domingo, 3 de mayo de 2009

Caso Madeleine McCann – Archivado ¿por qué?

Jornal de Noticias

Alexandra Serôdio, Marisa Rodrigues e Nuno Miguel Maia

Todas las semanas el proceso de la desaparición de Madeleine gana volumen

Desde que fue archivado, el 21 de julio del pasado año, ya hay otros 700 folios con denuncias –identificadas y anónimas- nuevos pretendidos avistamientos e incluso una petición de reapertura de la investigación presentada por un abogado español. Después de todo, son bastantes aquellos que se cuestionan por qué razón se decidió archivar el proceso tan pronto, teniendo en cuenta otros casos, sin una explicación para la extraña desaparición en Praia da Luz, Lagos, Algarve, se cumplen hoy dos años.

¿La persistencia de la necesidad de realizar diligencias viene, o no, a dar la razón a quien defiende que el proceso no debería haber sido archivado? ¿Debería, o no, haberse dado por finalizada la investigación, como si no hubiese nada más que averiguar?

Fuentes próximas al proceso explican a JN que la investigación tutelada por el Fiscal del Ministerio Público de Portimão y por un Fiscal General adjunto situado en la Fiscalía Distrital de Évora, no tuvo otra alternativa más que optar por el archivo a partir del momento en que Pinto Monteiro, Fiscal General de la Repúblico, dijo públicamente que, en un determinado plazo, el “caso Maddie” debería tener “una solución”.

Y que, ante lo datos existentes en el proceso, la decisión, en la fecha en que ocurrió, solo podía ser el archivo. Este resultado, sugieren fuentes próximas al caso –como el ex coordinador de la PJ, Gonçalo Amaral-, puede ser entendido como una forma de exculpar al matrimonio Kate y Gerry McCann así como a Robert Murat (primer arguido constituido por la Judiciaria), en un contexto de tensión en las relaciones diplomáticas entre Portugal e Inglaterra.

Para varios de los intervinientes, el fin del plazo máximo en que el proceso podría mantenerse bajo secreto de sumario, no impedía, por si mismo, que la investigación, por iniciativa propia, continuase explorando nuevos caminos e hipótesis de resolución del caso. Además, otras investigaciones de desapariciones de niños se mantienen abiertas durante años y años. Ejemplo es el caso Rui Pedro Teixeira Mendonça, de Paredes. Tuvo lugar hace 11 años (el 4 de marzo de 1998) y solo muy recientemente fue sugerida la posibilidad del archivo, por parte del Ministerio Público, después de años de diligencias en el extranjero. Aun así, no existe despacho final. “Las investigaciones continúan en marcha. El caso no está cerrado”, confirma a JN, Ricardo Sá Fernandes, abogado de la familia de Rui, que hoy tendría 22 años.

Hay, mientras tanto, quien considera totalmente irrelevante el archivo de la investigación de un crimen en casos de personas desaparecidas. Ya que, subraya a JN, un reputado especialista en el fenómeno de la desaparición de niños, un archivo no tiene, ante el actual código penal, el significado de “muerte” del proceso. Esto quiere decir que cualquier hecho nuevo que invalide los argumentos del archivo es suficiente para provocar una reapertura de la investigación.

Para el mismo interlocutor, es más importante que continúe búsqueda de los desaparecidos, manteniéndose los procedimientos habituales de divulgación. Esto porque, para la investigación de desaparecidos, no es necesaria ni obligatoria la apertura formal de la investigación, una vez que, en términos generales la desaparición de una persona no siempre es motivada por un crimen. Ilustrativo de esta realidad es el hecho de que, ante cerca de 700 desapariciones de personas registradas anualmente por las autoridades en Portugal, no se registra el mismo número de procesos.

En estas circunstancias, no es de extrañar el archivo del caso Maddie. “La investigación debe continuar mientras haya diligencias por efectuar. Si no hubiera nada más útil por hacer, no hay necesidad de mantener la investigación abierta. Si surgieran nuevas pruebas, se reabre”. Pero, lo que puede ser cuestionado es si, pasados dos años, una investigación es capaz de mantener el mismo vigor del principio. Y en este caso, explica la misma fuente, la respuesta puede ser negativa.

En un contexto de manutención de los medios de divulgación de peticiones de información por parte de las autoridades policiales, sería importante, al pasar los años, la “actualización de la imagen” de Madeleine McCann. Esta preocupación se ha planteado en algunos casos de relevancia mediática – no en todos.

