sábado, 14 de marzo de 2009

Caso Haut de la Garenne - En casa para algo malvado

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The Guardian

¿Qué paso realmente en Haut de la Garenne, el hogar infantil de Jersey centro delun escándalo el año pasado? Cathy Scott-Clark y Adrian Levy informan sobre un edificio que todavía alberga muchos secretos oscuros.

Cathy Scott-Clark

Cuánto han debido lamentar los directores de turismo el slogan que eligieron el año pasado: “Suficientemente pequeño para poder conocerlo de verdad, aunque suficientemente grande para sorprender.”

Supuestamente debía marcar una campaña para rejuvenecer el negocio turístico.

En cambio sirvió para poner de relieve un escándalo de abuso infantil que estalló en la isla.

La historia saltó en noviembre de 2007, sin conseguir prácticamente ninguna atención de la prensa. Tras una investigación policial encubierta sobre supuestos malos tratos en el hogar infantil, la policía y el NSPCC en Londres hicieron un llamamiento para que se presentaran los ex residentes. Sobre enero de 2008, se dice que ya habían contactado cientos, denunciando abusos sexuales y físicos, mayoritariamente en Haut de la Garenne, una sombría escuela Victoriana que había, hasta mediados de los 80, servido como el hospicio más importante de Jersey. Pronto, Jersey se vio envuelta en una de las mayores investigaciones policiales sobre abuso infantil conocidas hasta el momento en Gran Bretaña.

¿Cómo iban a enfrentarse a esto la pequeña isla y sus 88.000 residentes? Se enorgullecen de su tradicionalismo y espíritu independiente que los locales definen como el Estilo Jersey. El mantra, reflejando una comunidad cerrada que sabe cómo cuidarse sola, quedó acreditado al transformar el lugar de un resort de cubo y pala burgués que era en los 50 al paraíso fiscal que es hoy. Es tan grande el atractivo de sus bajos impuestos, un régimen no intrusivo, que el nivel de riqueza requerido a sus futuros colonos se ha elevado a niveles estratosféricos: solo aquellos que pueden pagar una residencia de sobre 1 millón de libras y muestran activos de más 20 millones de libras pueden optar. Los pocos afortunados como el corredor Nigel Mansell, el golfista Ian Woosnam, el presentador Alan Whicker y el escritor Jack Higgins, así como cientos de magnates solitarios, han convertido la isla en la tercera comunidad más rica del mundo, después de las Bermudas y Luxemburgo.

Y entonces febrero de 2008 llegó como la primera en la frente. Cualquiera del exterior mirando podía hablar sobre pedofilia. Entonces la policía de Jersey anunció que estaban investigando un asesinato así como denuncias de abusos físicos y sexuales: testigos que dijeron que recordaban haber visto cuerpos de niños en Haut de la Garenne; otros afirmaban haber encontrado huesos enterrados bajo de los cimientos.

Lo que lo hizo peor para aquellos que estaban allí fue que la crisis la había iniciado un forastero, un policía de Irlanda del Norte llamado Lenny Harper, segundo al mando en su fuerza policial, y antítesis del Estilo Jersey. En vez de manejar las malas noticias, Harper tenía a equipos de especialistas forenses excavando en su busca. Cada día, sentados en un muro de granito en el exterior de la casa, Harper entretuvo a la prensa mundial con historia sobre“algo maligno” que había ocurrido allí – Haut de la Garenne había sido un osario virtual. El primer hallazgo fue un trozo de cráneo humano el 23 de febrero. Mientras la investigación progresaba, la cuenta ascendió a “seis o más” cuerpos enterrados bajo la casa.

En agosto del año pasado, Harper se había jubilado, para ser sustituido por un nuevo policía del continente Británico. Más experimentado que Harper, el detective superintendente Mick Gradwell fue un veterano cuyos casos incluían las muertes de los 23 recolectores de berberechos chinos de la Bahía de Morecambe en 2004.

