sábado, 17 de octubre de 2009

Caso Madeleine McCann - The Cracked Mirror II



Cuentos de policía

Publicado el 19 de agosto de 2009

Recayó en la Guardia Nacional Republicana (GNR) responder a las llamadas de socorro de Praia da Luz. La GNR es la gendarmería del Estado portugués, copiada inicialmente del modelo francés, su papel es el de policía general y el mantenimiento de la ley y el orden, no la investigación criminal. Antes de 2007 su reputación internacional era totalmente anónima y sin controversia, debido quizás a la relativa naturaleza de respeto hacia la ley del pueblo portugués, tanto policías como vigilados, más que cualquier cualidad especial de la GNR. En lo que se refiere a los extranjeros, las meras pruebas sugirieron que ellos encontraron a estos gendarmes, a pesar de su sueldo relativamente bajo, bastante más amigables y fiables que sus vecinos españoles, con algunas historias nimias, aunque turbias, de explotación de extranjeros que continúan dañando la reputación de sus homólogos españoles. Al igual que cualquier fuerza policial de la Unión Europea durante muchos años se fueron acercando cada vez más estrechamente a la normativa policial de la red europea.


El oficial José María Batista R. de la GNR y su colega Nelson da Costa se encontraban patrullando cerca de Odiaxere la noche del 3 de mayo. Trabajando fuera de la comisaría de la GNR de Lagos bajo órdenes del sargento Antonio Da Duarte C. ambos eran hombre experimentados con décadas de servicio entre ambos. El mensaje de radio que recibieron desde Lagos les ordenó dirigirse a Praia da Luz para investigar una denuncia sobre la desaparición de una niña. Se recibió un mensaje posterior mientras ellos estaban de camino: ahora se había denunciado a Lagos que la niña era muy pequeña y que existía una seria preocupación por su seguridad. Procedan con máxima urgencia.

Su sirena anunciaba su llegada sobre las 23h00. Rápidamente se hicieron camino a través de la recepción principal del Ocean Club. Allí los recibió un empleado de Mark Warner con habilidad en idiomas, M/S Sylvia Batista, y un angustiado –se tiró de rodillas ante los oficiales- Gerry McCann, que había salido del apartamento para reunirse con ellos. Los dos policías, el Sr. McCann, otro miembro del grupo Tapas y Silvia Batista –para traducir- se dirigieron al apartamento 5A, donde esperaba Kate, intentaron averiguar lo que se suponía había ocurrido.

No fue fácil. Tanto Gerry McCann como algunos de los Tapas ayudando a controlar a la bulliciosa multitud que se encontraba en el apartamento hablaron sobre la desaparición como un posible secuestro pero ninguno de ellos dio información clara de cómo habían llegado ellos a esa conclusión tan pronto, o qué pruebas había que lo sugiriera. La opinión de los Tapas era, por supuesto, básicamente inútil ya que ninguno de ellos tenía información de primera mano de las circunstancias de la desaparición de la niña; el único testigo de primera mano del estado de apartamento a las 22h00 era Kate McCann.

Kate McCann no dijo nada. Lo que hubiera llorado o gritado a sus amigos y familiares sobre persianas, intrusiones y la seguridad de un secuestro no lo compartió con el oficial Roque. En vez de eso Gerry McCann, aparentemente todavía en estado de shock y por veces poco coherente, habló de una ventana abierta y persiana levantada en la habitación de los niños pero, crucialmente, según los informes de la policía, no hicieron ninguna referencia de que habían sido forzadas. En medio de toda esta confusión, con Sylvia Batista traduciendo meramente que Gerry McCann “sugería” un posible secuestro, en presencia de personas asustadas y agitadas en la habitación con él y con los gritos de la gente que buscaba en la calle en sus oídos, el oficial Roque empezó por el principio y registró el apartamento.

