jueves, 12 de marzo de 2009

Caso Madeleine McCann - Leyes draconianas no son el modo de reformar a nuestros hambrientos medios de comunicación

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The Guardian

Según mi experiencia la auto regulación de la prensa es pobre. Pero la solución buscada por McCann y Mosley es una amenaza al interés público.

Mariella Frostrup

Max Mosley y Greta Garbo tienen algo en común, por lo menos el hecho de que ambos “quieren que los dejen en paz”. No obstante, mientras Mosley monta su defensa al derecho a la privacidad en el hecho de que se había librado durante cuatro décadas de su estilo de vida de fiestas sadomasoquistas, sospecho que una realista tal como Garbo simplemente hubiese descorchado una botella de champagne celebrando su gran triunfo por encima de las posibilidades de exposición.

Es difícil sentir lástima por Mosley, un tipo aparentemente vanidoso que considera que la preservación de su propia “dignidad” es más importante que la honestidad en su matrimonio. Sin embargo, Mosley tiene un punto – que el interés público sobre sus gustos sexuales es de escaso a nulo. Eso es por lo menos lo que queremos decir por interés público algo que hoy está mejor descrito como apetito público.

No hay duda de que debemos tener mucho estómago para ello. Qué hambre voraz mostramos a vivir vicariamente los traumas, los juicios y las tribulaciones de aquellos a quien corresponde la atención de los medios: no hay dato demasiado íntimo, ni indignidad demasiado cruel, ningún asunto privado es demasiado sagrado. Aderezado por comentarios falsos e hipócritas sentencias de una prensa no famosa por su propia moralidad intachable, saboreamos hasta el último detalle.

La ironía de las pruebas presentadas al comité parlamentario es que mientras Mosley difícilmente despierta lástima, mientras que no lo es sentirla por Gerry McCann y su esposa Kate; es imposible no empatizar con la angustia de los McCann sobre el todavía irresoluto misterio de la desaparición de su hija y simpatizar con su determinación de explorar todos los caminos para encontrarla. Indicadora de la emoción que rodea este debate fue la diputada que, después de sacudir la cabeza cuando Gerry McCann describió su experiencia con los medios de comunicación, dijo, “No sé como algunos de ellos pueden vivir consigo mismos” – mostrando lo que seguramente es una insana parcialidad.

Los dobles raseros están al orden del día. Personas poco conocidas como yo se quejan cuando un paparazzi sale de detrás de un bolardo un día que vas despeinada, pero entonces a cambio ofrecen unas fotos familiares por unas entradas gratis para ver Madagascar 2. Es un negocio sucio y pocos salen con sus principios totalmente intactos. Muchos de aquellos expuestos críticamente ante el público se quejan de no tener experiencia lidiando con la prensa, pero salvo que hayas nacido en Windsor, ¿quién la tiene?

El único modo de conseguir experiencia es cuando el foco se instala sobre ti. Quizás no sorprendentemente cuando la publicidad es buena, ante una carrera ascendente o relevante para una causa, es raro escuchar a una victima disentir. En la desesperada e implacable búsqueda de los McCann para encontrar a su pequeña niña invitaron a una manada de lobos a unirse a ellos a la mesa, y quizás parecieron sorprenderse ingenuamente de que las bestias no se contentaran con bocaditos. La orgía de titulares que se esparcieron sobre la desaparición de su hija Madeleine puede haber sido indecente, irresponsable y francamente algunas veces engañosa, pero la mantuvo en portada durante mucho tiempo después de que gacetilleros hastiados hubiesen pasado.

Gerry McCann dijo en Newsnight hace solo un par de días que la búsqueda de Madeleine todavía continuaba y que acudiría “al público cuando sintamos que necesitamos publicidad”. Parece que no ha aprendido la lección. Los medios de comunicación no se quedan sentados esperando para publicar lo que se les dice, ellos marcan sus propias agendas – no aquellos que esperan utilizarlos para su propio beneficio, por mucho que la causa valga la pena.

Ocasionalmente ambos se ponen de acuerdo y se consigue un feliz matrimonio entre las personas y la historia. Este parece ser el caso de Jade Goody. Su deseo de vivir sus últimos días antes las cámaras no debía sorprender a la audiencia…

(…)

Legislar contra el error de unos padres al exponer a sus hijos puede no ser una mala idea, pero draconianas leyes sobre privacidad protegiendo a adultos es otro tema. Tales leyes deben protegernos de periódicos llenos de tonterías sobre las vidas de completos extraños pero también protegerían a aquellos cuyas hipocresías y dudosas actividades son definitivamente de interés público.

Lo que se necesita es una prensa libre con capacidad de moderación, con razones para temer a los órganos reguladores cuando no consiguen autoregularse adecuadamente. Tristemente, según mi experiencia la Comisión de Quejas de la Prensa no causa ningún temor o inquietud cuando los periódicos se pasan de la raya. Multas, humillación pública y temor a un litigio son las herramientas mejor empleadas en la batalla contra el mal periodismo. Es una vergüenza, por lo tanto, que financiar un caso de libelo sea un negocio tan caro y arriesgado que solo algunos como Max Mosley pueden permitirse para proteger su “dignidad”. No siempre puede litigar contra la naturaleza humana, pero ciertamente puede mitigar las peores transgresiones con las herramientas adecuadas.

Traducción de Mercedes

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