En su primera rueda de prensa, el 12 de noviembre, Gladwell asombró a los reporteros con sus hallazgos: “No había cuerpos, no había niños muertos, ninguna pista creíble de asesinato y ningún sospechoso de asesinato.” Solo tres fragmentos de hueso pudieron ser identificados como humanos, dijo – y datan entre siglo XIV al XVII. Los periódicos corrieron titulares de alegría: “Lenny Harper perdió la cabeza.” Cuando llegamos a Jersey en febrero de 2009, un año después del comienzo de la excavación, era como si Harper y su investigación nunca hubiesen existido.

El sistema de Jersey había triunfado. Uno de los trabajadores sociales más experimentados de la isla expresó un punto de vista que oiríamos muchas veces: “No voy a decir que todos los antiguos alumnos de la casa son unos mentirosos pero algunos se han equivocado (recordado mal),” dijo. “Algunos han exagerado y un pequeño número ha mentido para conseguir dinero.” No había nada malo en la isla. Jersey estaba exculpada. Todo había sido una pifiada.

Nada más lejos de la verdad.

Entre las miles de declaraciones que todavía ocupan las estanterías de la antigua sala de trabajo de Harper, y en el testimonio de los antiguos residentes y trabajadores de Haut de la Grenne y otras institucions a través de Jersey, muchos de los cuales hemos localizado y entrevistado se encuentran enterradas historias desgarradoras.

Durante un periodo de unas tres décadas, residentes de casas de acogida realizaron repetidas denuncias de que estaban siendo objeto de abusos sexuales y físicos. Se produjeron una serie de informes condenatorios, tras las investigaciones confidenciales a estas instituciones, muchas de las cuales fueron desoídos. Se llevaron a cabo pocas prosecuciones.

Es cierto decir que no había cadáveres. Sin embargo, el testimonio ofrece pruebas convincentes de un fallo catastrófico en el seno de los servicios para niños en Jersey que gestionaban un régimen tan punitivo, que preferían encerrar a niños problemáticos que lidiar con ellos en sus propias casas: cuatro veces más niños, proporcionalmente, son encarcelados en Jersey que en su vecino más próximo, Francia. Y lo que les pasó una vez que estaban bajo custodia era algo que el equipo de Harper, si no se hubiesen distraído con conspiraciones de asesinatos, estuvo cerca de descubrir.

Harper chocó con el Estilo Jersey tan pronto como fue nombrado jefe de operaciones de la policía en 2002. Funcionario de carrera, destinado durante unos años en las oficinas y en Jersey quiso volver al trabajo policial de verdad. Resumiéndolo, un antiguo compañero de Jersey nos dijo que Harper “era como un pit bull” que se encontró en una pequeña isla donde la discreción y sutileza se valoraban más que cualquier otra cosa. Los primeros intentos de dejar su huella, incluyeron una limpieza de armas ilegales y el cese de una relación frecuentemente demasiado amistosa entre la policía local y los hombres de negocio, le crearon enemigos al instante. Harper quien ahora vive en Ayrshire, nos dijo: “Empecé a recibir amenazas de muerte. Pero yo había estado en las calles en Irlanda del Norte.”

Su problema más significativo fue reconocer los límites de su poder. Los hombre de Jersey remontan sus orígenes al medieval Ducado de Normandía y pervive una cultura feudal. La isla está dividida en 12 parroquias, cada una gobernada por un connétable o comisario jefe, formando entre ellos una fuerza policial privada de voluntarios, la Honorary Constabulary. Puede sonar como una operación para un pueblo de juguete, pero estos llamados “hobby-bobbies” forman una red de vecinos, amigos y familiares con licencia para arrestar y acusar a compañeros isleños por el poder conferido por la Asamblea Estatal hace 500 años.