No encontró nada que sugiriera que ese apartamento 5A era en realidad una escena del crimen. Lejos de haber sido perturbado de alguna manera los gemelos todavía dormían profundamente; no había pruebas de una entrada forzada; ni siquiera había señales de una mínima lucha que pudiera haber ofrecido la niña, mucho menos muebles desplazados, pruebas de una lesión o uso de la fuerza, y, por supuesto, no había rastro visible de un intruso. Roque informó factualmente sobre su búsqueda: “No encontré nada extraño en el apartamento.”

Con una salvedad. Roque añadió que la ropa de la cama de Madeleine “estaba demasiado ordenada.” Parecía, informó, “que había sido extraída, o había salido de la cama, con gran cuidado. No había ninguna señal en las sábanas que parecieran haber sido hechas por el cuerpo de la niña.

Lo que dedujo exactamente Roque por el hecho de que esta ropa de cama estuviera “demasiado ordenada” no lo dijo pero –y aquí podemos leer algo entre líneas en su declaración de los hechos, quizás, el instinto de un experimentado policía- daba la impresión de estar preocupado de algún modo por los padres. Naturalmente estaban “nerviosos y ansiosos,” dijo, pero por veces encontró su conducta “inusual”, añadiendo que, en un punto, ambos se arrodillaron en el suelo de su dormitorio, con la frente sobre la cama, llorando, aunque no había lágrimas. Claramente todo el escenario no consiguió formar un cuadro consistente.

¿Qué pasa con esa persiana y ventana “forzada” a través de la cual pudo haber entrado el secuestrador? Apenas aparecen en absoluto en el primer informe del oficial Roque, ya que no se había dicho casi nada sobre ellas y él no había visto nada que sugiriera que habían sido manipuladas. Mucho más tarde, cuando se suscitaron las sospechas de los investigadores sobre la versión de los hechos de los padres, él fue explícitamente preguntado sobre la ventana del dormitorio por sus superiores. Como respuesta dijo que solo recordaba que la ventana de la habitación de la niña estaba cerrada, con la persiana exterior levantada “el ancho de una mano.” El oficial Roque sabía que tal espacio no podía haber sido ocasionado desde el exterior ya que, tal como explicaremos después, estas persiana solo podían ser levantadas desde el interior. Él no recordaba nada sobre las cortinas y meramente reiteró que Gerry McCann, no la virtualmente silenciosa Kate, había indicado a través de la intérprete que “la ventana y la persiana” estaban abiertas cuando se descubrió la desaparición.

La persiana que el oficial Roque vio es de un tipo no visto normalmente en Reino Unido. Están compuestas de láminas metálicas perforadas que forman un rollo en una caja sobre la ventana y se manejan con una correa vertical, igual que el cinturón de seguridad de un coche, que está situada en el lateral de la ventana sobre la pared. Para levantarlas tienes que tirar de la correa y para bajarlas tienes que soltar la correa que, a través de un sistema de trinquete, permite que se desenrollen y caigan totalmente extendidas en la parte exterior del edificio.

Estas persianas cuentan con dos dispositivos de seguridad importantes. Para empezar siempre están diseñadas para encajar totalmente con la parte exterior de la ventana y descienden hasta el alfeizar. Esto asegura que los intrusos no puedan meter los dedos por debajo de la persiana para levantarlas: primer deben insertar un objeto, y destornillador por ejemplo, o un cuchillo para empezar a levantarlas, en el anticuado y colorido lenguaje ratero, una “palanqueta”.

En segundo lugar el sistema de trinquete significa que mientras que la persiana puede ser levantada no puede enrollarse desde el exterior ya que el sistema de seguridad permanece en la posición de bloqueado hasta que se suelta tirando de la correa interior. Intentar levantarla desde el exterior, por lo tanto, resulta pesado, difícil de manejar ya que la pesada persiana metálica no se mantiene abierta salvo que pongas algo entre la persiana y el alfeizar que la mantenga levantada. No se descubrió ninguna evidencia de que hubiese sido forzada ni fue encontrada ninguna herramienta, ni en aquel momento ni después, y el oficial Roque pudo comprobar que no había ninguna distorsión o señal de fuerza en la persiana: había sido abierta desde el interior. Tampoco se encontró nunca ninguna prueba de que la ventana en sí misma hubiera sido forzada.

