viernes, 17 de abril de 2009

Caso Madeleine McCann - Cuando la mala fe utiliza a los McCann como coartada

Destak.pt

EDITORIAL

La noticia de que los trabajadores del hotel de Praia da Luz se preparan para procesar al matrimonio McCann, alegando que son responsables de su despido, es tan absurda y patológica que solo puede provocar una genuina indignación a quien la lee.

Por lo tanto, no está bien ver que el matrimonio se levantó por la mañana y pensó ¿”qué vamos a hacer hoy?”. De pronto, el padre habría dicho a la madre, “vamos a matar a nuestra hija y escenificar un rapto”. Y la madre, frotándose las manos de alegría: “¡Qué idea tan genial! Ya estaba harta de la playa.”

Entonces van y lo planean todo, matan a su hija, la esconden en un congelador (dónde, cómo y cuándo, nadie lo sabe), contactan con las televisiones extranjeras y se entretuvieron interpretando los papeles protagonistas de la “telenovela que emocionó al mundo”.

Por lo tanto, resulta de hecho más que inmoral la negativa de pagar al Ocean Club y a Praia da Luz, el alquiler del escenario de su largometraje, abandonando a los figurantes a su suerte.



¡¡Francamente, hay gente deshonesta!! Además, la suerte de Qimonda (Inciso: Una empresa que atraviesa una mala situación financiera) no fue debida a ningún matrimonio extranjero que se acordó de escenificar un rapto en la localidad, sino, en vez de hablar de crisis económica, también tenían esta coartada maquiavélica, mucho más atractiva para los periodistas sin una pizca de sentido común.

Aunque si todo esto suena a la más despreciable maldad o idiotez, lo que más enoja, una vez más, es la actitud del ex policía Gonçalo Amaral, apartado del caso y que vio sus “teorías” rechazadas por el tribunal, siendo levantado el estatus de arguido a los padres

Ahora este señor viene a ofrecerse como testigo de los trabajadores, aprovechando una oportunidad de volver a ser el centro de atención y vender unos libros, porque dice que los McCann “contaron una mentira. Ellos saben que Madeleine está muerta y que no había raptores”

Amaral, que dirigió la investigación más cara de Portugal, con cero resultados, disfraza con un “sé que ellos saben”. Cuando la verdad es que quien sigue sin saberlo somos todos nosotros. Quien sigue sin saberlo son los padres, que hasta prueba en contra (¡y el ex inspector no la encontró!), no solo son inocentes sino que son víctimas del más terrible drama humano, la desaparición de un hijo 

Hacer de ellos chivos expiatorios es de la más repugnante crueldad y cobardía

Isabel Stilwell | editorial@destak.pt

© Traducción de Mercedes