lunes, 3 de noviembre de 2008

3 de Noviembre de 2008

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Traducción de Mercedes
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Nada que ver…

Jailhouselawyer's Blog


Prohíben a pensionistas parlanchines sentarse en los bancos del parque por ser demasiados ruidosos (The Telegraph)

Se les ha comunicado a un grupo de pensionistas que no pueden reunirse y charlar en los bancos del parque, porque su charla ha sido considerada antisocial.

Se les ha dicho a “los siete pensionistas, incluyendo a una de 96 años y su amiga quien dedicó 40 años de su vida al Servicio Nacional de Salud (NHS), que sus charlas de la hora de té son un “ruido incordiante” que molestan a los residentes cercanos.

Los directivos de la Asociación de Vecinos han advertido al grupo que los cuatro bancos de Nottingham, sur de Londres, donde ellos se sientan serán retirados si no bajan el volumen de sus conversaciones.

Los pensionistas se reúnen una vez al día para hablar sobre cosas como el tiempo, sus familias y el coste de la vida.

Ann Reddy, 69 años, que se está recuperando de un derrame y ha pasado por 45 operaciones dijo que estaba horrorizada por el hecho de ser tachada como una alborotadora.

La secretaria médica jubilada, que trabajó para el NHS durante 40 años, etiquetó las acusaciones como “increíbles”.

La pensionista, que sufre de artritis reumatoide, dijo: “¿Cómo puedo yo ser capaz de tener una conducta antisocial?”

No creo que toda esta tontería del ASBO (Orden de Conducta Antisocial) fuese una buena idea, en primer lugar porque llevaría a criminalizar la conducta humana normal.

Posted by jailhouselawyer

Comentario de Mercedes: Moraleja: Deje solos a sus hijos y vayase de fiesta, pero no permita que sus abuelos se vayan al banco de parque para charlar un rato.

Estadística: Un informe “Ayuda a tus mayores” de la semana pasada descubrió que la tercera parte de las personas mayores de 65 años en UK -3,6 millones en total- ahora viven solos y tienen muy poco contacto con sus amigos y familia.

Los últimos datos muestran que de más de un millón de pensionistas, medio millón salen de casa menos de una vez a la semana y que 300.000 se sienten como prisioneros en sus propios hogares.




Correio da Manhã

Artículo de Opinión

El caso Joana

El juicio de la eventual tortura sobre la madre de Joana está revelando episodios de una perversión que no nos deja de sorprender. Cada testimonio cae como una bomba. Después, no coincide una cosa con otra. (Inciso: Utiliza un refrán portugués: “não bate a bota com a perdigota.)

Sé que los policías no son ángeles, ni enviados de Cristo en la tierra. La profesión lo endurece, los vuelve obstinados, desconfiados, determinados y hay ejemplos en todo el mundo de enormes atrocidades cometidas por quien tiene el deber de cumplir y de hacer cumplir el respeto por la ley y la defensa de los derechos de los ciudadanos. Dicho esto, admito que cuando leí las primeras noticias sobre del apaleamiento y, de reojo, vi las fotografías exhibidas, no me costó creer que hubiera sido como fue denunciado. Un crimen tan hediondo como aquel que fue cometido puede llevar a un hombre a perder la cabeza y a cometer disparates imperdonables.

Además, ahora que llegó el juicio y se van a presentar las pruebas, la cosa cambia. La señora habría confesado que ayudó a matar a su hija en un determinado día y la paliza fue al día siguiente. Es absurdo. Oí la confesión de muchos homicidios y de otros crímenes violentos. Conozco bien como ambiente de tensión que envuelve los interrogatorios puede llegar a límites casi insoportables. Y es ahí, cuando por diversas razones, puede suceder un acto de brutalidad. Cuando todo termina, la descompresión es rápida. Tanto para el criminal como para los investigadores. Todo vuelve a la normalidad. No tiene sentido, después de que todo ha terminado, al día siguiente ir a buscar al preso y darle una tunda. Por muy macabra que haya sido su declaración. Para el policía aquello le dejó de interesas. Se acabó.

Pero, la perplejidad aumenta cuando se sabe que el informe sobre el abuso de la señora fue alterado por orden superior a fin de incriminar a la policía y la mujer no consigue recordar entre los policía aquellos que le agredieron. Tuvo que admitir. Incluso que no sabía sus nombres, una investigación aproxima a investigadores, arguidos, testigos y no es difícil el reconocimiento. Hasta son momentos que perduran durante muchos años debido a la fuerte implicación emocional que emerge de ese tipo de situaciones. Y se vuelve más perverso cuando se sabe que uno de los abogados fue introducido en el caso para perseguir a unos de los juzgados. Gonçalo Amaral era perseguido, no por este caso, sino por los agentes de la agencia de detectives contratada por los padres de Maddie. De confirmarse todo esto, no estamos ante un caso de justicia. Es una farsa hedionda que abusa del tribunal. Por las razones más horribles que también pertenecen a nuestra condición humana.

Francisco Moita Flores, Profesor Universitario