Roque informó después bastante honestamente que en su opinión no había existido un secuestro, aunque no declaró si basaba su punto de vista puramente en la ausencia de pruebas de la existencia de un intruso.

No era el único. Su colega, el oficial da Costa, redactó un informe similar. Después del encuentro en la recepción, dijo, registró el apartamento con su colega, abriendo todos los armarios de los dormitorios, la sala de estar y la cocina, mirando debajo de las camas y en el frigorífico. No vio nada extraño durante este registro, informó, y no había señales de una entrada con fuerza.

De hecho, a diferencia del oficial Roque, él ni siquiera pudo recordar al padre mencionando un secuestro y solo comenta que recuerda a Kate McCann haciendo un lacrimógeno requerimiento pidiendo más policías. Así, un segundo oficial hizo su investigación sin una sola palabra de la testigo principal, Kate McCann, sobre lo que había visto a las 22h00.

El oficial Roque registró el exterior del apartamento mientras que da Costa permaneció en el interior o en la puerta. Fue entonces, informó, cuando una mujer, evidentemente Jane Tanner aunque el oficial no la identificó, le contó que antes ella había visto a alguien transportando a una criatura “corriendo”. Por el pijama que llevaba puesta la criatura, dijo ella, podía tratarse de Madeleine McCann. Solo entonces, dijo el oficial da Costa, “se empezó a hablar” de un secuestro.

Su respuesta a Jane Tanner fue de escepticismo. Si ella había sido capaz de ver el dibujo del pijama de la criatura, razonó, entonces tiene que haber existido buena luz. Así que le preguntó sobre algo mucho más importante como era la cuestión de cómo era la persona que llevaba a la criatura. Ella no pudo decírselo, contestó Jane Tanner, ya que estaba “muy oscuro”. No, informó él, consideró el “avistamiento” creíble.

El oficial da Costa declaró que él ni vio ni oyó ninguna prueba que le hiciera creer que había tenido lugar un secuestro; su opinión personal, de la que informó era que “no parecía un secuestro, sino más bien una desaparición normal donde la criatura había salido por su propio pie.” Nuevamente la impresión dada es que las cosas no encajaban a ojos de un experimentado policía. Lo que más le chocó, y encontró “extraño” fue que los gemelos no se despertaron en ningún momento, a pesar del considerable ruido existente en el apartamento.

Sobre las 23h15, solo unos quince minutos después de su llegada, Roque contactó con la comisaría de Lagos y habló con su superior el sargento da Duarte, otro veterano con 25 años de servicio. A pesar de sus dudas y reservas dio al sargento una narración breve y relativamente objetiva de los hechos, incluyendo que el padre “había planteado la teoría” de que podía tratarse de un secuestro y mencionó que la persiana podía haber sido levantada. Sin ningún rastro de la niña y sin pistas que indicaran que hubiera salido sola, ahora Duarte dijo al oficial que preservara el apartamento como una escena del crimen y que esperara con su compañero a que él llegara al lugar. En ese momento salió hacia Praia da Luz.

Llegó al Ocean Club solo una hora después de la llegada de sus compañeros. En este momento la charla sobre “el secuestro” se había fortalecido entre el grupo de británicos. El sargento Da Duarte fue informado inmediatamente por Silvia Batista que el grupo describía ahora firmemente el suceso como un secuestro con Gerry McCann –ni histérico ni tirado por el suelo del apartamento- uniéndose a ella para enfatizar el punto. No solo eso, añadió Silvia Batista, sino que el grupo de turistas habían imprimido fotografías de la niña y ya habían contactado con los medios de comunicación para informarles sobre un “secuestro”.

