi arrogantemente buscan eliminar cualquier concesión de la superioridad del animal.

Deberíamos ser perfectamente claros en cuanto a la existencia de consistencia a este respecto. Uno no puede reconocer la superioridad, incluso la superioridad animal, por una parte, y después buscar inmediatamente la cualificación a la primera señal de inconveniencia.

En términos de perros especializados en detectar olores específicos, no puede haber discusión. El olor o bien está presente o no lo está. El perro ni se equivocará ni inducirá a error, tal como es demostrado concluyentemente con experimentos llevados a cabo por la Policía en Rotterdam (a los cuales volveremos luego). En el caso de un perro EVRD tal como el Spaniel “Eddie”, entrenado para encontrar fuentes (no necesariamente originarios) de cadaverina humana, una reacción señala la presencia en las inmediaciones, históricamente en la actualidad, de restos humanos. No puede esperarse que el perro identifique el cadáver en cuestión.

Las siguientes declaraciones forman el cuerpo de una comunicación personal de la BBC, y revelan exactamente la clase de idea errónea a la que la gente está dispuesta a recurrir para justificar la dotación de las barricadas.

“El programa (Donal Maclntyre en la BBC Radio 5 Live)... también fue un examen de la fiabilidad de los perros pisteros en general. El programa también habló con un entrenador que admitió que sus perros sí que se equivocaba en algunas ocasiones.

“Se apuntó específicamente que Eddie está entrenado para encontrar restos, y Keela para encontrar sangre; hubo referencias a otro tipo de perros pisteros porque en última instancia, no importa para lo que el perro está entrenado para detectar, hay confianza en el entrenamiento que han recibido – es una variable.

“Se cree que el trozo de “hueso” encontrado por Eddie en Jersey no es en realidad un hueso, lo que indicaría que hay algo de margen para el debate sobre su fiabilidad. Sin embargo fue apuntado que Martin Grime cree que incluso si el “hueso” no es real, Eddie podría haber detectado el olor de restos en la zona.

“La alta dirección de BBC News han sido alertados de sus preocupaciones...”

¿Debería sorprendernos que Martín Grime en persona haya expresado preocupación sobre esta interpretación caprichosa? Creo que no.

El primer párrafo anuncia que la preocupación era con los perros pisteros “en general” y que un entrenador ha admitido que sus perros se equivocan algunas veces. El autor continua diciendo: “... no importa lo que un perro está entrenado para detectar, se confía en el entrenamiento que han recibido – es una variable.” Sin duda lo es, que es por lo que, si se está escrutando la actuación de un animal en concreto, simplemente no se puede compararlo con otro de una escuela diferente. Cuidado una vez más con la arrogancia de la especies. Si se comenten errores, es más probable que sean errores de interpretación (humana) que errores de detección (canina).

Tampoco es cierto que Eddie está entrenado para “encontrar restos” y Keela para “encontrar sangre”. Cada uno está entrenado para reaccionar ante un olor en concreto. Nada más y nada menos. No tienen ningún conocimiento del objetivo implícito en sus esfuerzos. Que se oiga a Martin Grime dirigiendo sus perros diciendo “find, find” (busca, busca) de vez en cuando no contradice este hecho. Ni Eddie ni Keela hablan inglés, hasta donde yo sé.

“Se cree que el trozo de “hueso” encontrado por Eddie en Jersey no es realmente un hueso, lo que indicaría que hay algún margen para el debate sobre su fiabilidad.”

Bueno, por supuesto no indica tal cosa. Eddie no “encontró” un hueso, coco o cualquier otro material sólido. ¡Si los investigadores hubiesen desenterrado una rueda de coche nadie hubiese sugerido que Eddie había descubierto un coche! Al igual que los olores de una cocina no son representativos del mobiliario que envuelven, por lo que la atribución errónea de un olor rastreable es un error para ser para ser expuesto en la puerta del despacho, no en la residencia canina.

El siguiente extracto está tomado de una revisión comprensiva de la ciencia forense por el Dr. Zakaria Erzincliogulu (Ciencia forense – Auténticos Investigadores de la Escena del Crimen: Carlton/Sevenoaks, 2004) e ilustra perfectamente cómo aquellos con una preocupación profesional por la adecuada utilización de los perros en la aplicación de la ley, tienen un entendimiento bastante más claro de la verificación experimental y cómo obtener pruebas que sus críticos aficionados. Y en esa categoría no dudo en incluir a los miembros del Poder Judicial.

“Se entregan paños a cada una de las personas implicadas en el experimento; los manipulan y después los colocan en frascos especiales, con cada paño en un frasco separado. Los frascos son puestos en fila en la sala de experimentos y entran el perro y su adiestrador. El perro olisquea cada frasco y después identifica correctamente el frasco con el paño correcto... se mueven los frascos en ausencia del perro, que regresa con su adiestrador e identifica correctamente los paños.

“Estos resultados son muy impresionantes, pero, en mi opinión, los resultados del siguiente experimento son los más impresionantes de todos. El frasco con el paño “correcto” es retirado completamente, dejando todos los demás frascos, además de otro para mantener el número constante. ¿Qué hará el perro ahora?

“Al igual que en los otros experimentos, el perro es conducido por su adiestrador a la habitación. El perro olisquea cada frasco. Está perplejo. Empieza otra vez, olisqueando cada frasco diligentemente. Se para y mira a su adiestrador y entonces vuelve a mirar los frascos, después empieza a aullar a su adiestrador y se aleja de los frascos; sin duda siente que ha fallado en su tarea.

“Pero no lo ha hecho; ha tenido un éxito brillante, ya que el perro no ha eligido un segundo mejor, el olor más cercano al que estaba buscando. El olor o bien estaba presente en uno de los frascos o no lo estaba. Es tan simple como eso. El perro no identificará un frasco erróneo ni siquiera para contentar a su adiestrador, prefiere fallar a hacer eso.”

Este autor continúa diciendo, “Ceo que el uso de las pruebas caninas en los tribunales británicos sería un gran paso hacia adelante en la lucha contra el crimen.” Concluye el capítulo de este modo:

“Se han realizado intentos de producir una máquina –una nariz electrónica- que pueda hacer lo que hace el perro. Estas utilidades han tenido un gran éxito en la determinando si un producto alimenticio, tal como es el vino o el queso, está fresco y en condiciones de ser consumido. Sin embargo, su aplicación en la investigación criminal no ha sido demostrada todavía. Un perro es todavía la herramienta más fiable.”

Hay quienes hoy día denunciarían rimbombantemente la admisión de las pruebas caninas en un tribunal de justicia como rallantes en el escándalo. Sin embargo el hecho en cuestión en relación con el caso McCann, es que ellos están bastante más asustados de que los perros expongan un escándalo de que creen uno.

Traducción de Mercedes

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