Hay, todavía, un dato que puede en este momento haberse tenido base. A partir del momento en que el caso fue archivado, el Ministerio Público y la Policía Judiciaria dejan de tener iniciativa propia y de salir en busca de nuevas pistas y rumbos. Por el contrario, pasa por esperar que las pistas aparezcan, por el impulso e iniciativa exterior.

De una actitud activa, se pasa a una postura pasiva. De la búsqueda se pasa a la espera. O sea, las autoridades consideran que no se justifica el empleo de más recursos o plantear otras formas de investigación y forma de abordar el caso.

Al igual que cuando en la fase más álgida de la investigación alguien –concretamente los investigadores ingleses- decidieron traer a los perros “Eddie” y “Keela” para investigar, en lugares estratégicos, olor a cadáver y vestigios de sangre u otros fluidos biológicos.

O cuando el Ministerio Púbico requirió al juez de instrucción penal que, además de los datos del tráfico y facturación detallada de los móviles utilizados por el grupo de nueve ingleses de determinados días, que se solicitase a las operadoras de telefonía la puesta a disposición del contenido de los mensajes cortos (SMS) enviados y recibidos por aquellas personas durante los días más críticos.

En el primer caso, la venida de los animales trajo un nuevo impulso al caso. Se descubrieron “marcas” de olor a cadáver en la habitación del matrimonio, detrás de un sofá junto a la ventana en la sala de estar del apartamento, en prendas de ropa de la madre de Madeleine y –extrañamente- en el maletero de un coche alquilado por el matrimonio más de 20 días después de la desaparición. Y además vestigios biológicos esencialmente en los mismos lugares, que, en el informe final de un reputado laboratorio forense británico, acabaron por revelarse inconcluyentes, tanto en cuanto a la identificación rigurosa de Madeleine, como en cuanto a la duda sobre qué tipo de fluidos se trataba. Además, está el hecho de que la señalización de los perros no puede, por si mismo, constituir una prueba.

En el segundo caso, el juez Pedro Frias acabó por denegar el acceso a los mensajes escritos, por considerar que, en la práctica, estaría permitiendo una interceptación telefónica con efecto retroactivo de una fecha en la que no había una autorización judicial. La decisión fue ratificada por los jueces del Tribunal de Apelaciones de Évora, habiéndose inviabilizado el conocimiento del contenido de esa información, que podría revelarse importante para la investigación.

Estando el proceso archivado, cualquier iniciativa de este tipo solo sería posible si el caso fuese reabierto en el marco de una iniciativa externa que lo justifique. Lo que, hasta ahora, no ha sido el caso.

Cuando se archivó, el proceso tenía 17 volúmenes principales y varios anexos. Hoy, casi un año desde el archivo del caso –y dos años después del día en que la niña inglesa fue vista por última vez-, los autos tienen otro dos volúmenes y dos anexos, los que significa casi 700 folios más. En total, los autos principales (excluidos los anexos) tienen más de cinco mil páginas.

Cada vez que llega nueva información a la Policía Judiciaria o a la Fiscalía General de la República, el expediente va a parar a manos de uno de los principales investigadores del caso. Ricardo Paiva procede entonces a las averiguaciones consideradas pertinentes, envía mensajes de correo electrónico a las autoridades policiales extranjeras y, como siempre, tiene que elaborar un informe dirigido al fiscal de República de Portimão, Magalhães de Menezes, asegurando que no se había aportado nada nuevo caso. Por lo que pudo saber JN, este magistrado guarda, aun hoy, dos volúmenes del proceso en su despacho.

Varias denuncias relatan que Maddie ya habría sido vista en Minas Gerais (Brasil) en Córcega (Italia), en Suecia, Polonia o en Méjico. Hay, incluso, una vidente de Ámsterdam (Holanda) que afirma que la niña inglesa introdujo un bolígrafo en una toma de corriente del apartamento del Ocean Club, en Praia da Luz, Lagos, y que acabó muriendo electrocutada. Después, fue metida en un contenedor a un kilómetro del lugar. Para los investigadores, después de realizadas las diligencias sumariales, nada de esto tiene consistencia.

Contradictores aparentes en cuanto a la investigación y supuestas “presiones”, por parte de los gobiernos portugués e inglés, hay un aspecto en que el ex director nacional de la PJ, Alípio Ribeiro, y el ex coordinador de la investigación, Gonçalo Amaral, están, curiosamente, de acuerdo. Aquellos dos protagonistas del caso ya asumieron que el archivo fue prematuro, para estar todo aun por esclarecer. Pero, incluso con el proceso archivado, ¿se sabrá algún día lo que sucedió realmente?

Traducción de Mercedes

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