¿Contactando con los medios de comunicación a medianoche? (Inciso: Incluso antes, no olvidemos que el primer artículo fue publicado a las 00h01 del 4 mayo, claramente un artículo que estaba preparado con anterioridad) Pero el discurso, según amigos y familiares, fue que los medios de comunicación no fueron contactados hasta que se habían hecho evidentes los errores de la investigación y los padres fueron dejados solos y sin apoyo sin que “nadie estuviera haciendo nada” a las 4h30. Es difícil ver una causa real de insatisfacción con la policía tan pronto – policía que estaba haciendo todo lo que podían para encontrar a su hija.

¿Qué insatisfacción podía existir a esa hora? La idea de que la búsqueda podía ser transferida inmediatamente de la jurisdicción local a una búsqueda de secuestradores lejanos con toda esa parafernalia de fronteras cerradas y todo lo demás era simplemente extravagante, tanto en ese momento como en retrospectiva. Dejando aparte que no había una descripción de un vehículo o sospechoso para alertar a la policía extranjera y, de hecho, absolutamente nada que sugiriera un secuestro salvo las habladurías de un pálpito del grupo Tapas, ¿cómo podrían haber sido traslados los recursos desde Praia da Luz sin poner en riesgo el destino de la niña?

La imperiosa necesidad era agotar todas las vías locales por si la niña estaba atrapada en alguna parte en la oscuridad, quizás en un barranco, o herida al pie de una escalera de piedra, posiblemente con una rápida pérdida de sangre. Y eso es lo que la policía, aunque muy atentos de los demás, hizo.

El sargento Duarte, al igual que los otros dos oficiales, no pudo encontrar nada, literalmente nada, que indicara que se había producido un secuestro. Una vez más Kate McCann no se dirigió al sargento para contarle lo que había visto. Aun así, después de llevar a cabo una investigación más profunda, contactó con el cuartel general pidiendo que enviaran inmediatamente más oficiales al lugar, llamó a equipo canino más cercano disponible y contactó con la policía de investigación criminal, la PJ, de Portimão.

A partir de este momento el esfuerzo de la búsqueda y la investigación se hizo paso rápidamente. Los refuerzos solicitados por el sargento Duarte a la GNR llegaron rápidamente, sobre las 00h40, al igual que lo hizo el Inspector Pimental de la PJ junto a un oficial experto en escenas de crimen. A pesar de la continua ausencia de ninguna prueba sólida que indicara que el apartamento 5A era la ubicación de un delito, algo más que una mera vivienda temporal de la niña, el apartamento fue despejado, los gemelos finalmente trasladados –aun inconscientes- y la familia alojada en habitaciones alternativas para que pudiera realizarse una inspección forense.

Los padres, informó el inspector, “parecían bastante cansados y angustiados,” particularmente la madre. No solo angustiados, sino silenciosos. Por cuarta vez aquella noche Kate McCann, el único testigo de valor, no se presentó para contarle a la policía –esta vez en la persona de un investigador criminal- lo que había visto. Una vez más la historia de la persiana forzada y las pruebas que hicieron que ella estuviera “segura” que un secuestro, no una desaparición, había tenido lugar – pruebas que Kate McCann dijo después que había dado a la policía portuguesa pero que no podía describir en público – una vez más, su historia quedó sin contar.

