viernes, 27 de marzo de 2009

Caso Madeleine McCann - Carteles rotos y vidas destrozadas

El Blog de Joana Morais

Esta mañana, el “Correio da Manhã” informo sobre una presunta retirada de carteles de la más reciente campaña que los McCann han lanzando en la zona de Luz/Lagos; aparentemente los carteles fueron arrancados por los residentes de Praia da Luz menos cooperantes. Unas cuantas horas más tarde, el “Evening Estándard” calificaba esta situación como actos vandálicos, siendo los debates en los foros vivos e intensos.

Personalmente encuentro el tema triste, aunque a la vez interesante, pero realmente tendría que publicar una entrada muy extensa para definir por lo que ha estado pasando Luz, desde aquella desgraciada noche del 3 de mayo de 2007.

El hecho de que existan personas que en la actualidad buscan CUALQUIER tipo de conexión/comparación entre que los locales solo están preocupados por su fuente de ingresos –el turismo- y el respeto o consideración por Madeleine, es ofensivo, cuanto menos. ¿Se supone que estas personas deben sacrificar la supervivencia de sus familias, en nombre de algún tipo de maldición que ha caído sobre el pueblo, el 3 de mayo de 2007? ¿Se espera que estas personas dejen sus vidas, porque parecería indecoroso intentar preservar sus salarios?

Estas personas han hecho TODO lo que han podido, sin que nadie ni siquiera se lo hubiese pedido; cogieron tiempo libre en sus trabajos, pusieron su mayor esfuerzo, su dinero, sus corazones y almas para ayudar a encontrar a Madeleine. Cualquiera que piense de otro modo o bien ha sido alimentado con mucha desinformación por parte de ciertos medios de comunicación, o simplemente es cruel más allá de la comprensión. La gente caminó hasta que les dolieron los pies, buscando en un radio de 15 Km. Alrededor del pueblo. Aquellos que no podía ayudar físicamente, ofrecieron comida y bebida a los que podían, así como a los policías y bomberos que estaban en el lugar. Los policías durmieron en coches, cuando pudieron dormir; a algunos se les ofreció dormir unas cuantas horas en un sofá en casas particulares. La gente de Luz lloró, rezó y se preocuparon hasta enfermar por la pequeña niña a la que ni siquiera conocían, como si fuera su propia hija, sobrina o nieta.

Mientras tanto, en todo el país, la gente estaba desesperada. Durante aquellos primeros días, hubo críticas a los padres, sería falso negarlo, pero el sentimiento general fue “tenemos que encontrar a la pequeña niña antes que cualquier otra cosa”. Encontrar a Madeleine era la única cosa que estaba en la mente de todos, no solo en Luz, sino en todo el Algarve – realmente en todo Portugal, como muchos de los “avistamientos” a lo largo del país atestiguan.

Creo que la mayor parte de vosotros soy conscientes de que yo vivo en Portimão, a unos 30 Km. De Luz. Recuerdo los helicópteros sobrevolando nuestra casa, de camino a Luz o regresando después de la búsqueda diaria. Recuerdo los carteles que fueron puestos en cada escaparate, en cada parada de autobús, en cada estación de tren, salas de espera de los hospitales, entradas de los supermercados… Afortunadamente, nosotros nunca tuvimos que soportar lo que sufrió Luz, con la invasión de periodistas de todas las partes del mundo, en busca de otro “punto de vista humano”. Tampoco tuvimos que sufrir sus escandalosas fiestas noche tras noche – pero esa es otra historia.

Pero incluso a 30 Km de Luz, la preocupación era palpable, omnipresente, ineludible. Madeleine era el tema de todas las conservaciones, en todas partes, en todo momento. Esto puede parecer algo surrealista ahora, con el paso del tiempo distanciándonos de aquellos días, incluso un poco exagerado. Pero en mayo de 2007, parecía que no había nada que no estuviéramos preparados para hacer, incluso si eso implicaba comportarse de una forma exagerada.

Fue precisamente este enorme esfuerzo nacional, este extraordinariamente intenso compromiso de las personas en todo el país –un esfuerzo que nunca a sido realizado por “nuestros” (afortunadamente pocos) niños desaparecidos…- que hizo que lo que vino después fuese mucho más difícil de tragar.

Es fácil culpar el cambio en la perspectiva de las personas en cuanto al caso, a las filtraciones de la PJ, que solo eran publicadas por los medios portugueses. Es fácil culpar de la caída en desgracia de los McCann al Sr. Amaral y su equipo (equipo que incluía policías y expertos británicos), o a la naturaleza humana, porque el “populacho” envidiaba el dinero, fama y buena apariencia de los McCann.

Pero mire otra vez, por favor.

Verá un cuadro muy distinto.

Verá a los presuntamente devastados y desesperados padres, corriendo, jugando al tenis, entreteniendo a sus invitados, posando para los fotógrafos, volando por toda Europa. Los verá sonriendo en los lugares donde las cámaras estaban grabando –y no daban ni los “buenos días” cuando los empleados del supermercado Batista les entregaba la compra en el apartamento. Verá a los medios británicos, bajo las órdenes de los portavoces de los McCann, ridiculizando, insultando y humillando a las mismas personas que lloraron desconsoladamente por Madeleine.

Y cuando el asunto se puso difícil, en lugar de responder las preguntas de la policía, se marcharon de Luz sin decir una palabra. Le volvieron la espalda a aquellos que los habían tratado como si fuesen de su propia familia, a aquellos que les habían ofrecido todo lo que tenían, y aun más.

Algunos dirán que nadie le pidió a los locales que hicieran lo que hicieron. Otros dirán que los McCann no les deben nada a estas personas, que ellos tenían que pensar en su hija desaparecida, en sus otros hijos. Los McCann tenían que proteger a su familia.

Siendo justos. Dios sabe que yo protegería a mi familia con mi vida, si fuese necesario, cualquier puede utilizar tales argumentos.

Pero no puede haber dos varas de medir simplemente porque no va bien.

La gente de Luz está protegiendo a sus familias también. Tienen que ganarse el pan, ellos no tienen un fondo que les pague la hipoteca cuando llegan los tiempos difíciles. No tienen benefactores ricos, no tienen patrocinadores famosos. Todo lo que tienen son sus brazos y piernas para trabajar, día tras día, y ese trabajo simplemente parece ser, para la gran mayoría por lo menos, el turismo.

Incluso si por un momento, dejan de lado los insultos, la arrogancia, la humillación que sufrieron, aun se enfrentarían a una elección muy básica: una campaña de muy dudoso éxito – o la necesidad de restaurar la deteriorada imagen de su pueblo como un destino turístico seguro y familiar.

Finalmente, solo un pensamiento sobre el propósito proclamado de esta campaña: los McCann anuncian que quieren conseguir la ayuda de la gente de Luz, para refrescar sus memorias, para conseguir cualquier información que pudieran tener sobre la pequeña niña y la noche en que desapareció – en la creencia de que la población de Luz podría haber deliberadamente retenido información a la policía.

Creo que en inglés se dice “como añadidura al insulto”.

Siento si esto ofende a alguien, yo definitivamente no condeno la retirada de los carteles en este caso, pero si alguna vez me encuentro con uno, silenciosamente y con calma lo retiraré y los meteré en el cubo de reciclaje. No necesito carteles que me recuerden a una niña desaparecida que no merecía el destino que sufrió.

Ni tampoco los necesitan la gente de Luz.”

Por Astro

Traducción de Mercedes

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