La asamblea –formada por los comisarios jefe, sus diputados y 12 senadores electos, muchos de ellos multimillonarios- es supervisada por el agente judicial (bailiff), el funcionario de más alto rango de Jersey, que es nombrado por la Reina, mientras que la tarea de defender la ley y mantener bajo control a los hobby bobbies recae en el fiscal general. Estos dos puestos clave son ocupados actualmente por los hermanos. Sir Philp y Wiliam Bailhache, miembros de una de las familias más antiguas y poderosas de Jersey. Al final de la lista están los 240 funcionarios de los Estados de la Policía de Jersey, impuestos en la isla durante los años 50 pero aun hoy requieren de la autorización del fiscal general Bailhache para acusar a alguien de algo más que una multa de tráfico.

Era un sistema que frustró al recién llegado Lenny Harper, hasta que encontró un aliado en la oficina del fiscal general. Un hombre del lugar que también desconfiaba del Estilo Jersey y le habló a Harper sobre una “Web de abusadores de niños” que él afirmaba se conocían entre ellos. También alegó que la oficina del fiscal general parecía reacia a procesar. Cuando le planteamos esto a William Bailhache, respondió que Harper había sugerido repetidamente que su oficina era “blanda” con el abuso infantil –esto es incierto, dice, al igual que la sugerencia de que él era reacio a procesar. “He firmado muchas prosecuciones de gente acusada por delitos de abuso infantil, algunas de ellas históricas. Varios casos han resultado en importantes sentencias de cárcel.”

Harper recuerda: “Al principio fui cauteloso. Las alegaciones alcanzaban a muchas organizaciones benéficas, incluidos el Sea Cadets y el St. John Ambulance, y había rumores sobre hombres de la nobleza. Un nombre que siempre saltaba era Paul Every, un comandante del Sea Cadets de la isla.” Every también había servido como alto funcionario.

Harper siguió indagando, descubriendo que el nombre de Every había salido a la luz en relación con delitos de pornografía infantil durante la Operación Ore en 1999. A finales de 2004, Harper solicitó una orden de registro para el cuartel general del Sea Cadets. Fue rechazada. Harper contactó entonces directamente con Sea Cadets: “Me ignoraron completamente y se negaron a despedir a Every.” Cuando la Asamblea Estatal, también, se negó a actuar y Harper recibió un mensaje de la oficina del fiscal general diciendo que era reacia a procesar, Harper empezó a sospechar un encubrimiento. Dice, “Lo que hacía las cosas más aterradoras es que algunos de mis propios oficiales estaban en el Sea Cadets.” (En este caso, el fiscal general comenta: “Es absolutamente incierto que yo decidiera no procesar a Every. Es verdad que uno de mis funcionarios dio erróneamente esa impresión al Sr. Harper.”)

Harper presionó, y en enero de 2005 detuvo a Every e incautó su ordenador. En él, la policía pudo recuperar de la caché pornografía infantil y pruebas de que Every había buscado en internet “cadetes del mar desnudos”. Todavía incapaz de persuadir a los Sea Cadets locales a actuar, Harper escribió en agosto de 2005 al Cuartel General de organización nacional para niños en Londres, y finalmente Every fue destituido del puesto. Los meses siguientes, Harper arrestó a Roger James Picton, otro Sea Cadet voluntario; Picton fue encontrado culpable de asalto indecente a una colegiala en febrero de 2006 y Every fue condenado por un delito de pornografía infantil aquel diciembre.

A principios de 2007, convencido de que en la isla operaba una gran red de abusadores y consciente de la categórica negativa de Jersey a introducir un registro de delincuentes sexuales, Harper empezó a revisar las declaraciones hechas por los Sea Cadets que habían alegado un abuso. Descubrió que muchos habían estado al cuidado de la beneficencia, especialmente en Haut de la Garenne. Revisando sus fichas de los servicios sociales, Harper encontró que un miembro de la policía de Jersey del equipo de protección de familia, Brian Carter, había estado allí antes que él. Carter ya no estaba en el cuerpo, pero encontrarlo en la isla fue fácil. Resultó que en 2004 Carter había notado un inusual alto índice de suicidios entre los hombres que habían pasado por Haut de la Garenne. Revisando los registros de 950 ex residentes, descubrió que un número significativo se había quejado de abusos sexuales y físicos, describiendo hechos similares y autores, retrocediendo hasta los años 50. Sorprendentemente, incluso aunque los supervisores de las casas tenían el deber de notificar las quejas, ninguna había sido investigada adecuadamente.