Después de haber aislado el lugar el inspector examinó el apartamento con el especialista Barreiras. Ambos fueron críticos por “la entrada libre” que se había permitido en el apartamento antes de su llegada, debido al error de los oficiales de la GNR al no asegurar el lugar. Se hicieron fotografías y se tomaron declaraciones, se tomaron huellas del interior de la ventana del dormitorio. Mientras los oficiales de la GNR permanecían en el lugar para mantener el apartamento aislado los perros pisteros empezaron a buscar en los alrededores sobre las 2h30. A lo largo de la noche los refuerzos siguientes la búsqueda en las calles, jardines y garajes, a esta hora también se había empezado a detener vehículos para examinarlos. Entre las 2 y las 2h30 el cuartel general de la policía de Portimão, después de que contactar con los oficiales de la PJ que se encontraban en la escena, contactaron con Faro para asegurarse que los vuelos que partieran del aeropuerto fuesen monitorizados mientras que la GNR de Lago recibió la orden de seguir controlando los coches en busca de la niña.

Al amanecer el Inspector Jefe Tavares de Almeida del Departamento de Investigación Criminal de Portimão, después de abandonar sus planes de vacaciones, empezó a considerar ampliar la investigación. La primera fase de la búsqueda de Madeleine McCann había finalizado y era hora de aguantar la respiración. Fue sobre esa hora, entre las 4h30 y las 7h00, cuando la búsqueda local fue temporalmente suspendida, con solo tres oficiales continuando con el hasta ese momento infructífero esfuerzo mientras sus compañeros malamente conseguían un poco de descanso. Este fue el período que los McCann describieron como una hora en la que “nadie hacía nada,” cuando, en palabras de Kate McCann la investigación tenía la urgencia de una “búsqueda de un perro desaparecido” – podría pensarse, que los comentarios eran una mala recompensa para el esfuerzo que los portugueses habían hecho a lo largo de la noche para encontrar a la hija de estos extranjeros en su tierra.

También fue el período que finalmente llevó a la pareja a la desesperación, ninguno de los cuales, por supuesto, podía haber sido consciente de la dimensión total o deficiencias de la búsqueda - ¿cómo podían haberlo sabido? – para llamar a todos los medios de comunicación extranjeros y pedir ayuda política a través de sus amigos y familiares.

Al menos eso es lo que nos dice el discurso.

Por lo que hemos visto anteriormente está claro que el “discurso”, construido por los padres y sus amigos, no se ajusta a los hechos tal como fueron informados por la policía. Los padres y el grupo había, a pesar de sus constantes negativas, de hecho, contactado con los medios de comunicación, en la figura de Sky News, mucho antes de que hubiera cualquier prueba de deficiencias en la investigación, probablemente al poco de haber contactado con la policía, tal como finalmente admitió el grupo en los interrogatorios llevados a cabo en Reino Unido en abril de 2008; Kate McCann no mostró a la policía las supuestas pruebas que “hacían obvio” que tenía que ser un secuestro; sorprendentemente, no le dijo a ninguno de los policías lo que había visto, ni a la GNR ni a los oficiales de investigación criminal, a pesar de sus frenéticas llamadas de teléfono a lo largo de la noche con la repetida e insistente afirmación de la entrada forzada. Por todas estas pruebas queda clara la estrategia de contactar con los medios de comunicación y políticos británicos, por el motivo que sea, no fue el resultado de su respuesta a los actos de la policía y sus errores, sino antes. El “discurso” queda bastante claro, por la razón que sea y permitiéndolo todo por la situación en la que se encontraban los padres, es una invención.

Muchas hectáreas de papel han sido impresas cubiertas de críticas e insultos despectivos dirigidos a la investigación portuguesa y contra oficiales de policía decentes y bien intencionados que participaron en la búsqueda aquella primera noche. Quizás, a la luz de lo que cuentan los policías es mejor dar un paso atrás, respirar profundamente y considerar la explicación más simple y mejor fundamentada del porqué la policía “no aisló la escena del crimen” o “amplió la búsqueda” inmediatamente.

No lo hicieron porque ninguno de ellos, a pesar de sus esfuerzos, encontró jamás nada que sugiriera que había tenido lugar un secuestro, o tan siquiera que existiera la posibilidad. Y, casi con toda certeza, estaban en lo cierto: nunca hubo ninguna prueba de un secuestro que encontrar.

© Traducción de Mercedes