domingo, 1 de febrero de 2009

Caso Freeport - “Sócrates no está por encima de la ley. Pero tampoco está por debajo para ser juzgado y asesinado en la plaza pública”

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Correio da Manhã

Freeport

He seguido el caso Freeport con la sensación de que es una mezcla de vómito y de nausea. No sé si es una oscura campaña. Pero es una campaña histérica que, una vez más, pone a los periodistas nerviosos, donde los periodistas comentan lo que escriben los demás periodistas, donde muchas noticias contradicen a muchas otras, donde en el panorama de mentalidad servil y obediente, heredada del tiempo de todas la sumisiones, lo que viene de Inglaterra es bueno, aquello que se hace aquí, no vale, donde el odio, especulación, vanidad personal, con una gran combinación de ignorancia, llega al de arriba, de eso no tengo duda. Se mezcla la política y los posibles delitos de corrupción, e interminables debates, más sustentados en la discusión banal que en un análisis serio, están provocando terribles daños en este pobre país masacrado por tantos daños, por tantas crisis, por tanta ignorancia diplomada.

Leyendo lo que se lee en varios formatos, oyendo lo que se dice, entiendo mejor a la procuradora Cándida Almeida, posiblemente la única voz serena y firme que se ha escuchado, pero que fue rápidamente anulada en el murmullo de la tempestad. La investigación criminal no es compatible como “se dice” con la especulación sobre coincidencias de aprobación de este o aquel proyecto, con la excitación en torno a las declaraciones de un tío. Son meros indicios. Lo que importa, desde una perspectiva penal, es saber si determinado político recibió dinero, u otros favores, para realizar un determinado fin. Si recibió, quién se lo pagó. Cómo pago. Dónde pago. Si recibió, dónde está el dinero. Quién lo entregó, Quien vio cómo lo entregaban. Dónde lo entregó. Cuándo lo entregó. Lo que importa es demostrar, documentalmente y/o testimonialmente, que tal persona lo recibió. Establecer aquello que es la esencia del proceso penal: el nexo de causalidad entre el delito y el criminal.

Hasta el momento, lo que sabemos a ciencia cierta es que un tal Smith le habría sacado unos millones a sus compatriotas, diciéndoles que era para pagar a A, a B y a C. Dice él. O lo habría dicho. No sé. Solo demuestra que Smith consiguió, o intentó conseguir, grandes cantidades. En cuanto a la segunda fase de la operación, estamos a cero. Ni una pista. Ni una prueba. Ni siquiera una coincidencia entre decretos leyes y elecciones son prueba de nada. Nos queda el Carnaval de los debates, de la política mezquina de la más vergonzosa variedad, mientras se hunde la imagen de Sócrates en medio de este vómito. No está por encima de la ley. Y debe ser investigado. Pero tampoco está por debajo de ella para, como ha sucedido en otros casos, ser juzgado y asesinado en la plaza pública.

Francisco Moita Flores, Profesor universitario

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Traducción de Mercedes