Carter había encontrado víctimas y tomado declaraciones detallando cómo fueron supuestamente maltratados y violados por niños más mayores y el personal, y también por oficiales de Sea Cadet, voluntarios de St. John Ambulance y por lo menos un senador de la Asamblea Estatal. En abril de 2006, Carter entregó el dossier al CID de Jersey. No ocurrió nada.

Sospechando que las alegaciones de delitos contra cientos de niños eran barridos bajo la alfombra, Carter dimitió del cuerpo a finales de 2006. Ahora, Harper alertó a Graham Power, jefe de la policía de Jersey, sobre el dossier. Consternado, Power se puso en contacto con la Asociación de Jefes de Policía que inició una investigación independiente, actualmente manejada por South Yorkshire. En septiembre de 2007, Power dio a Harper vía libre para iniciar una investigación a gran escala sobre abuso infantil, con Carter reempleado como investigador civil. Juntos crearon una sala de incidencias en el cuartel general de la policía de Jersey en Rouge Bouillon, St Heliar. El detective inspector Alison Fossy, otro foráneo, natural de Strathclyde, fue llamado para ayudar a repasar los 4.000 expedientes de los niños.

Las afirmaciones sobre abuso eran abundantes. Haut de la Garenne estaba en el centro; otras asociaciones de niños de la isla también estaban implicadas, incluida la unidad de seguridad llamada Les Chenes y el “hogar” Blanche Piere. Harper ordenó a sus hombres encontrar y entrevistar a cuantas víctimas pudieran –algo que resultó difícil porque varios antiguos residentes del orfanato ya habían hablado con Carter y se decepcionaron cuando todo quedó en nada.

Temiendo que su investigación pudiera venirse abajo, fue cuando Harper se dirigió al público haciendo un llamamiento para que se presentaran testigos, con el respaldo de la NSPCC. “Fui convocado al despacho del Primer Ministro y me dieron una reprimenda,” Harper afirma: “CM Frank Walker me dijo, “Deja de llamar a esa gente víctimas. Aun no está probado. No puedes decir eso. ¿Te das cuenta de que lo que estás haciendo aquí puede hacer caer al gobierno?”. Intentamos contactar con Walker, pero declinó responder.

Una tormenta barrió ahora la isla. Harper recuerda: “La NSPCC abrió una línea de ayuda y los teléfonos se volvieron locos.” Antiguos residentes de Haut hablaron de ser golpeados contra los muros, de haber recibido puñetazos y tortazos. Una víctima de Les Chenes afirmó haber sido golpeado hasta perder el sentido por un miembro del personal, diciéndole a la policía, “El supervisor me puso el pie en el pecho y se puso de pie sobre mí, gritando, “Esto es lo que le hacemos a escoria como tú”. Antiguos niños del orfanato también detallaron abusos sexuales sádicos, con residentes violando a sus compañeros de habitación y los supervisores haciendo lo mismo.

Docenas de potenciales protagonistas salieron a la luz con la nueva investigación, los mismos nombres que ya habían sido identificados por las víctimas en el informe de Carter. Uno de ellos, un ex senador de Jersey, Wilfred Krichefski, que murió en 1974, era conocido como el “Hombre Gordo” entre los residentes de Haut quienes lo acusaron de múltiples violaciones. Otras víctimas de Haut afirmaron haber sido “prestados” a hombres que los llevaban a navegar a aguas internacionales antes de obligarles a practicar sexo – por lo tanto, crímenes cometidos fuera de la jurisdicción de Jersey. Colin Tilbrook, un ex tutor de Haut de la Garenne en los años 60, fue nombrado repetidamente por haber rondado por los pasillos durante la noche con una almohada metida bajo el brazo con la que sofocaba los gritos de los niños que violaba. Los servicios sociales de Jersey nunca habían investigado a Tilbrook, que llegó a obtener a principios de los 70 un trabajo en el continente Británico. Cuando se hicieron públicas las noticias de la investigación de Jersey, la hija adoptiva de Tilbrook, entonces en los 30, se presentó revelando que él la había violado repetidamente cuando era una niña.

