jueves, 3 de septiembre de 2009

Caso Madeleine McCann - Unos cuantos fanáticos estropearán la libertad de Internet a la mayoría

Anna Raccoon

1 de septiembre de 2009

Me desperté esta mañana con la noticia que el Diputado Alan Campbell va a publicar este mes un “Plan de Acción Delito por Odio” (Hate Crime. En nuestro sistema legal añadiríamos por ejemplo: racial, religioso, social...) como respuesta a la preocupación suscitada por la utilización de Internet como vehículo de una variedad concreta de “Hate Crime”. El Subsecretario de Estado ha dejado claro su desagrado por esas “páginas Web despreciables que solo producen sufrimiento a la familia y amigos de la pequeña niña secuestrada Madeleine McCann y la difunta Jade Goody”

Desde hace mucho tiempo he sido de la opinión que el exceso desenfrenado, visible en algunas páginas Web que han cruzado la frontera de un uso razonable de la libertad de expresión para debatir temas de actualidad dentro de los límites de la difamación, (siendo la saga McCann un claro ejemplo de ello), y aquellas páginas Web que alientan la firme convicción de que solo su punto de vista es el punto de vista correcto y que no solo es la aparente reticencia de las autoridades de iniciar un procedimiento, en consonancia con esas creencias, por conspiración, sino que también deberían ser silenciadas esas voces discrepantes a través de la intimidación, amenazas y otros “trucos sucios”, al final abrirían la puerta a la regulación que limitaría a todos los usuarios de Internet y no solo a aquellos que son incapaces de aceptar el derecho de otros de mantener un punto de vista diferente.

Lamentablemente, la pequeña Madeleine McCann se ha convertido en la versión moderna de la vejiga del cerdo, siendo pateada de un lado a otro entre pandillas rivales de “howling roughs” (aullantes tipos duros) –un término utilizado para describir a descontrolados hinchas de fútbol en 1885 que eran incapaces de tolerar la existencia de seguidores de un equipo rival- y que es igualmente apropiado para describir la profundidad venal a la que algunos habitantes de los recovecos más oscuros de Internet han descendido a medida que han pasado de tener un interés –solicitado por la familia McCann- en la desaparición de la pequeña Madeleine, a creer firmemente que los padres son culpables y que recae sobre sus hombros emprender acciones tanto legales como ilegales para procesar/perseguir a sus padres en ausencia –tal como ellos lo ven- de una intervención gubernamental.

Curiosamente, no hice más que empezar a investigar los orígenes de la “violencia en el fútbol” como analogía, que me encontré con un anuncio de “Missing Madeleine” en una página Web dedicada a investigar la violencia en el fútbol – aparentemente no soy la primera persona en sospechar que pudiera haber una relación entre esas organizaciones que disfrutan de la camaradería de “asociaciones secretas” y la llamada a las armas de represalias tribales y acciones punitivas contra la “oposición” que han empañado el juego del fútbol en muchos países y algunas de las más fanáticas “Voces de Madeleine”.

Steven Pinker ha argumentado durante mucho tiempo que lejos de la idea del noble salvaje desintegrándose en la moderna corrupción humana, la violencia de hecho ha disminuido a lo largo de los siglos. Esta teoría no está de acuerdo con intelectuales tales como José Ortega y Gasset que creía firmemente que “la guerra no es un instinto, sino una invención”. Uno de los principios de las creencias de Pinker está basado en la teoría de Peter Singer de que la Evolución lega a las personas un pequeño grano de empatía, que aplican por defecto solo entre un pequeño círculo de amigos y familiares- aquellos íntimamente conocido por ellos. Con el paso del tiempo y a fuerza de de la tecnología moderna, esto ha ido abarcando círculos más grandes - el clan, la tribu, la nación, otras razas. Él diría que cuanto más sabe uno y piensa sobre otras cosas vivientes, más difícil es anteponer sus propios intereses por encima de los intereses de los demás.

La invención de Internet ha reducido ese círculo. Nos ha permitido tener un falso conocimiento de los demás. Por primera vez nos podemos comunicar desde detrás de un manto de anonimato que ni siquiera el teléfono pudo darnos. Nos parece que sabemos quiénes son “smudge” y “dibsy”, nos reunimos con ellos todos los días, hablamos con ellos, confiamos en ellos, pero no los vemos. No sabemos donde viven, ni de qué sexo son; solo los hemos conocidos a través del invisible círculo de amigos de Internet.

Como tal, parece que hemos dejado de lado siglos de “socialización y empatía” de Pinker, y vuelto a salvajes con instintos primarios con sed de sangre en la ineludible lógica de la anarquía –cualquier ser con un mínimo de interés personal estará tentado a invadir a sus vecinos para robar sus recursos, en el caso de los foros McCann- su “verdad”; la lógica de la anarquía te dice que ataques a tus vecinos primero como autodefensa preventiva

La historia de la intervención gubernamental es una razonablemente noble donde el Estado tiene el monopolio de la violencia, la venganza, la acción punitiva, llámalo como quieras, como “parte desinteresada” que puede infligir penas y eliminar el incentivo de la agresión y por lo tanto tamizar la necesidad de la venganza y enfrentamiento sin fin.

Como Libertaria, estaría profundamente entristecida por la intervención del Gobierno en los foros e Internet, pero me doy cuenta que Internet se ha convertido en una nueva tierra fronteriza, una donde aparentemente hemos descartado nuestra duramente ganada habilidad de “empatizar” entre nosotros y vivir en una armonía relativamente pacífica; si somos incapaces de “jugar limpio” quizás deberíamos aceptar la mano dura de “un padre”.

Traducción de Mercedes