Al igual que Krichesfi, Tilbrook estaba muerto, así como otros de los acusados, incluido Jim Thomson, el superintendente de Haut de la Garenne en 1979, que fue acusado repetidas veces de abuso. Fue la vida diaria la que le planteó al equipo de Harper los problemas más difíciles. La lista de aquellos que habían trabajado en los orfanatos incluía al director Tom McKeon, y su diputado Mario Lundy. Ambos fueron interrogados por la policía a principios de este año; ambos niegan vehementemente cualquier acto ilícito.

La investigación recibió un mazazo cuando, en enero de 2008, la ayudante de Harper, Dl Alison Fossey, se marchó al continente a un curso de estrategias de mando. Fossey estaba graduada en leyes y había trabajado en la protección de la infancia durante casi toda su carrera. Ella era una persona detallista, mientras que Harper tenía una aproximación menos diplomática. En su ausencia, la investigación se transformó por morbosas afirmaciones de cuerpos y asesinato. Un informe policial de ese momento afirma, “Entre las víctimas de Haut había unos cuantos que dijeron que los niños habían sido arrastrados de sus camas por la noche gritando y después habían desaparecido.” Un constructor local que había hecho unas reformas en 2003 dijo que él había encontrado lo que pensó que eran huesos de niños y zapatos. Estos objetos habían sido eliminados por el patólogo de Jersey. Harper seguía siendo sospechoso. El 5 de febrero de 2008, voló a Oxford para asesorarse con LGC Forensics, un servicio de escenas del crimen utilizado por las fuerzas de todo Reino Unido.

Dos semanas más tarde, un equipo de LGC acampó en Haut de la Garenne. Un equipo de técnicos con batas blancas esparcidos por el lugar. En el centro estaban dos perros pisteros, Eddie y Keela, que Harper describió como sus “activos caninos”. Fueron los veteranos desplegados en la búsqueda de la desaparecida Madeleine McCann en Portugal, aunque la controversia causada allí debía haber servido como advertencia a Harper. En Portugal, los perros habían rastreado un coche utilizado por Gerry y Kate McCann, dieron la alarma. La policía portuguesa afirmó entonces que los McCann habían asesinado a su hija, cuando lo que los perros había olido en realidad fue la legítima proximidad con la muerte de ambos padres, quienes trabajan en hospitales. (Inciso: Llevo 7 páginas pensando cómo y cuándo iban a destrozar este artículo. Hasta aquí estaba gratamente sorprendida)

En Haut de la Garenne, los perros fueron directos al lugar donde en 2003 el constructor dijo haber encontrado los huesos. Un alto mando de la policía recordaba, “Dieron volteretas en el lugar. Y Harper traspasó el techo.” Al igual que en Portugal, los perros habían olido algo, pero no pudieron diferenciar entre restos antiguos y un asesinato contemporáneo. Pero a las 2 de la tarde del 23 de febrero, dejando de la lado la precaución, Harper convocó una rueda de prensa, diciéndole a los reporteros que la policía creía que había restos parciales de niños enterrados allí.

Durante los meses siguientes, se gastaron 7,5 millones de libras moviendo 100 toneladas de tierra. Durante ese tiempo DI Fossy regresó, había 65 dientes de leche, 165 fragmentos de hueso y dos terrenos delimitados dominando la investigación.

Entretanto la investigación sobre el abuso infantil, que ya había identificado a 160 presuntas víctimas, estaba, afirmó Harper, ganando críticas. Harper fue llamado a la oficina del fiscal general después de que su equipo acusara a un antiguo guardia de Haut por asaltar indecentemente a niñas menores de edad en el hospicio desde 1969 a 1973. William Bailhache exigió que un abogado designado por su oficina fuese introducido en la investigación para estudiar las pruebas antes de realizarse ninguna acusación o detención – algo común en el continente, dice.

La policía envió al abogado los datos de otros cinco sospechosos, que incluían a un ex oficial de policía y dos parejas. Sin saber nada durante dos meses, Harper siguió adelante y detuvo al ex oficial de policía de 50 años el 12 de junio del pasado año. El abogado de la fiscalía general tenía al hombre en la calle al día siguiente, alegando falta de pruebas. Del mismo modo, veto los cargos presentados contra una de las dos parejas. Eso solo dejaba a Jane y Alan Maguire, una pareja que ahora vive en Francia, su caso, tampoco, llegó a ninguna parte.

Bailhache nos dijo: “Sin ninguna duda hubiese sido mucho más fácil para mí personalmente si simplemente hubiese descartado las prosecuciones. Sin embargo, si lo hubiese hecho estaría fallando en mi deber... Los actos por mi parte los cuales sin duda el Sr. Harper interpretó como frustrar una prosecución estaban dirigidos más bien a asegurar que cualquier prosecución que fuese llevada adelante adecuadamente tuviera la mejor garantía de éxito.”

Al final, Harper solo acusó a otras dos personas, ambos secundarios, uno de los cuales, en una terrible ironía, también afirma haber sido una víctima de abuso infantil en Haut de la Garenne en los años 70.

Después de retirarse Lenny Harper en agosto de 2008, y la investigación por asesinato fuese descartada, algunos funcionarios de la isla estaban preocupados de que la investigación sobre los presuntos abusos pudiese venirse abajo también.

La alarma había saltado en 1979, tras la muerte de un bebé de dos años a manos de sus padres adoptivos. Dos años más tarde, unos empleados de los servicios sociales David Lambert y Elizabeth Wilkinson, se preocuparon de que ninguna de las mejoras propuestas se habían puesto en marcha, lo que provocó una inspección en profundidad. Su informe confidencial, observando más detenidamente la sociedad de Jersey, concluía que mientras la isla se estaba reinventando en si misma como una persecución de personajes de la alta sociedad, existía un grupo desatendido afectado por una “alta incidencia de rupturas matrimoniales, excesos con la bebida, alcoholismo y enfermedades psiquiátricas”. Estos problemas se vieron agravados por la mentalidad de una pequeña isla que exigía a todo el mundo “ajustarse a estándares públicos aceptables”.

Los niños se revelaban con pequeñas cosas: tirando basura, blasfemando, no mirando a la policía, haciendo fiestas en la playa. En Jersey, todas estas “ofensas” eran, según Lambert y Wilkinson, frecuentemente motivo suficiente para meter en serios problemas a un niño. Una vez que los niños llamaban la atención de la policía, era casi inevitable que ingresaran en el sistema de hospicios de Jersey. Sin ningún tipo de previsión para que los niños pudieran salir bajo fianza, la mayoría eran encarcelados en prisión preventiva, junto a los niños retirados a sus familias, frecuentemente por una razón como “darle a la madre un descanso”. En este remanso (aguas estancadas) rural, uno de cada 10 niños había estado bajo cuidado de los servicios sociales, un porcentaje mucho mayor que en el continente.

Una vez bajo cuidados, empiezan los problemas de verdad, con internos predadores, algunos con antecedentes penales, instalados en literas con los vulnerables. Los casos casi nunca eran revisados. Lambert y Wilkinson encontraron un grupo de 65 niños, 36 habían permanecido invisibles dentro del sistema durante más de 10 años. Esto era más probable si los padres molestaban un poco, o incluso, en algunos casos, se marchaban de la isla. Uno de los invisibles nos contó cómo había sido encarcelado en Haut de la Garenne por haber sido sarcásticos repetidas veces a los hobby bobies; estuvo internado durante ocho años, dice, sin haber visto nunca a un trabajador social entrenado, tiempo durante el cual afirmó haber sido violado por los adultos así como por otros internos.

En el momento de la visita de Lambert y Wilkinson, Haut era dirigido por el superintendente Jim Thomson. Igual que muchos de los entonces trabajadores del sistema de servicios sociales de Jersey, no tenía ninguna cualificación profesional. Thomson, sería acusado de abuso sexual y físico durante la investigación de Harper en 2008, Lambert y Wilkinson encontraron que había creado un entorno “altamente insatisfactorio” que se centraba en el castigo físico a “niños de entre 10 y 15 años”, algunos de ellos encerrados en celdas transitorias algunas veces durante días. Era una institución oportuna para para los abusadores, especialmente por la noche cuando solo un empleado estaba de servicio para 45 niños que dormían en cuatro alas diferentes. Haut “no era apto” para ninguna de las tareas que tenía encomendadas.”

Nick (no es su nombre real) era un interno en aquel momento. Nos dijo que había sido ingresado a los 11 años, en Haut de la Garenne en “una gran furgoneta blanca con barrotes en las ventanas” después de que su madre lo abandonase en 1975. Dijo: “El dormitorio se encontraba al final de un laberinto de pasillos y consistía en ochos camas de hospital alineadas contra la paredes opuestas. La mayor parte de los niños tenían sobre trece años y habían estado en el hospicio durante años.” Tan pronto llegó recibió una paliza y le robaron sus pertenencias. “Por la noche nunca venían a vigilar. Los niños más pequeños eran atados a sus camas y violados por los mayores.” Él sobrevivió solo porque era un boxeador y siempre le permitían estar con sus padres adoptivos los fines de semana, un momento en que se dice que los adultos venían y abusaban de los niños dejados atrás.

Según el informe de 1981, otros hospicios causaron consternación, también, por sus regímenes punitivos; el peor todos era Blanche Pierre con sus nuevos padres, Jane y “Big Al” Maguire. Pero la magnitud de las acusaciones contra los Maguires no sería debidamente investigada durante otros 18 años. Uno de sus antiguos internos era Dannie Jarman, ahora de 28 años, que fue ingresado en Blanche Pierre cuando le diagnosticaron un cáncer a su madre en 1985, acabando en el hospicio. “No me permitían visitarla”, nos dijo Dannie. “Dos semanas después de su funeral, me dijeron que estaba muerta. Me dijeron repetidamente que mi madre no me había criado bien y que nunca me había querido.” Otros niños más tarde levantaron acusaciones sobre las condiciones extremadamente duras.

Nadie hubiese sabido nada sobre ello si Dannie Jarman no se hubiese emborrachado una noche en 1988 y tirado un ladrillo con la ventana del dormitorio de los Maguire. Cuando los Maguire llamaron a la policía, antiguos internos, incluido Dannie, fueron interrogados. Después de repetir sus acusaciones de abuso, la policía dio la vuelta a la investigación y en su lugar acusó a los Maguire.

El entonces fiscal general, Michael Birt, hoy ayudante del agente judicial (bailiff) de la isla, solicitó asesoramiento de un abogado que sugirió que mientras esta casa “posiblemente pudiera haber sido una de las que estaba dirigida sobre una base Dickeniana, el estricto régimen aplicado por los Maguire no hubiese sido visto como anormal en momentos pre-políticamente correctos. De hecho, es bastante probable que los miembros del jurado tuvieran alguna simpatía hacia las personas que en aras a inculcar un sentido de la disciplina en sus internos amenazasen con lavar la boca del niño con agua y jabón.” El abogado sugirió: “Las pruebas son extremadamente débiles.” Birt, que declinó hacer comentarios cuando contactamos con él, retiró los cargos. Después de una investigación interna, Jane Maguire fue consecuentemente destituida por los servicios sociales de Jersey.

Otra investigación se centró el Victoria College de la élite de Jersey después de que el director de matemáticas fuera encarcelado durante cuatro años en abril de 1999 por abusar indecentemente de una alumna. En su informe, Stephen Sharp, un antiguo jefe de estudios de Buckinghamshire, criticó a los altos funcionarios y gobernadores escolares, que incluido el agente judicial (bailiff) Sir Philip Bailhache, por no haber actuado con rapidez o de manera adecuada. Les había costado 15 años cazar al profesor y Sharp concluyó: “La tramitación de la queja era más acorde con la protección de un miembro del personal y la reputación de la escuela que en salvaguardar los intereses de los alumnos.”

Haut de la Garenne cerró finalmente en 1986, Blanche Pierre en 2001, pero cuando Kathie Bull, una experta británica en conducta infantil, fue llamada al año siguiente para inspeccionar los servicios sociales de la isla, encontró que la situación había empeorado. Se estaban encerrando tantos niños que las instituciones de la isla operaba un sistema de “cama-caliente” para ofrecer servicio a todos ellos, que en el caso de Les Chenes incluía a niños durmiendo en una mesa de billar. Conocían la disciplina en The Pits, un módulo de castigo consistente en cuatro celdas de hormigón desnudas. El sistema judicial de menores de la isla era anticuado y brutal, concluyó Bull, haciendo 50 recomendaciones, incluida la creación de un Ejecutivo Infantil.

Cuatro años más tarde, cuando Simon Bellwood, un trabajador social británico, fue contratado para cerrar Les Chenes y trasladar el módulo de seguridad a un nuevo emplazamiento más adecuado, se asombró de encontrar el antiguo régimen todavía instaurado: “Conocí a niños que estuvieron durante meses, casi desnudos, en desnudos, pabellones de castigo de hormigon.” Cuando hizo públicas sus preocupaciones en 2007 – después de una larga disputa con algunos del antiguo régimen que todavía estaba en un puesto de autoridad – fue destituido; el entonces ministro de sanidad, el senador Stuart Syvret, que había defendido verbalmente a aquellos que presuntamente habían sido abusados, fue votada su salida del despacho por sus “desmedidas y desconsideradas declaraciones en la asamblea”.

Dos años después, el equipo de Mick Gradwell está intentando recoger las partes de la investigación referidas al abuso. Han sido entregados al fiscal general por la policía, expedientes con pruebas contra sospechosos clave y dice que espera tomar una decisión durante las próximas semanas. Bellwood, Syvret y otros mantienen la presión sobre la Asamblea Estatal de Jersey, y presionando al Ministro de Justicia británico Jack Straw para que pida una investigación independiente completa (tema de una audiencia judicial que tendrá lugar en Londres el próximo martes). Pero, muchas de las víctimas de los hospicios de Jersey están convencidas de que nada puede desbancar una clase dirigente que frecuentemente no había visto nada de malo en lo que había sucedido antes y es reacia a aceptar el futuro prescrito por los expertos de los servicios sociales.

Los guardianes del Estilo Jersey siguen creciendo, como la animada Iris Le Feuvre, elegida para la Asamblea Estatal hace casi 20 años, que como presidente del comité de educación supervisó Haut de la Garenne, Les Chenes y Blanche Pierre durante algunas de sus etapas más problemáticas. Ahora retirada, la mujer de 80 años, cuyo marido Eric fue durante años un hobby bobby, vive en la parroquia de St Lawrence. “Que viene la abuela”, grita mientras un sobre excitado spaniel Tibetano ladra en la puerta, mientras nos introduce en su salón. Le Feuvre, que recogió un MBE de Buckingham Palace en 2002, dice de Haut de la Garenne: “Ha sido un negocio terrible. Pero lo siento sobre todo por Villiam y Sir Philip Bailhache. “Han tenido que pasar tanto.”

¿Pero qué pasa con las víctimas? Ella sonríe: “Oh, se ha montado tanto lío. Mi padre siempre usaba el cinturón conmigo. Me hizo muchísimo bien.”


Traducción de Mercedes